miércoles, 17 de octubre de 2018
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Gloria Álvarez Hernández

¿Los robots actuales son las TIC?

Ingeniera de Telecomunicación

Los robots llegan... pero no tan pronto


En Agosto de 2016, la consultora americana Gartner en su modelo anual del Ciclo de sobre-expectación de tecnologías emergentes agrupaba a un conjunto de tecnologías en la era de las máquinas inteligentes. Éstas comprendían smart dust (polvo inteligente), el machine learning (máquinas que aprenden), asistentes personales virtuales y cognitivos, asesores expertos, descubrimiento de datos inteligentes, lugar de trabajo inteligente, robots inteligentes, vehículos autónomos, drones, análisis de personas, etc. Según Gartner, serán las tecnologías más disruptivas en los próximos diez años, por un cambio radical en la capacidad de procesamiento y la gestión de cantidades ingentes de datos, junto con los avances sin precedentes de las redes neuronales. La Estrategia 2020 de la UE para la robótica concuerda con este horizonte temporal planteado y su gran impacto en la sociedad.



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Entre las tecnologías que van a facilitar las comunicaciones entre máquinas se encuentran también las relacionadas con el Internet de las Cosas (Internet of Things - IoT), sobre las que se estima que tardarían de 5 a 10 años en alcanzar la adopción temprana. Para sostener las necesidades de procesamiento de las tecnologías emergentes, serán relevantes el uso de nuevos materiales como el "grafeno" y la computación cuántica a la que le quedarían más de 10 años. Otros soportes claves para la robótica incluyen el llevar los robots a la nube o cloud robotics y el sistema operativo de robots ROS (Robot Operating System).


En cuanto a los tipos de robots y su adopción, los industriales para el uso en aplicaciones automáticas en las industrias son los que ya se están adoptando o van a adoptarse antes que los robots de servicios. Estos últimos son diseñados para apoyar, acompañar y cuidar a las personas, compartiendo el entorno humano y realizando las tareas asignadas que denotan una inteligencia básica. A medida que en un robot se aumenta el grado de autonomía y la complejidad de tareas a realizar (desestructuradas, complejas o que requieran interaccionar con los humanos de forma natural), tardaría más tiempo en llegar.


El informe mundial de robótica de 2016 publicado por la Federación Internacional de Robótica (IFR) estima que la industria del automóvil es el mayor consumidor de robots industriales con el 70% de los robots instalados, seguida por la electrónica con el 18% y la metalurgia con el 13%. Este informe también señala que el número de robots domésticos alcanzará 31 millones entre 2016 y 2019. Por utilizar orden de comparación, esta cifra estaría muy lejos de los más de 2000 millones de televisiones conectadas que estima Strategic Analytics para el 2018, moviéndose, por tanto, en tasas de adopción de menos del 2%.


En definitiva, desde un punto de vista de la madurez de las tecnologías, los anteriores análisis sugieren que todavía queda camino que recorrer y se necesitaría nuevo conocimiento para integrar las distintas piezas tecnológicas. Sigue habiendo expectativas infladas en los medios, se hace mucho eco de ellas en conferencias (Robobusiness, Global Robo Expo, Robotworld, etc.) y apenas hay prensa negativa, aspectos indicativos de que la tecnología aún no está suficientemente madura. 



Todavía queda camino que recorrer y se necesitaría nuevo conocimiento para integrar las distintas piezas tecnológicas



Otros indicadores de innovación como el número de patentes, el número indeterminado de desarrolladores de aplicaciones para ROS, los ingresos por ventas en inteligencia artificial ínfimos si los comparamos con otros segmentos, una posible burbuja en el acceso a financiación de la inteligencia artificial, y una adopción de los robots todavía baja, apuntarían a que las tecnologías robóticas se mueven en la infancia. No obstante, es probable que en la próxima década se produzca un punto de inflexión en el que se sobrepase el 16%-20% de adopción.


Efectos de primer orden. ¿Desempleo... masivo?


En el ámbito de los efectos de primer orden (económicos, rápidos y relativamente fáciles de medir), las perspectivas no parecen ser halagüeñas para el empleo como Andrés Ortega nos expone en La imparable marcha de los robots. Numerosas fuentes del ámbito privado y público (Bank of America, Merrill Lynch, Banco de Inglaterra, Caixa Bank, Foro Económico Mundial, McKinsey, Fundación Telefónica), o de la academia, con investigadores de inteligencia artificial como la japonesa Noriko Arai, que predice el desplazamiento masivo del trabajo, artículos de investigación entre los que se encuentran los mediáticos los de Frey y Osborne de Oxford, de la que se nutren la mayoría de los anteriores informes o los últimos de Brynjolfsson y McAfee, sugerirían que entre el 30% y 60% de los trabajos están en riesgo de automatización o serán sustituidos por robots, lo que podría contribuir a la desaparición de la tercera parte del empleo mundial, a la vez que a un "ahuecamiento" de la clase media.


No sólo los trabajos rutinarios de menor cualificación serán los que desaparecerían, sino también los que se pueden predecir, afectando a trabajos de los más cualificados, "los de cuello blanco", como comentaba Martin Ford en su libro The rise of the robots. Technology and the threat of mass unemployment. Estas fuentes se engloban en una visión pesimista, que sugiere que se destruirán/están destruyendo más puestos de los que se crean/crearán. No obstante, algunas de ellas podrían incluir varios problemas metodológicos, uno de ellos es la dificultad para caracterizar un trabajo como rutinario per-se, porque incluso dentro de un mismo trabajo las variaciones de rutina son importantes, según apunta el profesor Óscar Pérez Zapata en una reseña realizado para el Observatorio De Las Ideas de un informe de Eurofund que versa sobre los cambios de la naturaleza del trabajo.



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En la versión optimista, se encuentran autores como James Bessen, economista y profesor de la Universidad de Michigan que habla del dilema de la automatización: a medida que los ordenadores empiezan a hacer el trabajo de las personas, las necesidades de las personas a menudo también aumentan. La automatización de tareas no implicaría necesariamente pérdida de empleo, si no que las ocupaciones que usan más los ordenadores serían las que habrían tenido un mayor crecimiento hasta la fecha, mientras que las que no, habrían sufrido las mayores pérdidas. La Federación Internacional de Robots parece concordar con esta tesis, en el sector de automoción en Alemania el número de empleados se incrementó en un 2,5% en media entre 2010 y 2015 al tiempo que el número de robots crecía un 3% anualmente. 


O la perspectiva de Thomas Davenport y Jula Kirby (Harvard Business Review 2015 y 2017) que proponen cambiar la mirada. En vez de centrarnos en las tareas que ya no podrán realizar los humanos, hay que pensar en las nuevas hazañas que el hombre puede realizar si tiene a las máquinas como apoyo. Sugieren además, cinco estrategias para afrontar la automatización entre las que se encuentran, superar en ciertas habilidades a las máquinas, centrarse en habilidades que no tienen la máquinas o en tareas que no se pueden automatizar, trabajar con máquinas o crear la nueva generación de máquinas de inteligencia artificial. A este lado más optimista, también se unen informes de prospectiva, por ejemplo, el realizado para el gobierno de Reino Unido sobre las nuevas profesiones del futuro que van a aparecer, tales como fabricantes de partes del cuerpo, nano médicos, especialistas de bienestar de la tercera edad, cirujanos de aumento de memoria, etc.


En un grado intermedio, como señalaba un informe de la Fundación Telefónica, estaría el escenario pesimista que es frenado por las administraciones públicas que tratarían de corregir los desequilibrios con políticas. Entre las políticas que se empiezan a discutir se encuentran la de reducir las jornadas laborales, mover regímenes fiscales al capital, desincentivar la sustitución de la mano de obra en el corto plazo, cubrir puestos de trabajo de mayor demanda (por ejemplo los de IT) o la garantía de una renta básica universal con las que algunos países como Finlandia hacen pruebas y que defienden empresarios, sociólogos, filósofos, etc. como Elon Musk, Martin Ford, Naomi Klein o Philippe Van Parijs. Estas políticas contrastan con las que propone Bessen, para favorecer la especialización y estandarización en las habilidades "hard", más técnicas, que necesitan los trabajos de mayor demanda o las del informe del Foro Económico Mundial del 2016 que destacaba las habilidades "soft" del siglo XXI entre las que se encontraban el pensamiento crítico y la creatividad. 


Reflexionando sobre los efectos de segundo orden, antes que los de los robots, los de las TIC



Nuevas profesiones del futuro que van a aparecer, tales como fabricantes de partes del cuerpo, nano médicos, especialistas de bienestar de la tercera edad, cirujanos de aumento de memoria, etc.



La tecnología que un día creó para un propósito específico tiene en el largo plazo unos efectos difíciles de predecir, los llamados de segundo orden que cambian las organizaciones y las sociedades. No hemos digerido todavía lo que significa la revolución de las TIC para crear nuevas formas de trabajar y organizarse en un nuevo paradigma, cuando se empieza a superponer el inicio de otra nueva revolución industrial, la cuarta, la de la inteligencia artificial, robótica, internet de las cosas, vehículos autónomos, computación cuántica...


Según la economista británico chilena Carlota Pérez, que estudió los patrones de las revoluciones tecnológicas de los últimos dos siglos, ahora mismo estaríamos en el intervalo de reacomodo de la revolución de las TIC. Este intervalo se encuentra entre el periodo de instalación de las nuevas tecnologías (TIC, Internet) y un periodo de despliegue de mayor bonanza en el que se aprovecha todo el potencial de las tecnologías. 


Este intervalo de reacomodo se caracterizaría por una polarización y aumento de desigualdades entre ricos y pobres y el desajuste creciente entre la economía por la instalación de la tecnología previa y el sistema social regulatorio que no funcionaría para el segundo periodo que vendría. Para ella, si queremos avanzar hacia un nuevo paradigma del segundo periodo, hacia un mayor bienestar en el que se aproveche la tecnología en todos los ámbitos de la sociedad y para las nuevas formas de trabajo, la solución habría que buscarla en las políticas no en la tecnología.



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Antes de socializar con los robots, tendríamos que aprovechar al máximo las capacidades que nos han proporcionado las TICs e Internet para contribuir a resolver los grandes desafíos de la sociedad. Entre los efectos de segundo orden (más socioculturales que lo impregnan todo y son los más difíciles de predecir y de medir) de las TIC, tendríamos que observar sus consecuencias en las nuevas formas de trabajar y organizarse. Un ejemplo paradigmático es la llamada gig economy/economía colaborativa. Alibaba supera a Walmart como el mayor minorista por volumen y emplea a un 47% de mujeres, AirBnB superará en número de habitaciones a la mayor cadena hotelera, y el Über chino Didi Chuxing, a mitad de 2016, tenía 5000 empleados de media de edad de 26 años trabajando para él, y sin embargo las políticas y las leyes para proteger a los empleados de estas plataformas y para favorecer esta economía colaborativa que rompe con las formas de trabajo antiguas están en estado embrionario.


Jack Ma, de Alibaba en su entrevista en el Foro Económico de Davos de 2017 lanzaba un mensaje final a todos los países muy alineado con la investigación de Carlota Pérez, "los próximos 30 años son críticos para el mundo, cada revolución dura alrededor de 50 años, los primeros 20 años son de las compañías tecnológicas, los siguientes 30 años son sobre la implicación de la tecnologías, en los 20 primeros años, tuvimos a eBay, Amazon, Facebook, Google, Alibaba, los 30 siguientes son para hacer la tecnología inclusiva para que el mundo cambie".


En la próxima década además de esperar la llegada de los robots nos estamos jugando mucho más. 



Gloria Álvarez Hernández es ingeniera de Telecomunicación (UPM) y doctora en Psicología Social (UCM). Profesora de innovación (UOC y UC3M) y socia directora de dubitare, un think tank europeo especializado en la investigación social aplicada, además de miembro del Equipo de Investigación del Observatorio De Las Ideas. 



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