martes, 17 de julio de 2018
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David Mejía

​TV3: el Gran Hermano del Proceso

Diputado de Ciudadanos en el Parlament de Catalunya

Si los ciudadanos de un territorio pagan, a través de sus impuestos, una televisión pública, se debe suponer que esta será objetiva, plural y neutral. Lamentablemente en Cataluña esta televisión, que debería ser de todos los catalanes, no cumple los requisitos mínimos que son exigibles. Y además no tienen ningún tipo de pudor para utilizarla como un altavoz más del “Procés”, de manera habitual.


Medios periodistas


Liderado por un director independentista, que ha sido reprobado por el propio Parlament, y que ha hecho caso omiso a este mandato democrático, junto a las triquiñuelas de la presidenta en funciones de la Corporación, que tiene carnet de Convergencia, TV3 se ha convertido en el Gran Hermano del “Procés”. Son muchos los ejemplos que podríamos poner encima de la mesa y que en cada comisión de control alzamos la voz para denunciar esta falta de objetividad.


Desde el que ellos llaman el juicio del siglo, el del 9N (recordemos que estamos a principio de siglo y que además olvidan, por ejemplo, el juicio por el saqueo del Caso Palau), en el que se realizaron 41 noticias sobre el mismo en 5 días, mientras curiosamente solo se habló 1:30 minutos del caso 3%, hasta programas especiales del 1-O ilegal, en “prime time” con debate “especial” sobre el mismo a la semana siguiente.


La primera ley que presentó Ciutadans en la pasada legislatura fue precisamente para aumentar la mayoría parlamentaria para escoger el órgano de gobierno de la corporación catalana de medios audiovisuales, así como aumentar los años de experiencia dentro del sector. 


Esto, claro, no solucionaría al momento todos los problemas de nuestra televisión pública, pero sí ayudaría a asentar las bases para que la pluralidad y la profesionalidad se viera reflejada mucho mejor de lo que está ahora. Esta demanda no es exclusiva de Ciutadans como partido político, sino que los propios trabajadores de la casa exigen esta mayor pluralidad y profesionalidad dentro de los medios.


Las consecuencias de esta deriva independentista son claras. Las audiencias de la cadena han disminuido radicalmente y la mitad de catalanes no la ven a pesar de estar pagándola de sus bolsillos. 


Una encuesta de GESOP dice que 2 de cada 3 catalanes creen que su televisión pública tiene tendencia independentista. 


Los representantes públicos tenemos la obligación de reconducir la situación en primer lugar para hacer de la televisión pública catalana un ejemplo a seguir para el resto de televisiones autonómicas. Hay que gestionar los recursos de manera eficiente para que pueda ser el motor de la industria audiovisual catalana y reactive el sector, dándole un impulso que sin duda es necesario.


Y en segundo lugar debemos garantizar que nuestra televisión, la televisión de todos los catalanes, ofrezca de manera inequívoca el servicio público, y por lo tanto objetivo, para el que fue creado. Pero esto no lo conseguiremos hasta que los dirigentes independentistas entiendan que los medios públicos no son propiedad de una ideología sino del conjunto de la sociedad catalana, plural y diversa.

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