domingo, 21 de julio de 2019
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Redacción

Los efectos de la crisis pasan factura a la salud mental de las personas

Las crisis económicas suelen dejar secuelas en la salud de la ciudadanía que las sufre más directamente. Los estudios realizados durante esos periodos así lo demuestran. Los efectos que han padecido algunos países, caso de España e Islandia, han sido diferentes.


Ansiedad crisis econu00f3mica


Según el estudio Crisis financiera, austeridad y salud en Europa (Financial crisis, austerity, and health in Europe.) realizado por Marina Karanikolosac, Philipa Mladovskyc, Jonathan Cylusac, Sarah Thomsonc, Sanjay Basud, David Stucklerd, Johan P Mackenbache y Martin McKee, los efectos sobre la salud pública de la crisis económica son visibles, especialmente en los países más afectados por la recesión; sin embargo, Islandia hasta la fecha ha evitado los efectos negativo sobre la salud.


Los mecanismos de protección social fuertes (tanto oficiales, como no oficiales) pueden aliviar algunos efectos negativos de la recesión sobre la salud, como por ejemplo el aumento de suicidios.


Las medidas de austeridad pueden exacerbar los efectos a corto plazo sobre la salud pública de la crisis económica, por ejemplo por el recorte de costes o el aumento del copago en la asistencia sanitaria, que reduce el acceso y desvía la carga económica a las familias.


Las respuestas políticas a un conjunto similar de impactos económicos varió entre los distintos países y dio lugar a resultados en salud diferentes, lo que crea materia para futuras investigaciones sobre cómo los cambios económicos afectan a la salud, cómo las respuestas políticas pueden aliviar los riesgos y por qué algunas sociedades tienen más capacidad de adaptación que otras.


La crisis económica y las medidas en contra de la misma tienen pronunciados y efectos no intencionados sobre la salud pública, hasta ahora los expertos en la misma en gran manera han callado.


EL CASO DE ESPAÑA


Entre 2006 y 2016, aumentaron de manera significativa las prevalencias de trastornos mentales en personas que acudían a la atención primaria, especialmente los problemas de estado de ánimo, ansiedad, psicosomáticos y relacionados con el alcohol; el aumento de la prevalencia de depresiones graves era la mayor de todas. Gili y colaboradores estimaron que al menos la mitad de ese aumento en acudir a consulta con trastornos mentales podía atribuirse a los riesgos individuales o familiares de desempleo y a las dificultades para pagar las hipotecas.


La pérdida de ingresos familiares afecta principalmente a los miembros más débiles y vulnerables de la sociedad. 


En Cataluña entre 2005 y 2010, la proporción de niños con riesgo de pobreza subió del 20,6% al 23,7% y la de los que vivían en el seno de familias sin empleo de 3,7% al 11,2%78. Las familias se dirigen cada vez más a organizaciones no gubernamentales (ONG) en demanda de alimentos, alojamiento, empleo, asesoramiento legal y apoyo psicológico.


Se han hecho públicos en Cataluña cierres de servicios sanitarios, reducciones en el número de camas hospitalarias y en las horas de trabajo de los profesionales. Se han introducido copagos para los medicamentos para los pensionistas y aumentos de la contribución al pago de los mismos por parte de os que tienen ingresos más altos. En abril de 2012 se introdujo por real decreto (saltándose el parlamento) una ley que convertía la cobertura sanitaria universal a la cobertura basada en el empleo. Una consecuencia de esta norma es que cientos de miles de inmigrantes ilegales sólo tendrán a la asistencia de urgencias, de maternidad y pediátrica.


EL CASO DE ISLANDIA


¿Qué habría ocurrido si los gobiernos europeos se hubiesen negado a rescatar a los bancos que se venían abajo? Cada país es diferente, pero la experiencia de Islandia es instructiva. A mediados de los años noventa, unos cuantos banqueros y políticos islandeses decidieron que la prosperidad futura de su país dependía de que se convirtiese en un centro financiero global. Las estrictas regulaciones bancarias de antes se echaron por tierra y los bancos tentaron a inversores de muchos países con tasas de interés que parecían demasiado buenas para ser verdaderas. Unos pocos expertos como el economista británico Robert Wade, predijeron que iba a haber problemas, pero el conjunto financiero global rechazó estas llamadas de atención. 


Cuando el mercado de hipotecas con riesgo alto de impago ("subprime" en inglés) se colapsó, los bancos islandeses se enfrentaron a pérdidas masivas. 


Se apeló al Fondo Monetario Internacional (FMI), que indicó un paquete de medidas de rescate por el cual el gobierno islandés asumiría la responsabilidad de las pérdidas de los bancos, lo que habría supuesto un 50% del producto nacional entre 2016 y 2023 que habría que pagar a los gobiernos del Reino Unido y de Holanda. El gobierno islandés estuvo de acuerdo pero el presidente se negó a aprobar esa operación. Se llevó a cabo un referéndum y el 93% de la población rechazó el paquete de rescate. Los acreedores de los bancos islandeses se pusieron furiosos; el gobierno del Reino Unido invocó la legislación antiterrorista para congelar los activos islandeses. Islandia dejó que se hundiese el valor de su corona (divisa islandesa) de modo que el precio de los productos de importación se puso por las nubes y muchos islandeses sufrieron importantes reducciones de sus ingresos. No obstante los efectos en la salud fueron casi imperceptibles. No aumentaron los suicidios. Cuando estalló la crisis, aumentó un poco la frecuencia de urgencias cardiacas, pero la cifra más alta cedió al cabo de una semana. 


Una encuesta nacional de salud y bienestar mostró que la crisis tuvo pocos efectos en la felicidad de la nación.


¿Cómo puede explicarse la ausencia de efectos negativos? En primer lugar, Islandia ignoró el consejo del FMI y, en su lugar, invirtió en protección social. Esta inversión se combinó con medidas activas para que la gente volviera al trabajo. En segundo lugar, mejoró la dieta. McDonalds se largó del país por el aumento de los costes de importación de cebollas y tomates (los ingredientes más caros de sus hamburguesas). Los islandeses empezaron a cocinar más en casa (especialmente pescado, haciendo subir los ingresos de la flota pesquera del país). En tercer lugar, Islandia mantuvo sus políticas restrictivas respecto al alcohol, también en contra del consejo del FMI. Por último, la población islandesa hizo uso de sus fuertes reservas de capital social, y verdaderamente todos sintieron que estaban unidos en la crisis. Aunque extrapolar esto a otros países debe hacerse con cuidado, Islandia, desafiando la ortodoxia económica en cada paso de su respuesta, ha demostrado que existe una alternativa a la austeridad.

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