jueves, 15 de noviembre de 2018
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Redacción

La crisis da alas a la economía clandestina valenciana

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Salvador Faus. Periodista

La caída de la actividad económica y las precarias condiciones laborales en que se desarrolla el mercado del trabajo están dando alas a la economía sumergida en la Comunidad Valenciana, un territorio en donde queda aún mucho por hacer para erradicar la figura del empresario sin escrúpulos que juega con las necesidades humanas para enriquecerse y en donde se calcula que el 25% del PIB autonómico se genera en negro.

La economía sumergida forma parte del ADN de los valencianos y tanto se incardina en su tejido productivo que se ha hecho tan normal el "¿Con IVA o sin IVA?" al presentar una factura como el competir por levantar las mejores fallas cada primavera. Al margen de haber sido siempre una lacra en la ahora alicaída industria manufacturera y en distintos sectores productivos, el pago en negro ha sido y es una constante que va a más como consecuencia de la actual depresión económica.

Con dinero negro se pagaron miles de compraventas de solares y de apartamentos turísticos hasta que estalló la burbuja inmobiliaria. En B se saldan corruptelas varias, chapuzas domiciliarias, salarios, dietas y horas extraordinarias fuera de los convenios. En B se han abonado tantos coches de lujo que aún se recuerda en los concesionarios la figura del constructor cargado con una bolsa de supermercado llena de billetes y dispuesto a llevarse el automóvil más caro. Y en negro se han pagado sobresueldos, como los que hasta este año recibían dentro de un sobre los diputados del PP del Parlamento valenciano, una práctica que a algunos de ellos les ha supuesto un ingreso mensual de hasta 2.500 euros.

Uno de cada cuatro euros que circula es negro

Las estadísticas oficiales reflejan que una cuarta parte de la economía valenciana está fuera de control o "sumergida". Es decir, "clandestina" u "oculta". O ambas cosas a la vez. Con un 28'3% de paro -según la EPA del pasado septiembre-, un tejido productivo desmembrado, un sistema financiero liquidado, un déficit público descontrolado y un gobierno autonómico quebrado política y económicamente, los males de la economía valenciana no solo tienen una difícil solución, sino que las prácticas de la economía no oficial se han incrementado a medida que crecía la crisis y disminuía la actividad económica.

Según las estimaciones presentadas el pasado octubre por el sindicato Comisiones Obreras, el 25% del PIB valenciano procede de la economía sumergida, una cifra muy próxima a la última estadística oficial disponible, el informe de 2011 de la asociación de técnicos del ministerio de Economía y Hacienda (Gestha), que la fijaba en el 24,3%, más de un punto superior a la media española. Dicho de otra manera: uno de cada cuatro euros que circula por el País Valenciano es irregular. Y eso, en una comunidad autónoma con un PIB cifrado en 100.000 millones, son nada menos que unos 25.000 millones generados en negro.

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