miércoles, 21 de agosto de 2019
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Las perspectivas de la economía mundial están a la baja y existe una idea, cada vez más generalizada, a considerar que en el 2019 se frenará, y parece ser así, debido a la incertidumbre y reacción de los mercados en los últimos días del año que acaba de terminar, la caída brusca en los precios del petróleo, la incertidumbre en Europa por el Brexit, el mal estado de Francia e Italia y el llamado ‘cierre’ de la administración Trump por la resistencia del Congreso a aprobarle 5.000 millones de dólares para construir el odioso muro en la frontera con México.


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Pero no solo eso. De acuerdo con los cálculos más optimistas, en el 2019 seguirá el tire y afloje comercial entre Estados Unidos y China, lo que es un riesgo, no solo para el comercio y el crecimiento mundial, sino para las propias condiciones financieras y los precios de las materias primas, determinantes en la evolución de economías como Latinoamérica.


Así, ya se está hablando de una caída en el comercio internacional. A lo anterior hay que agregar que la decisión de la Reserva Federal de subir la tasa de interés, encarecerá la deuda externa de muchos países.

Según el último informe de la Cepal, los precios de las materias primas registraron un aumento del 10 por ciento en 2018, como consecuencia de un alza de más de 20 por ciento en la cotización del petróleo y del 5 y el 3 por ciento en los metales y los productos agropecuarios.


Sin embargo, en el 2019 habría una reducción de cerca del 7 por ciento en los precios de los productos básicos, incluyendo el crudo, que bajará 16 por ciento.


De acuerdo con esos pronósticos, el crecimiento de América Latina seguirá por debajo de la media mundial, con menos del 2 por ciento.


Las grandes economías de la zona (México, Brasil y Argentina) sentirán con fuerza esa inestabilidad mundial, incluso Argentina decrecerá, en tanto que México seguirá enfrentando los caprichos de Trump, y el nuevo gobierno de Brasil deberá mostrar de lo que es capaz.


Venezuela seguirá con una caída de 10 por ciento, más pobreza, inflación fuera de control y mayor desempleo.


Con una caída en el comercio, bajos precios del petróleo, mayores tasas de interés, menos crédito y problemas políticos en varios países, no parece que el 2019 sea un año bueno para América Latina, pero además se comprueba que no se aprovechan las oportunidades.


Por ejemplo, qué bueno sería que se hubiera consolidado el bloque de la Alianza del Pacífico (México, Chile, Perú y Colombia) más allá de discursos y promesas, como una opción de negocios e integración.


Desafortunadamente, no se ha hecho el esfuerzo suficiente para concretarla, y este año la preocupación va a ser protegerse de la incertidumbre mundial y no habrá tiempo para más.


Lo esperado para Colombia en el corto plazo es aceptable. La aprobación de la Ley de Financiamiento, el aumento del salario mínimo y las ganas del presidente Iván Duque de crear un ambiente de tranquilidad, buenas maneras y no polarización son señales positivas que se deben apoyar, pues lo que está en juego es mucho más, en términos de país, que unos resultados de coyuntura. Es el futuro del modelo de libertad, que en otras naciones se ha comprometido con costos muy altos.

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