jueves, 19 de julio de 2018
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< ver número completo: La corrupción que no cesa
Oscar Diego Bautista

​Ética pública frente a corrupción ¿Cómo abordar la corrupción?

Profesor-Investigador Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (CICSyH). Universidad Autónoma del Estado de México

La corrupción es un fenómeno mundial. Es posible decir que hay una globalización de la corrupción. Este problema es tan antiguo que ya existía en las antiguas civilizaciones. Aunque con altibajos, acompaña al hombre a lo largo de su historia. 


Manzana podrida


No obstante, en las últimas décadas, hay situaciones clave que permiten identificar el auge de la corrupción en nuestra era. Dichas situaciones son las siguientes:


La caída del muro de Berlín (1989). A partir de ello, el sistema económico capitalista tuvo vía libre en el mundo para expandir su filosofía y forma de operación, esto es, la ideología empresarial-neoliberal se globalizó;


El “Consenso de Washington”, que tuvo lugar a principios de los noventa (del siglo XX), como estrategia de mundialización o globalización encabezada por los EE.UU. en lo ideológico, político, económico y comercial. Dicha estrategia consiste en establecer una filosofía para todo el planeta apoyada en el libre mercado y el comercio internacional, el neoliberalismo económico. En su formulación participaron verdaderos poderes fácticos, entre ellos, los Organismos Financieros Internacionales (OFI), miembros del Congreso de la nación, de la Reserva Federal, altos cargos de la administración estadounidense, así como grupos de expertos (Think Tanks);


La Nueva gestión Pública (NGP), compuesta por un conjunto de ideas neoliberales de corte empresarial promotora de las técnicas de la empresa privada aplicadas al sector público. Mediante la NGP también se fomenta la participación del sector privado en el ámbito público. 


Con base en estos elementos, el “espíritu capitalista”, como lo denomino Max Weber, y sus valores (o, mejor dicho, antivalores) se expandieron.


La “caja de pandora” se abrió. Antivalores como la codicia, avaricia, anhelo de acumular riquezas se propagaron por el mundo. “El espíritu capitalista es la mentalidad que aspira sistemática y profesionalmente al lucro por el lucro mismo (…), es una actitud, un habitus, una disposición psíquica del individuo que se manifiesta en sus pautas de comportamiento, en los criterios con los que organiza su vida (…). El “espíritu” capitalista, en concreto, es esa actitud o mentalidad que aspira a ganar dinero como un fin en sí mismo”.


El “espíritu de capitalismo” tiene su fundamento en el liberalismo y se expresa en la libre empresa. La filosofía empresarial, al penetrar al ámbito público, ataca el bien interno del servidor público, esto es, toca su “alma” o “espíritu de servicio”. He aquí por qué cada vez surgen más escándalos de corrupción desde el ámbito público y por qué muchos servidores públicos se encuentran tan confundidos al momento de actuar.


Frente a este panorama de la corrupción ¿Se puede hacer algo? La respuesta inmediata es sí. El primer paso es adentrarse en profundidad en el análisis de la corrupción. 


El científico estadounidense, Charles F. Kettering escribió: “No es que no puedan ver la solución, es que no pueden ver el problema”. 


Cuando no se comprende un problema en su totalidad, difícilmente se podrá encontrar una solución. Sin pretender ser simplista. A continuación, se exponen algunos pasos que ofrecen un camino al control de la corrupción.


COMPRENDER LA MAGNITUD DEL PROBLEMA


La corrupción como objeto de estudio rebasa cualquier ámbito disciplinario: político, económico, social y cultural. Hay corrupción en:


Los grandes sectores de un estado: público, privado y social

Los diferentes poderes públicos: Legislativo, Ejecutivo, Judicial

Los diversos niveles de gobierno: nacional, estatal, municipal

Los diferentes sectores de las administraciones públicas: educación, salud, vivienda, justicia, medioambiente, etc.


La corrupción es un monstruo gigante cuya dimensión no alcanzamos a percibir. Es una bola de nieve que se dejó crecer y ahora es un alud que arrastra aquello que se encuentra a su paso.


Conocer el origen del problema, ir al fondo. La causa inevitable de la corrupción es la conducta deshonesta del actor público. La corrupción se produce porque un individuo toma la decisión de realizar una acción corrupta. 


No hay ningún antídoto o sistema de control externo al individuo que impida realizar un acto de corrupción. 


Quienes realizan prácticas corruptas son seres muy inteligentes. En todo caso, ese antídoto debe provenir de la parte interna del individuo. Es ahí donde entra en acción la ética al lograr interiorizar valores y principios que generen conciencia y forjen convicciones que orienten la conducta de los servidores públicos e inhiban la realización de acciones indebidas.


ELEGIR UNA ESTRATEGIA DE ATAQUE


Existen diversas formas de abordar la corrupción:


Por la comprensión y claridad del problema. Consiste en analizar la conceptualización teórica de la corrupción revisando distintas definiciones para tener claridad del problema.

Por la tipología o clasificación de la corrupción. Una clasificación establece que hay corrupción blanca, gris y negra, otra señala que existe alta, mediana y baja corrupción.

Por las características de cada tipo de corrupción, es decir, cada operación de corrupción tiene una estrategia que hay que estudiar minuciosamente para poder evitar que se repita.

Por las causas de su aparición, es decir, las razones por las que el ser humano se corrompe, y en concreto los servidores públicos.

Por los sectores o áreas determinadas en las que se manifiesta. Educación, salud, medio ambiente, obras públicas, seguridad, etcétera.

Por la percepción y medición de la misma, aquí cabe analizar los índices de percepción, sin duda, un referente es el que emite de forma anual Transparencia Internacional.

Por los efectos que genera. En lo político, lo económico, lo social, lo cultural.

Por los casos más sonados en los medios de comunicación. El periodismo de investigación con frecuencia descubre casos importantes de corrupción que hay que atender.

Por los organismos para combatirla. Fiscalía anticorrupción, Oficina antifraude, Canciller de Justicia

Por la legislación internacional anticorrupción. Leyes, convenios, acuerdos internacionales.

Por los mecanismos para su prevención. Aquí entra la Ética Pública junto con sus diversos instrumentos de aplicación práctica.


PREVENIR LA CORRUPCIÓN MEDIANTE UNA CULTURA ÉTICA DE SERVICIO PÚBLICO


Cualquier mejora en la operación de las instituciones públicas tendrá mayor posibilidad de éxito si se acompaña de principios y valores éticos, logrando que todo servidor público tenga una conducta integra acompañada del Bien Interno o espíritu de servicio. Y esto se logra mediante la Ética Pública, disciplina encargada de estudiar y forjar la conducta de los servidores públicos.


La ética, desde tiempos remotos, ha estado vinculada a la política, siempre como el filtro que impide que individuos sin un perfil idóneo ingresen enun cargo público.


Cuando se rescatan y fomentan los principios y valores éticos en los servidores públicos, estos fortalecen, motivan y dan integridad y dignidad a la conducta del individuo. Ningún servidor público con ética roba, miente, engaña, estafa, ofende o es ineficiente, por el contrario, ayuda, es responsable, cumplido, íntegro, respetuoso, ofrece resultados. En sentido contrario, cuando los valores en el servicio público se debilitan o se ausentan, los antivalores y las prácticas corruptas aparecen de inmediato.


PREPARAR LAS HERRAMIENTAS PARA INSTITUCIONALIZAR LA ÉTICA PÚBLICA


La ética pública es práctica, por lo tanto, requiere de su institucionalización. En su implementación requiere de un conjunto de instrumentos de aplicación práctica. Un kit básico contiene los siguientes instrumentos:


Consejo Ético;

Oficina de ética;

Ley de ética;

Códigos de Ética;

Agentes éticos;

Vigilancia de la conducta ética;

Tribunales éticos.


ARTICULAR UN MODELO PARA SER APLICADO


Una vez que se tienen las herramientas hay que armar el rompecabezas mediante un modelo en el que todas las piezas embonen. Existen diversos modelos de ética para ser aplicados a los gobiernos y administraciones públicas. Uno muy conocido es el Modelo de Infraestructura ética de la OCDE; otro, es el Sistema Ético Integral (SEI).


IMPLEMENTAR EL MODELO COMO POLÍTICA PÚBLICA


Detener la corrupción mediante una política de prevención es posible, no es una entelequia sino algo realizable. La institucionalización de la ética mediante una política de Estado además de ser posible es rentable. Pero un modelo de esta naturaleza solo puede ser viable si es adoptado y aplicado por un gobierno con auténtica voluntad de elevar su compromiso a una política de Estado.


APLICAR Y GENERAR UNA AMPLIA CULTURA ÉTICA EN LOS SERVIDORES PÚBLICOS


Para generar una cultura ética es necesario despertar el interés por esta disciplina y hacerla extensiva, una y otra vez, no sólo a los servidores públicos sino a otros sectores del Estado, es decir, al sector privado, así como al sector social.


VIGILAR LA CONDUCTA DE LOS SERVIDORES PÚBLICOS


Sancionar y depurar del servicio público a elementos nocivos. Para el filósofo Platón era clave vigilar la conducta de los Guardianes del Estado o servidores públicos. Pues estos, dice, pueden caer en tentaciones y hacer lo contrario para lo que se les formó. En sus propias palabras: “La cosa más vergonzosa y terrible de todas para un pastor sería alimentar a perros guardianes de rebaños que, por obra del desenfreno, del hambre o de malos hábitos, atacaran y dañaran a las ovejas y se asemejaran a lobos en lugar de perros (…). Pues entonces debemos vigilar por todos los medios que los guardianes del Estado no se comporten así frente a los ciudadanos, y que, por el hecho de ser más fuertes que ellos, no vayan a parecerse a ambos salvajes en vez de a asistentes benefactores.” (La República 416 b).


Además de vigilar es necesario evaluar y hacer autocrítica de forma permanente.


Se requiere igualmente un sistema de quejas y denuncias que recoja actos antiéticos, de un sistema de sanciones ejemplares con capacidad de depuración de elementos negativos, y un sistema de comunicación fluido que informe a la ciudadanía.


En suma, la Ética Pública es un poderoso instrumento del control de la corrupción.

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