jueves, 15 de noviembre de 2018
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Jacques Sapir

​Donald Trump y el proteccionismo

​Economista, director de estudios (profesor) en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

Las recientes declaraciones de Donald Trump han puesto a plena luz la cuestión del proteccionismo. Sabíamos que el presidente estadounidense recién elegido incitó a las empresas a “relocalizar” su producción en el territorio de los EE.UU. Y los primeros resultados obtenidos, aún antes de tomar posesión de la Presidencia, fueron efectivamente alentadores. Un cierto número de empresas, como Ford, Chrysler y también General Motors, Samsung o LVMH anunciaron su decisión de retornar a la producción en los Estados Unidos. Cosa que lleva a plantearse dos cuestione. ¿Es esto bueno a medio y largo plazo? y ¿Cómo se puede obligar a las empresas a “relocalizar” su producción?


Trump


Los métodos proteccionistas tienen mala prensa. Basta ver a reacción del profesor Lionel Fontagné, exdirector del CEPII: “Las producciones relocalizadas serán más caras que las importadas. Así, los empleos ganados por estas relocalizaciones estarán recompensadas por las pérdidas de empleo, como consecuencia de las pérdidas de ingresos de los hogares, generadas por estos costos adicionales. Salvo que Fontagné, con su furor anti-proteccionista, olvida un punto esencial: los ingresos de los hogares se incrementarán por la contratación de trabajadores suplementarios, que tendrán un salario en lugar de indemnizaciones al desempleo. En la industria, el nivel salarial medio es muy superior a las indemnizaciones de paro. Si Fontagné hubiera deseado tratar honestamente la cuestión del proteccionismo, hubiera comprobado la pérdida de poder adquisitivo con la ganancia procedente dela recuperación de empleo.

Cosa que no parece difícil. La producción de coches en los años 80 era aproximadamente de cuatro millones de unidades por año en Francia. Actualmente, ha caído a dos millones. Supongamos que por diversas medidas proteccionistas se llegan a fabricar 500.000 vehículos más por año, que estos coches sean de un segmento medio-bajo, con un precio de 10.000 Euros, y que el incremento sea del 10%, cosa que explica que los coches de este tipo se producen en gran medida en el extranjero. La pérdida de ingresos se establece de 500.000 x (10.000 x 0,1) = 500 millones de Euros.


¿ES EL PROTECCIONISMO CONDICIÓN DEL CRECIMIENTO?


Pero estos coches deberán ser producidos. Habrá que construir una nueva planta de montaje, con alrededor de 7.000 obreros, habrá que incrementar la producción de los subcontratistas, el consumo de electricidad…Con lo que se puede estimar que alrededor del 40% del precio de venta será reinyectado en la economía francesa (suponiendo que alrededor de un 60% sirve para pagar los bienes y servicios importados). Así 500.000 x 11.000 (precio en Francia) x 0,4 = 2.200 millones de Euros. Si a esta cantidad se restamos 500 millones de Euros por el alza de precios y un ajuste de 2.200 millones, significa que disponemos de un crecimiento neto de 1.700 millones de Euros de moneda inyectada en la economía francesa.


Se puede pensar, en efecto, que toda la producción de automóviles sufrirá un alza de precios en Francia, si son tomadas medidas proteccionistas. 


Pero esta alza generalizada será menor del 10%, debido a que los coches producidos en Francia tienen una parte de sus componentes fabricados en territorio francés. De otro lado, si estas medidas son adoptadas, aumentará la parte de componentes fabricados en Francia. Es cierto que el sobrecoste será más elevado que los 500 millones calculados inicialmente. Pero la ganancia obtenida de la inyección de moneda en la economía francesa ligada al crecimiento de la parte de la producción nacional también aumentará. Todo esto plantea la cuestión de si el proteccionismo es la condición del crecimiento.


Pregunta que puede resultar absurda ¿Después de todo, el crecimiento en los últimos veinte años no es imputable justamente a la liberalización del comercio internacional? Es precisamente aquí donde se sitúa un error fundamental en teoría económica. Los partidarios del libre comercio recuperan, en ocasiones sin saberlo, la vieja teoría mercantilista que hace del comercio la causa de la producción. Pero, en realidad, si se comercia está bien para el que lo ha producido. La producción es lo primero y el intercambio después.


LA APERTURA DE LAS ECONOMÍAS NO PRODUCE EFECTOS BENÉFICOS


Históricamente, los grandes períodos de crecimiento económico han coincidido con períodos de proteccionismo, como en Europa desde 1945 hasta los años 80. De hecho, se constata una bajada del crecimiento con la apertura integral de las economías. Bajada del crecimiento, cierto, pero no bajada de los beneficios. 


En realidad, el libre comercio permite mantener muy elevada la tasa de beneficio mientras el crecimiento desciende. 


Es cierto que, para algunos autores, estos beneficios deben transformarse en inversiones. No más beneficios hoy es la garantía de más inversiones mañana y de más empleos pasado mañana. Pero esta “garantía” es perfectamente ilusoria. Los beneficios de hoy pueden disiparse en actividades especulativas, en gastos suntuarios, que no tienen ningún impacto sobre la inversión y el empleo. De hecho, esto justifica las políticas proteccionistas, que pasan por derechos de aduana, medidas reglamentarias, normas sociales o medioambientales, e incluso por una fuerte depreciación de la tasa de cambio de la moneda local.


En realidad, la apertura de las economías a la concurrencia internacional no produce efectos benéficos salvo si esta concurrencia es “justa”. Es decir, si promueve proyectos empresariales y no mecanismos de dumping salarial, socialo fiscal. Esta es la lección que podemos extraer de la política actual de Donald Trump. Y es por lo que conviene estar atentos. En cualquier caso ¿Los políticos que hoy hablan de “fabricar en Francia”, no es proteccionismo? Es sorprendente que se desarrolle un discurso favorable a “fabricar en Francia”, mientras que continúa denunciando el proteccionismo. Cosa que pone de manifiesto una incoherencia profunda del discurso. Hay que agradecer al Presidente de os EE.UU. que con sus decisiones haga visible esta incoherencia.



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