domingo, 24 de junio de 2018
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< ver número completo: Nacionalismo y extrema derecha (I)
Luis Moreno

​¿Una Europa sin naciones-Estado?

Profesor de investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

La Europeización apunta a la integración de sus naciones-Estado en favor de la unión política continental. Tal fue la intención de los padres de la Unión Europea (UE), recogida en el propio preámbulo del constitutivo Tratado de Roma de 1957, al aspirar a “una unión sin cesar más estrecha entre los países europeos”. La europeización implica una confluencia de recursos, representaciones sociales y acciones entre los países de la UE con el propósito de una avenencia política respetuosa de la diversidad cultural interna. A los 28 Estados miembros que componían la UE en 2014, habría que restar uno si se confirma el 29 de marzo de 2019 como fecha de la salida formal del Brexit del Reino Unido.


Europa mapa


Hay otros solicitantes formales o expectantes de su inclusión en el proyecto de unidad política europea. Son cinco los candidatos “oficiale”’ que han solicitado su adhesión a la UE: Albania (2014), Macedonia (2004), Montenegro (2008), Serbia (2009) y Turquía (1987). Bosnia y Herzegovina firmó en 2007 el Acuerdo de Estabilización y Asociación, el cual suele preceder a la aceptación de la solicitud de plena adhesión. A Kosovo, cuya independencia no es reconocida por cinco miembros de la UE (entre ellos España), se le considera un candidato potencial. Recuérdese que Noruega (1972, 1994) y Suiza (1994, 2001) rechazaron en referéndum su incorporación a la CEE-UE. Ambos países, junto a Liechtenstein e Islandia participan -con excepciones- en el mercado único de la UE, así como en el espacio Schengen.


EUROPA INGOBERNABLE


A propósito de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) en Cataluña, Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, se manifestó desfavorable a la secesión catalana en base a un argumento -ni único ni exclusivo- de carácter cuantitativo. Según Juncker, Europa sería ingobernable con un amplio número de estados miembros de la UE. Ello sucedería si con la constitución de la República catalana se desatase un “efecto dominó” con una generalización de procesos soberanistas de comunidades territoriales sub-estatales en el Viejo Continente, algunas de las cuales se consideran tan naciones-estado como, por ejemplo, Malta (450.000 habitantes), Chipre (1,2 millones) o Estonia (1,3 millones), países que son miembros de pleno de derecho de la UE.


Según Juncker, si ya es difícil el funcionamiento actual con 28 miembros, el gobierno comunitario sería imposible con 98 potenciales miembros. 


Esta última cifra es la correspondiente al número de regiones listadas como NUTS-1, es decir de aquéllas de primer nivel dentro de los estados según EUROSTAT, la agencia estadística europea. Pero no crean lo lectores que el número de 98 NUTS-1 responde a los potenciales miembros de la UE que podrían desgajarse de sus respectivos estados y constituirse en nuevos países miembros de la UE. En realidad, los NUTS-1 son agrupaciones de regiones, como así se clasifican a los 7 NUTS-1 españoles (Noroeste. Noreste, Comunidad de Madrid, Centro, Este, Sur y Canarias). Las 17 Comunidades Autónomas, más Ceuta y Melilla, son etiquetadas como NUTS-2. La cifra mencionada por Juncker, por tanto, bien podría incrementarse hipotéticamente hasta las 276 NUTS-2 que existen en la UE ¿Se imaginan una Unión atomizada en tantas entidades territoriales, mucha de las cuales hasta podrían aspirar a ejercer su derecho “soberano” de veto a las decisiones comunitarias?


Debe recordarse que distintos tipos de nacionalismo (con-Estado y sin-Estado) comparten su aversión a ceder poder a las instituciones supranacionales de la UE y, por ende, recelan de la europeización como una unión más estrecha de ideas, instituciones e intereses. Los nacionalismos estatalistas pugnan por la preservación de una soberanía estatal de corte decimonónico y con influencia propia en el contexto internacional (el Reino Unido sería el ejemplo paradigmático). Algunos nacionalismos sin-Estado también ambicionan la soberanía mediante la secesión (sería el caso de Cataluña, como ha ilustrado el reciente “Procés per la independencia”).


LA HOMOGENEIZACIÓN ATIZA LOS NACIONALISMOS


Ciertamente, la presión homogeneizadora global ha atizado la emergencia de toda suerte de nacionalismos y conflictos etno-territoriales. A resultas de ello, tales conflictos caben ser entendidos en el Viejo Continente como reacciones a una estandarización mercantilista negadora de sus peculiaridades. Sin embargo, las manifestaciones nacionalistas no dejan de ser víctimas de su progresiva obsolescencia dada la dinámica de la mundialización y del protagonismo adquirido por los capitales globales. Éstos ponen a prueba la supuesta primacía política de lo local con su movilidad telemática instantánea.


La propia incertidumbre del proceso europeizador es aprovechada por populismos de diversa índole para reclamar soluciones foráneas a una alternativa común europea. 


A diferencia de la situación producida en el período de entreguerras del siglo XX (1919-1939), y en contraste con las ideologías totalitarias que se extendieron entonces en Europa, el populismo nacionalista de nuevo cuño no es antiliberal en origen. Sus plataformas y reivindicaciones comparten, no obstante, un rechazo a la solidaridad europea que es fundamento primario del modelo social europeo. A resultas de ello, su proclama de la "libertad" se realiza a costa de la ”igualdad” y la “fraternidad”. Convencidos de que lo ‘mío es lo primero y más importante’, desprecian una acción conjunta atenuadora de disparidades y auspician un diferencial de riqueza basado en las pretendidas excelencias nacionales de cada país o comunidad sub-estatal. Para tales posiciones, el proceso europeizador es una ocasión de acrecentar los beneficios nacionales o propios sin pagar los costes de la solidaridad con otros países más retardados, a los cuales solo resta permanecer en una posición subordinada.


GOBERNANZA MULTINIVEL RESPETUOSA


La consolidación de la UE como una democracia supranacional sigue necesitando un gran entendimiento político y social, el cual deben articular lealmente los propios países miembros. Como no podría ser de otra manera, el “animal político” europeo es multinivel y debe integrar institucionalmente los espacios supra-estatal, estatal y sub-estatal. El reconocimiento de una Europa multinacional, multicultural, multilingüe, y necesariamente poli-céntrica, se traduce en una regla general de organización interna basada en la cooperación y no en la jerarquía. Una Europa que valide el principio que establece la conciliación de la unidad y diversidad mediante el pacto político.


Los nacionalismos inciden en una visión de Europa en la que las reciprocidades entre los países europeos dejan paso a las rivalidades del pasado. 


En el caso de los partidos xenófobos, y hasta racistas como sucede con los grupos antiinmigración más beligerantes, sus propuestas se combinan con el repudio de las instituciones comunitarias acusadas de estar dirigidas por funcionarios insensibles a las particularidades de cada nación. En este sentido, el afloramiento de toda suerte de partidos populistas en los países miembros de la UE ha sido la reacción patológica a un discurso centrado en visiones ‘provincianas’ que abogan por un retorno a las fronteras como marcadores territoriales intocables. Ante ello, el reto de la europeización no es otro que constitucionalizar la unión continental mediante la puesta en vigor de una gobernanza multinivel respetuosa con los principios de la subsidiariedad territorial y de la rendición de cuentas democrática.

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