jueves, 13 de diciembre de 2018
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Pablo Rodríguez Canfranc

¿Sueñan los androides con tu puesto de trabajo?

Economista



La preocupación por los efectos del avance de la tecnología sobre el empleo es una constante desde la primera Revolución Industrial. En la década de los años treinta, Keynes alertaba sobre el peligro que suponía el desempleo tecnológico para las economías, algo que achacaba a "nuestro descubrimiento de formas de ahorrar el uso de mano de obra a un ritmo mayor del que encontramos nuevos usos para la mano de obra" (Economic possibilities for our grand children, 1930). Generalmente, en el pasado toda revolución tecnológica ha acabado a medio plazo creando más empleo que el que destruía. Sin embargo, las transformaciones socioeconómicas que traen consigo la robótica y la inteligencia artificial plantean dudas acerca de que esa máxima se cumpla ahora ¿Hasta qué punto los robots van a desplazar a los trabajadores humanos?



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En un primer momento los autómatas estaban relegados al entorno fabril, como máquinas herramientas, ocupados de realizar trabajos manuales en las cadenas de producción. El robot industrial dista mucho de la imagen humanoide con la que tradicionalmente nos regala la ciencia ficción -es más parecido a un brazo mecánico o a elementos de la serie de montaje-, y nos costaría asociarlo con un ente inteligente. Pero el campo de la inteligencia artificial ha superado hace tiempo al ser humano en potencia de cálculo, capacidad para almacenar información o en establecer relaciones entre los datos.


En los últimos tiempos factores como el machine learning, o la posibilidad de que las máquinas aprendan, y la explotación y uso del big data, han convertido a numerosas profesiones en susceptibles de ser realizadas por ordenadores,pues como afirman J. McCormack and M. d’Inverno (On the Future of Computers and Creativity, 2014): "sabemos construir maquinas que pueden aprender y variar su comportamiento mediante la búsqueda, la optimización, el análisis o la interacción, permitiéndoles descubrir nuevos conocimientos o crear artefactos que exceden aquellos de sus diseñadores humanos en contextos específicos".


Los robots van a suplantar a los humanos


En la práctica, lo anterior implica que numerosas tareas consideradas "creativas" y relegadas a ser desempeñadas por personas, ya son realizables por la inteligencia artificial. Los robots ya no se van a limitar a los trabajos monótonos y repetitivos en las fábricas y cada vez en mayor medida van a suplantar a los humanos en cosas como la atención al público o la asesoría en distintos campos, por poner dos ejemplos específicos.



El campo de la inteligencia artificial ha superado hace tiempo al ser humano en potencia de cálculo, capacidad para almacenar información o en establecer relaciones entre los datos



Los investigadores de la Universidad de Oxford Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne revelan en un estudio (The future of employment: how susceptible are jobs to computerisation?, 2013) que casi la mitad de los trabajos que existen actualmente en los Estados Unidos (47%) presentan un riesgo elevado de ser automatizados. Para ellos, alto riesgo supone que sean desempeñados por máquinas a lo largo de la década que viene o en la siguiente. Entre los trabajadores amenazados, el modelo predictivo desarrollado incluye a la mayoría de los sectores de la logística y el transporte y también a los que llevan a cabo tareas de oficina y administrativas. Los autores concluyen que los trabajadores poco cualificados tendrán que reconvertirse hacia la realización de tareas que no sean automatizables, es decir, que requieran habilidades relacionadas con la inteligencia social y la creatividad.


Otro estudio, esta vez publicado por Nesta en 2015 (Creativity Vs. Robots. The Creative Economy and the Future of Employment), coincide en que solamente las profesiones creativas esquivarán la inteligencia artificial, puesto que las máquinas no superan a las personas en tareas en las que el producto final no está bien especificado, que requieren de interpretación, y cuando estas se llevan a cabo en entornos complejos. Los datos que aporta el documento califican como creativo el 21% del empleo en EE.UU. y el 24% del de Reino Unido, siendo en estas proporciones difícilmente sustituible por artefactos más o menos inteligentes.


La ciencia de la inteligencia artificial avanza a pasos agigantados. Ya están entre nosotros los sistemas de asesoramiento como Siri de Apple, Cortana de Microsoft y Watson de IBM, por mencionar los más conocidos. En el campo de la logística, encontramos al robot Kiva que el gigante Amazon utiliza para la gestión de mercancías en sus almacenes (15.000 robots Kiva en 10 bodegas de la empresa en EE.UU.) y en el del transporte destacan los coches autónomos que funcionan sin conductor, como el prototipo desarrollado por Google o los modelos de la compañía Tesla.


¿Existe una última frontera, un límite que la inteligencia artificial no pueda superar? No hay un acuerdo a este respecto entre los distintos científicos y tecnólogos expertos en cibernética. De hecho, existen tres posturas diferenciadas sobre la capacidad de emular la mente humana por los ordenadores, descritas en el estudio de Fundación Telefónica, "El trabajo en un mundo de sistemas inteligentes".



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Los ordenadores nunca gozarán realmente de inteligencia


En primer lugar, encontramos a aquellos que defienden el concepto de inteligencia artificial fuerte para los que las máquinas no encontrarán barreras en el desarrollo de su inteligencia. A fin de cuentas, la conciencia y otros fenómenos mentales son equivalentes a los fenómenos computacionales (las neuronas se comportan como sistemas de ceros y unos al dejar pasar impulsos o no) y por lo tanto podrán ser perfectamente replicados por los ordenadores.


Otra postura menos optimista, la que postula el principio de la inteligencia artificial débil, admite que los procesos cerebrales son susceptibles de simulación, pero dicha simulación es algo alejado de la conciencia (como una recreación de lluvia es algo alejado de la lluvia). Aunque los ordenadores probablemente podrán llegar a ejecutar esas simulaciones, nunca gozarán realmente de inteligencia.


Por último, los más escépticos afirman que los procesos cerebrales no pueden ser simulados por computadoras. Esta teoría parte del dualismo, una tesis que defiende que hay dos clases de fenómenos en el universo: los físicos y los mentales. En este caso, no es posible que los ordenadores desarrollen la inteligencia y tampoco que sean capaces de simular procesos inteligentes.


Sobre los efectos de la revolución robótica en el empleo, la citada publicación El trabajo en un mundo de sistemas inteligentes también ofrece un abanico de perspectivas, desde las más apocalípticas hasta situaciones menos lesivas para el trabajador humano. Los autores del trabajo definen tres escenarios laborales alternativos para el horizonte 2030.



Los trabajadores poco cualificados tendrán que reconvertirse hacia la realización de tareas que no sean automatizables, que requieran habilidades relacionadas con la inteligencia social y la creatividad



La visión más optimista del futuro predice que, al igual que en épocas precedentes de la historia, el volumen de trabajo que crea el cambio tecnológico es superior a los empleos destruidos. Esta tesis parte de los supuestos de que las revoluciones tecnológicas crean más nuevos empleos que los que destruyen, que determinadas tareas solamente podrán ser desempeñadas por humanos y que, en cualquier caso, la aplicación práctica del desarrollo tecnológico no es tan rápida y son necesarios bastantes años para que desarrollos tan complejos acaben resolviendo todos los posibles casos y matices que se pueden presentar.


La visión pesimista y desoladora de la transformación del mercado de trabajo distingue el momento actual de otros periodos de transformación precedentes, afirmando que, en este caso, los puestos de trabajo destruidos son más de los que crea la nueva tecnología, principalmente porque el desplazamiento de trabajadores debido a la automatización es ya un proceso en marcha que irá creciendo con el tiempo. Las máquinas están desplazando rápidamente a los humanos generando grandes bolsas de desempleo que propician una desigualdad profunda en la sociedad.


Finalmente, el último escenario descrito es una versión matizada "con final feliz" de la perspectiva pesimista. A pesar de la destrucción de empleo que trae consigo la inteligencia artificial, se confía en que la acción institucional y otros factores suavizarán el efecto catastrófico del cambio tecnológico sobre el empleo. Las razones que apoyan esta esperanza son la creencia en que las estructuras sociales, legales y regulatorias minimizarán el impacto negativo en el empleo y que los cambios serán graduales, permitiendo a los agentes públicos corregir los desequilibrios sociales.


Robots y humanos conviviendo en la empresa ya no es ciencia ficción


Estas previsiones tan catastrofistas no son compartidas por todos. El profesor Ricardo Pérez del IE Business Review contempla la adopción masiva de tecnología en el sistema productivo como una oportunidad para Europa y España (Harvard Deusto Business Review - 263, enero 2017). Sus argumentos se articulan en torno a tres planteamientos económicos. Por una parte, la revolución tecnológica abaratará hasta tal punto el coste de fabricación que la producción deslocalizada en países con mano de obra barata, especialmente de Asia, volverá a casa. Las máquinas inteligentes desplazan la ventaja competitiva, desde el trabajo abundante basado en salarios bajos, hasta la que aporta la tecnología de vanguardia. El reto para el autor será el disponer de todos los perfiles profesionales científicos y técnicos que harán falta en este escenario.



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Ricardo Pérez prevé una nueva ola de creación de empleo asociada a la relocalización de la producción en Europa, en este caso, centrada en la industria de apoyo, la encargada de fabricar máquinas herramientas y robots, así como el personal de soporte de las actividades fabriles.


El último factor que menciona es la aparición de empresas, en Europa y en España, más competitivas. En este caso, habla del surgimiento de startups tecnológicas, no tan centradas en el desarrollo de apps y servicios como las que hay ahora, sino más orientadas a la comercialización de cosas, a la creación de productos físicos y reales. El impulso institucional para garantizar la aparición de clusters de startups es decisivo para asegurar la formación de un tejido empresarial innovador y generador de empleos de alta calidad.


Los robots y los humanos conviviendo en las empresas, trabajando mano a mano, ya no es una estampa de la ciencia ficción. Robots que dirigen equipos de humanos tampoco será raro en este mundo tecnológico que poco a poco nos arropa.



Las máquinas inteligentes desplazan la ventaja competitiva, desde el trabajo abundante basado en salarios bajos, hasta la que aporta la tecnología de vanguardia



No está de más acabar este artículo recordando un relato clásico del género fantástico, El amo ha muerto (A farewell to the Master, 1940), que dio pie al guion del film Ultimátum a la tierra (Robert Wise, 1951). La historia describe el aterrizaje en Washington de una nave espacial tripulada por un extraterrestre Klaatu y por un poderoso robot, cuya misión es avisar a las naciones terrícolas de que abandonen la agresiva carrera nuclear si no quieren que las civilizaciones más avanzadas del cosmos acaben con la amenaza que suponen para la paz. Tras numerosas vicisitudes, el alienígena Klaatu es herido de muerte por los violentos humanos y trasladado a la nave por el robot. El protagonista del relato, Cliff Sutherland, se dirige al robot antes de que parta hacia su planeta y le pide que le transmita a su señor que todo ha sido un accidente, que no lo tomen en cuenta. La respuesta del androide Gnut (en la película se llamaba Gort) le deja de piedra: "No lo has entendido, yo soy el señor". Era una civilización tan avanzada que dejaba el mando absoluto de las misiones a las máquinas. ¿Llegaremos a tener nosotros jefes robóticos?



Pablo Rodríguez Canfranc es economista y actualmente desarrolla su actividad profesional en el área de cultura digital de Fundación Telefónica, en funciones relacionadas con la gestión y difusión de publicaciones. Colabora regularmente, entre otros medios, con Drugstore, El Diario Fénix y MúsicaAntigua.com



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