domingo, 18 de noviembre de 2018
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José Sanclemente

​El Procés y los medios públicos catalanes

Economista

Mucho se ha criticado el papel que ha jugado TV3 y Catalunya Radio a favor de las tesis independentistas en la crisis catalana de los últimos meses. Sería fácil subirme al carro de los reproches que, desde los medios nacionales editados en Madrid y de algunos privados catalanes, se han hecho a estos medios de comunicación que deberían ser tan plurales como la sociedad a la que van dirigidos y que son financiados por el erario, es decir por todos.


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Pero el análisis no es tan sencillo acudiendo solo a los sesgos informativos, que se han producido sin duda, ni siquiera valdría la comparación con el tratamiento informativo del caso catalán que ha hecho la televisión pública española, siempre obediente a las tesis del gobierno del PP.


No nos acercaríamos tampoco a la pluralidad o a la quimérica objetividad si hiciéramos un mix entre las informaciones que hemos visto estos meses sobre los acontecimientos de Cataluña en el canal público nacional y en el autonómico catalán. 


La pluralidad no se obtiene tomando los antagonismos de los contenidos informativos de uno y otro lado, lo mismo que el clima templado no se da en un país pequeño que tuviera temperaturas siberianas en el Norte y las del desierto de Lut en el Sur.

Dicho esto, es de resaltar que a partir del Referéndum del 1-O en Cataluña, las audiencias de TV3 se dispararon un 63, pasando a ser del 17,5% frente al 10% escaso en el que se habían instalado de medía hasta esa fecha. Lo mismo sucedió con Catalunya Radio, que obtuvo cifras record históricas al alcanzar casi 700.000 oyentes. Este fenómeno vino acompañado con un descenso de TVE en el territorio catalán y con un repunte significativo de la Sexta, que representó para una parte de la población la equidistancia informativa entre los polos informativos de TVE y TV3.


Pero si hemos de hablar de la influencia mediática en la población de los medios públicos en Cataluña ésta sería relativa, dada la dispersión de audiencias de los diferentes canales televisivos y radiofónicos. Ninguna televisión ni emisora de radio fueron absolutamente mayoritarias.


LAS CUOTAS DE TV3 SE HAN REDUCIDO A UN 12%


Se produjo un fenómeno temporal de avidez informativa dados los graves hechos que se venían sucediendo, sobre todo a raíz de las cargas policiales del 1-O, pero también por las decisiones posteriores en el Parlament, las manifestaciones en la calle y la aplicación del artículo 155, que suspendía la autonomía tras la declaración unilateral de independencia.


La televisión y radios públicas catalanas realizaron un esfuerzo informativo sin precedentes destinando prácticamente toda la programación al “Procés”, no había medio que pudiera competir con los directos en el lugar de la noticia, las rondas interminables de tertulianos y las entrevistas en cada rincón del territorio. Aun así, solo un 17,5% de los televidentes se asomaron al canal público catalán. Tres meses después, TV3 ha rebajado sus cuotas de audiencia al 12%, perdiendo la mitad de los telespectadores que ganó en los momentos iniciales del conflicto.


Las imágenes más contundentes de las cargas policiales y de las manifestaciones pro independencia estaban en el canal público catalán, mientras parecían haberse esfumado del foco inicial de TVE. Eso le dio una clara ventaja de salida.

Hay un aspecto que no debe escamotearse por ser relevante, y es que una buena parte de los medios privados catalanes están fuertemente subvencionados por la Generalitat y aquellos que defendían las tesis independentistas redoblaron sus esfuerzos informativos. Se produjo una especie de simbiosis y apoyo entre los medios públicos y algunos medios privados para dar altavoz a las tesis a favor del “Procés”.


Cuando se llegó a plantear la intervención de TV3 y Catalunya Radio, con la aplicación del 155, todos los medios de uno y otro signo en Catalunya reaccionaron contra esa hipotética medida, invocando a la libertad de expresión. Hubiera sido un grave error, que afortunadamente no se dio.


Existe un fenómeno de afinidad entre la ideología de los medios de comunicación y la de la población que los sigue, exagerando solo un poco sería similar al que se produce entre un aficionado al fútbol y el club del que es forofo.

HA HABIDO MUCHA INFORMACIÓN Y TAMBIÉN MUCHA MANIPULACIÓN


Los ciudadanos parecemos buscar los referentes informativos que reafirmen nuestras propias convicciones frente a aquellos que las pongan en cuestión o las contradigan. Pienso que algo de ello hubo durante el “Procés” y lo seguirá habiendo.


Los que querían encontrar términos como presos políticos en lugar de políticos presos, President y Consellers, en lugar de ex-President y ex-Consellers, Referéndum del 1-O, en vez de Referéndum ilegal, además de ver tertulianos comprometidos con la causa de la independencia o de no ver el discurso del rey por Navidad, porque no se programó, ya sabían que tenían que sintonizar TV3.


Los altavoces para movilizar a la ciudadanía estuvieron puestos en uno y otro lado, las redes sociales se encargaron de amplificar el sonido con sus virtudes y defectos. 


Ha habido mucha información, pero también mucha manipulación, aunque a veces se diría que nos gusta ser engañados y actuamos de correa de trasmisión de noticias falsas y tendenciosas sobre todo si están en línea con nuestra forma de ver la realidad.


Para que nuestros medios públicos respondan a la diversidad de la ciudadanía no basta con llenarnos la boca con conceptos como el bien común, el servició a los ciudadanos, la pluralidad, la libre expresión de las ideas o la ética de la profesión periodística. Tendríamos que hacer un ejercicio de autocrítica personal y estar abiertos a opiniones diferentes a las nuestras, pero parece que la equidistancia se ha convertido en la palabra prohibida en este proceso catalán. O estás con el independentismo o estás alineado con las tesis más arcaicas e inmovilistas de la unidad de España.


Cuando en momentos de crisis social y política, como los que vivimos en Cataluña, los medios públicos toman partido, muchos ciudadanos también lo hacen desentendiéndose de ellos y se pierde un nivel más en el papel integrador que tendrían que jugar, aunque las audiencias suban puntualmente.

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