martes, 21 de mayo de 2019
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Albert Guivernau

Islandia, 10 años después de la crisis: Un milagro (en minúscula)

Profesor de Economía de la Universidad Abat Oliba CEU

Estos meses se cumplen 10 años de la crisis que logró crispar el ánimo de uno de los países más tranquilos y pacíficos del mundo. Los islandeses recuerdan con cierto sabor agridulce el período comprendido entre finales de 2008 e inicios de 2009: unas veces con tristeza por lo sucedido; y otras, orgullosos por lo quese ha empezado a conocer como “el milagro islandés”.


El milagro islandu00e9s

En julio de 2008 los shocks externos prepararon un escenario perfecto para llevar el país a la bancarrota. La deuda externa llegó a los 9.553.000 millones de coronas islandesas (unos 50.000 millones de euros) -el 80% en manos del sector bancario- mientras que su PIB era de 1.293.000 millones coronas (8.500 millones de euros). Es decir, el conjunto de agentes económicos islandeses debía al exterior 6 veces su PIB. Diversos bancos como el Glitnir, el Landsbanki o el Kaupthing fueron nacionalizados y el control pasó a manos de la Autoridad de Supervisión Financiera (FME) del país, que tuvo que pedir ayuda al FMI. Dejó quebrar diversos bancos allanando el camino de la nacionalización y 26 de los máximos responsables de las entidades financieras acabaron en prisión. Las autoridades islandesas se vieron obligadas a congelar el pago de deuda de sus entidades financieras con terceros, provocando que Reino Unido utilizara contra el país legislación antiterrorista para exigir el pago a los ahorradores británicos.


La corona islandesa se devaluó un 80% perjudicando a buena parte de las familias que tenían sus préstamos hipotecarios en divisas al considerarlas más estables que la moneda nacional. 


Unas 10.000 personas perdieron su casa. El ajuste tras el shock no se produjo a través de un aumento del desempleo comúnmente asociado a una recesión económica sino vía reducción de precios y salarios. La flexibilidad del mercado laboral acabó jugando un papel esencial en el milagro islandés, sin obviar la capacidad de adaptación que puede llegar a presentar un país con menos de 350.000 habitantes.


La crisis supuso una gran contradicción para la población ya que el país venía de un largo período en el que el crecimiento anual de la economía se situaba alrededor del 5% (el 9% en 2007) y pasaron a un crecimiento negativo de -6,8% del PIB. Los niveles de deuda pública de ejercicios anteriores rondaban el 30% del PIB y tras los ajustes aplicados la deuda llegó al 99% del PIB en 2011. El PIB per cápita cayó un 32% pasando de 50.500€ en 2007 a 34.300€ en 2008. Estos datos pueden acreditar que, en términos porcentuales, Islandia se llevó la peor parte de la crisis financiera.


EL MILAGRO ISLANDÉS


Diez años después la situación ha mejorado notablemente y numerosos economistas se han apresurado a calificarla de “milagro islandés.” Los datos apoyan en buena medida esta descripción ya que la media de crecimiento de Islandia los últimos 4 años se ha situado alrededor del 5%, doblando al de la UE. El PIB per cápita prácticamente se ha multiplicado por dos, pasando de los 34.300€ de 2008 a los 63.200€ diez años después, mientras que para el mismo período el de la zona euro se ha mantenido estable alrededor de los 32.000€. Aunque en 2018 se está apreciando cierta desaceleración del crecimiento.


La deuda pública ha descendido de un 99% del PIB en 2011 hasta situarse alrededor del 50% 10 años después, una cifra que se encuentra dentro de los parámetros que se podrían considerar razonables. El saldo presupuestario se mantiene equilibrado después de algunos años de alta volatilidad alcanzando cifras de déficit del 12,9% en 2008 y superávit del 12,3% en 2016.


La tasa de paro del país se situó en octubre de 2018 en el 2,6% (en España es del 15%), con un desempleo juvenil del 6,4% (40% en España). Esta tasa de paro se sitúa en niveles previos a la crisis y se puede considerar como el desempleo estructural del país.


Después de notar la objetiva mejora en los indicadores de actividad económica, sector público y empleo experimentados por el país tras el estallido de la crisis, es necesario preguntarse qué ha sucedido con el nivel de precios. En esta variable reside la principal objeción a la evolución islandesa. 


La corona islandesa se devaluó un 80% con la llegada de la crisis, haciendo más atractivas sus exportaciones asumiendo el coste de una reducción salarial y una pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos.


La crisis financiera situó a Islandia en el panorama mundial lo que, unido a la devaluación de la moneda, aumentó mucho el turismo a la isla (y su consecuente entrada de divisas). A día de hoy este sector supone el 12% del PIB del país y el 20% de las inversiones comerciales. No obstante este sector se está enfriando: el número de personas que visitó Islandia aumentó cerca de un 40% en 2016, pero solo un 24% por ciento en 2017 a espera de las cifras oficiales a cierre de 2018. Esta entrada de divisas, unida al crecimiento económico, está propiciando un aumento notable del nivel de precios -especialmente en el sector inmobiliario- que unido a la reducción de los salarios reales puede contraer la demanda interna y frenar las expectativas de crecimiento del país. Al mismo tiempo puede apreciarse un desplazamiento de la mano de obra cualificada hacia países con salarios reales más elevados que les permita ahorrar y poder hacer frente al pago de la vivienda.


Nos encontramos ante un milagro, sí -en minúsculas-, cuya permanencia en el tiempo es volátil, aunque seguramente nadie dudará que lo sucedido en Islandia los últimos 10 años ha sido algo asombroso y digno de estudio. Será necesario esperar a ver qué sucede con el turismo, el precio de la vivienda y los salarios reales para certificar si el milagro islandés de estos 10 años se acabará escribiendo o no en letras capitales.

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