domingo, 23 de septiembre de 2018
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< ver número completo: Nacionalismo y extrema derecha (I)
Rafael Carduch

​Los nacionalismos y la ultraderecha en Europa

​Doctor en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales

En Europa y desde la última década del siglo XX, asistimos a un renacimiento de los nacionalismos que amenazan la estabilidad política de las democracias y el propio proceso de integración. Con frecuencia, aunque no con exclusividad, el discurso nacionalista es enarbolado por partidos políticos de una derecha radical y conservadora que aspira alcanzar el gobierno de los Estados para restaurar el poder de ciertas élites minoritarias, laminadas históricamente por la implantación del voto universal y la acción de los partidos de masas. Sin embargo, esta realidad recurrente nos suscita tres importantes interrogantes: ¿Por qué ahora?, ¿Por qué los partidos de la derecha radical recurren al discurso nacionalista? y ¿Podrán alcanzan el éxito en sus aspiraciones de poder?


Viktor orban


Para responder a estas interrogantes, conviene primero concretar el significado que atribuimos al término nacionalismo para poder precisar luego su alcance y efectos en la vida de las naciones. Desde luego no hay que confundir el nacionalismo con la existencia de una conciencia nacional o de un sentimiento nacional. En efecto, allí donde exista una nación, cada uno de los individuos que la integran tendrá conciencia y experimentará el sentimiento de pertenencia a esa colectividad nacional. La combinación de ambos elementos es esencial para dar continuidad, generación tras generación, a la identidad colectiva de la nación.


Si me he detenido en señalar la diferencia entre ambos términos con el del nacionalismo es precisamente porque éste, en tanto que ideología política, instrumentaliza la conciencia y el sentimiento nacionales con objeto de lograr la movilización colectiva mediante una asociación incondicional entre la continuidad de la nación y la existencia de un Estado independiente y soberano, en cuyo seno el grupo nacional sea exclusivo o, al menos, dominante y siempre liderado por una minoría que se arroga la representación y dirección de la nación.


EL NACIONALISMO DESESTABILIZA


Para que esta ideología sea eficaz en su movilización política, no sólo debe defender la identidad entre una nación y un Estado propio en donde la elite nacional domine los resortes del poder político, económico y cultural, además debe también aplicar una discriminación, tanto interna como exterior, de toda colectividad que no pertenezca a la nación, incluido el Estado en el que la comunidad nacional se encuentre en minoría. En otras palabras, el nacionalismo es una ideología política desestabilizadora, interna e internacionalmente, porque aspira a una homogeneidad política y cultural en función de un único criterio: la adscripción a la nación.


Es la existencia de los nacionalismos y no de las naciones la que dificulta la solución política del problema de las minorías en el seno de muchos Estados europeos. 


En resumen, los nacionalismos, en tanto que ideologías políticas discriminatorias, llevan consigo el germen del totalitarismo. Que este germen llegue a desarrollarse o permanezca latente, no depende tanto del discurso nacionalista cuanto del contexto social, político y cultural en el que se encuentra cada nación en cada período de su trayectoria histórica.


Tras estas necesarias precisiones, estamos ya en condiciones de contestar a las interrogantes iniciales. Sobre las causas que explican el resurgimiento del nacionalismo, hay que señalar, en primer lugar, el fin de la bipolaridad que junto con la revolución comunicativa, provocada por Internet y accesible mundialmente gracias a los dispositivos móviles, ha abierto el camino para un nuevo proceso histórico que denominamos globalización del que forma parte una nueva forma de socialización de naturaleza virtual, favorecida por las redes sociales, que está distorsionando y, a veces, destruyendo los fundamentos culturales de las naciones. 


Las elites nacionales se ven amenazadas en su liderazgo y reaccionan utilizando discursos nacionalistas.


En segundo término, la crisis económica ha creado unas condiciones sociales propicias para la crisis de legitimidad de los gobiernos y las instituciones estatales que han arruinado a las clases medias. Ello ha alimentado la búsqueda de ideologías y opciones políticas que reafirmen la conciencia y el sentimiento nacional como alternativa al desarraigo provocado por los grupos dirigentes.


EL OBJETIVO, ALCANZAR EL PODER DEL ESTADO


No menos importante es la presión social y cultural de las minorías inmigrantes establecidas en los países europeos y que cada vez son más activas políticamente y reivindicativas económicamente. La masiva llegada a las fronteras de desplazados procedentes de Oriente Medio y África subsahariana unido a los atentados del terrorismo yihadista de los últimos años, han situado la atención mediática y el debate político en dichas minorías y su grado de integración real en las sociedades europeas de acogida.


Por último, los avances en la integración europea realizados como reacción a la crisis económica, especialmente en el sector financiero, ha inducido reacciones anti-europeístas por temor a la pérdida de la menguada soberanía de los países, oportunidad aprovechada por algunos partidos para movilizar a los ciudadanos con discursos nacionalistas. 


El caso del papel desempeñado por el partido UKIP en el referéndum sobre el Brexit, constituye un ejemplo paradigmático.


En esta coyuntura histórica, algunos partidos de la derecha más radical han encontrado la oportunidad para lanzar dos viejas estrategias de movilización electoral: el populismo y el nacionalismo. El objetivo en ambos casos es el mismo: alcanzar el poder del Estado democrático y de derecho para cambiar sus fundamentos y convertirlo en un régimen autoritario con una mera apariencia democrática. Pero mientras el populismo utiliza un discurso transversal e integrador, el nacionalismo recurre al discurso identitario y discriminatorio.


Ambas estrategias han provocado una clara división en y entre los partidos de extrema derecha. En efecto, partidos como Amanecer Dorado en Grecia; el Frente Nacional en Francia; Fuerza Nueva en Italia o el Partido Nacional Demócrata en Alemania, constituyen ejemplos representativos de esta tendencia.


CUALQUIER OPORTUNIDAD PASA POR GOBIERNOS DE COALICIÓN


Pero también existen partidos de extrema derecha que recurren a un discurso de corte populista para reforzar su base electoral y sus oportunidades de llegar al Gobierno. Los casos de Fuerza Italia de Berlusconi; UKIP en el Reino Unido; el Partido Liberal de Austria; el Fidesz de Víktor Orban en Hungría; el Partido para la Libertad de Geert Wilders en Holanda o Alternativa para Alemania, configuran esta corriente política en Europa.


El análisis de los resultados de ambas tendencias de la extrema derecha europea nos permite concluir que sus posibilidades de alcanzar el poder con mayorías absolutas son nulas a corto o medio plazo, sobre todo en los países con democracias bien asentadas.


Cualquier oportunidad pasa necesariamente por gobiernos de coalición que, lógicamente, imponen límites a sus programas autoritarios, xenófobos y anti-europeístas.


La verdadera amenaza de los partidos de extrema derecha en Europa, sigan una estrategia nacionalista o populista, resulta de su capacidad de provocar inestabilidad política, violencia social y estancamiento económico, aprovechando las coyunturas históricas de cada país. Esta sí es una amenaza real que los partidos de masas, tanto de la izquierda, el centro o la derecha moderada, deberían tomar en consideración a la hora de definir sus programas y de aplicar sus políticas si no quieren verse obligados a aliarse entre sí para evitar el ascenso de la ultraderecha radical o, lo que es peor todavía, a aliarse con ella para no perder el poder.

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