miércoles, 19 de septiembre de 2018
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A propósito del libro de Minxin Pei “China’s Crony Capitalism: the Dynamics of Regime Decay, Cambridge, Harvard UP”, apunta Émilie Frenkiel que el texto arroja un balance sombrío de la colusión entre élites chinas.


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La obra de  Minxin Pei documenta el capitalismo de connivencia, en China, una de las múltiples formas de “la gran interferencia” entre las esfera pública y privada, objeto de este informe. Este profesor del Claremont McKenna College es uno de los comentaristas más influyentes y también más críticos de la política china (…) Este libro sostiene la tesis del agotamiento del régimen comunista, a pesar de la durabilidad del crecimiento económico (6,95 en 2017) y la multiplicación por 2,6 del PIB por habitante. Para ello, se apoya en las declaraciones oficiales de Xi Jiping y la cobertura mediática de la vasta campaña de lucha contra la corrupción que lanzó a su llegad a al poder en 2012, que ha hecho caer a un millón de funcionarios chinos en cinco años. El autor no ha realizado ningún tipo de encuesta sobre el terreno de la colusión legal e ilícita entre las élites políticas y económicas chinas que surgió en los años 90. Ante la imposibilidad de acceder a los archivos de la comisión central de inspección disciplinaria del partido, su estudio reposa en una muestra de 260 casos, ampliamente expuestos y documentados en la prensa oficial china.


LAS CAUSAS DE LA COLUSIÓN


Minxin Pei consagrada los dos primeros capítulos del libro a presentar las razones por las cuales los casos de colusión de las élites chinas se multiplicaron a partir de los años 90. Anteriormente, la corrupción relacionada con cuadros dirigentes era prácticamente inexistente o invisible, en la medida en que, según Pei, no existían condiciones para que esta práctica pudiera desarrollarse. En la década de los 90, las reformas sobre descentralización de la gestión de las carreras de los dirigentes y el control de bienes públicos, sin una clarificación completa de los derechos de propiedad, ofrecieron una gran libertad a los cuadros locales para apropiarse o beneficiarse de los bienes del Estado, a precios inferiores a los de mercado e incluso de modo gratuito. Esto fue particularmente llamativo en el caso de las tierras y los recursos naturales.


Los derechos de propiedad y uso de la tierra fueron separados con el objetivo de crear un mercado de uso de la tierra, sin que el Estado perdiera su propiedad. 


Pei analiza la práctica actual de los gobiernos locales para atraer inversores al reducir el precio de la tierra. Una pérdida que es aún mayor ya que, desde la reforma fiscal de 1994, la venta de tierras se ha convertido en una fuente grandes ingresos para estos gobiernos. Sin embargo, el Sr. Pei denuncia los defectos de esta práctica en un contexto de poder político discrecional, ya que desemboca en una pérdida de ingresos para los gobiernos locales, que venden sus ingresos de propiedad a favor de los inversores y desarrolladores que les ofrecen soluciones. Ciertos recursos naturales, como las minas y ciertas empresas públicas, utilizan un mecanismo similar de apropiación por los dirigentes, que los acaban transfiriendo a personas de su entorno.


Además de los empresarios, los primeros beneficiarios del sistema son los dirigentes del partido a escala de las prefecturas y de los distritos más potentes (yibashou) seleccionados por su lealtad al partido, cuyos datos disponibles indican que pueden amasar (cosa que depende de los valores de los bienes públicos y de los contratos que pueden establecer con los inversores) un botín más elevado que el de sus superiores jerárquicos (…) El gobierno central, advertido de estas prácticas, ha tratado en vano de controlarlas. La falta de poder y de medios de las Comisiones de Inspección de la disciplina a nivel local no lo han permitido (…)


EL IMPACTO DE LA COLUSIÓN EN LA EFICACIA GUBERNAMENTAL


El mercado ilegal de empleos públicos (maiguan maiguan) ha sido la pieza central de la tesis de Pei. La corrupción más que el mérito, determina la elección de funcionarios y permite a los jefes del Partido, aceptando los sobornos, instaurar una red estratégica de complicidades (colusión vertical) que pueden movilizarse fácilmente para ayudar a los hombres de negocios a pagar favores.


Pei insiste en el impacto destructor y predador de esta colusión que afecta a la capacidad de los gobiernos locales, que tienden a convertirse en “Estados mafiosos locales” (local mafia States) en vez de cumplir con su función de servicio público (…) Pei describe la decrepitud del sistema,“en el que reina una cultura de la corrupción”, evocando la consecuencias de una futura democratización del régimen, que podría colocar estos nuevos oligarcas corrompidos en el poder.


El último capítulo pretende demostrar la corrosión de las instituciones (judiciales, reguladoras, policiales) del Estado-partido leninista mediante las prácticas colusivas. 


De forma maquinea, recuerda que se observa “una ausencia total de corrupción” en los ámbitos abiertos a la competencia, como el import-export, el comercio al detalle o la industria ligera. Cosa que podría explicar en parte los niveles de confianza que, a pesar de todo, gozan en general las instituciones y las empresas chinas, a juzgar por un reciente estudio.


Pei se indigna con la “connivencia oligárquica” (oligarchic cronyism) que priva a los ciudadanos ordinarios de los bienes públicos acaparados por las élites políticas y, sobre todo, económicas chinas. Cosa que atribuye a la remontada de un líder fuerte y oportunista que utiliza la lucha contra la corrupción para vencer a sus opositores políticos, cosa que podría recordar la ingeniería de la anticorrupción en la Rusia de Putin, aunque en el caso de Xi Ping, se trata también de mantenerse en el poder de un partido de 88 millones de afiliados. 


De forma menos convincente, Pei le imputa también un bajo crecimiento económico, la pérdida de legitimidad del Partido, el fin de la resiliencia autoritaria china y la división de los dirigentes. 


El determinismo del autor resulta llamativo. “La colusión -dice- y las alianzas exclusivas y oligárquicas son resultado inevitable de la modernización económica en un contexto autocrático” y que su estudio “prueba que resulta inconcebible que el partido pueda reformar las instituciones políticas y económicas del capitalismo de colusión, porque constituyen los fundamentos del monopolio del poder. Y saca en consecuencia un rasgo sobre la transición democrática progresiva de China, imposible en un régimen autoritario predador, asentado en profundas desigualdades.


UN TRABAJO SIN MATICES


El libro plantea una visión de la reforma china muy pesimista, según la cual, en lugar de haber modernizado el país según el principio “socialismo de los colores de China”, anunciado por Deng Xiaoping, “el Estado-partido ha producido una forma de capitalismo de conveniencia depredador”, hecho incontestable que ha sido explícitamente afirmado por el propio presidente chino, tras la lectura de los informes sobre las fechorías de los dirigentes provinciales, en 2014. En todo caso, basar su opinión en la cobertura mediática de la campaña de lucha contra la corrupción, del hecho de su oportunidad política (populismo, búsqueda de legitimidad, emplazamiento de aliados) y de su gran opacidad, parece particularmente arriesgado.


El asentimiento por parte de los lectores hubiera mejorado si el autor hubiera diversificado sus fuentes y expuesto con más finura los mecanismos por los cuales se despliega esta corrupción sistemática, concretamente de capitalismo de Estado y del modelo de desarrollo local fundamentado en la venta de tierras, o sobre la concurrencia entre gobiernos locales para atraer a los inversores y animar el crecimiento económico, que numerosos trabajos han documentado. Es de lamentar que Pei privilegie una postura que puede parecer ideológica, incluso moralizante, sin tratar de comprender o explicar en primer lugar el impacto real de esta colusión de las élites sobre la economía china, que en su opinión “esta considerablemente lastrada por una asignación crónicamente ineficaz de los recursos”.


Es importante reconocer que el impacto de la corrupción en la economía no está medida con rigor y es incluso objeto de diferentes interpretaciones. 


Asimismo, el fenómeno de la colusión en lo que concierne a los dirigentes, puede ser vertical, horizontal o entre esta y los hombres de negocios, anima en teoría a los implicados a menos productividad. Pei opone sin dudarlo eficiencia y sobornos.


Émile Frenkie “La Vie des idées” 
http://www.laviedesidees.fr/

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