lunes, 21 de mayo de 2018
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Peru Erroteta Periodista


En esta publicación rica y documentada, el principio de lo "común" -entendido como una categoría que se abre paso ante lo que tradicionalmente se ha venido entiendo por "publico"- se plantea como una reivindicación de la democracia radical.


Los autores analizan diferentes movimientos sociales contemporáneos, como las luchas contra la extensión de la propiedad intelectual, el movimiento "occupy", los "indignados", la remunicipalización del agua en Nápoles, la ocupación de la plaza Taksim en Estambul? Dardot y Laval, los autores, reducen estas luchas a un mismo proyecto democrático de resistencia a la privatización y la mercantilización bajo diferentes formas, incluida la privatización de los servicios públicos.


Esta interpretación tiene el inconveniente de alejarse del discurso de los actores, que se encuentran muy lejos de presentarse como partes integrantes de un movimiento común de superación del capitalismo. Otro escollo es la idea de amalgamar no sólo los movimientos sociales, sino también las cuestiones a las que se refieren, que merecen ser individualizadas. Los autores comienzan asociando la mercantilización de nuevas esferas de la existencia (commodification), el creciente poder de las multinacionales (corporatization) y el crecimiento de la propiedad privada exclusiva (propertization). Y es cierto que con el triunfo del neoliberalismo, estos tres fenómenos discurren frecuentemente en paralelo. Por citar un ejemplo, cabe señalar que la "corporatización" va actualmente ligada a la renuncia a la propertización. Lo cual muestra la participación masiva de las multinacionales de la informática y de Internet (IBM, Oracle, Google, Facebook, etc.) en el ámbito del software libre, este "común" al que, se le supone, renuncia a la propiedad exclusiva sobre el código informático.


Dardot y Laval no ignoran estas evoluciones del capitalismo contemporáneo, que tienden a refutar la tesis de una oposición frontal entre los regímenes de propiedad más abiertos y el neoliberalismo. Los párrafos que consagran a la crítica de las tesis de Negri y Hardt testimonian una voluntad de tener en cuenta esta interpenetración creciente entre la economía capitalista y los "communs". Así, reprochan a los autores de "Imperio" su interpretación de la lógica del capitalismo contemporáneo, en términos de depredación de una riqueza común producida ex-ante, de forma independiente y autónoma. Ven en esta tesis una recuperación de los argumentos de Prohudhon sobre la explotación del capitalismo como un robo permitido por "un cierto número de dispositivos jurídicos y políticos, fundamentalmente la propiedad privada y el Estado. Consideran sobre todo que este marco de análisis "prohudoniano" oculta la manera en que el capitalismo organiza siempre la producción de riqueza y no se contenta con captar un valor que estaría producido independientemente de él. Lejos de constatar un "autonomización" de la producción, Dardot y Laval insisten sobre las nuevas formas de organización capitalista del trabajo, deteniéndose en "la naturaleza perfectamente ambigua de la 'autonomía' concedida a los asalariados" y sobre el endurecimiento del ámbito salarial.


Un principio político de autogobierno


Una de las principales tesis de la obra es la que trata de distinguir entre lo que generalmente se entiende por bienes comunes -es decir, los recursos a los que se aplican regímenes jurídicos que permiten el intercambio y la gestión colectiva- y el "común", tal como se empieza a entender. A este propósito, los autores escriben: "Lo 'común' no es un bien, y el plural no cambia nada a este propósito, ya que no se trata de un objeto. Se trata de un principio político, a partir del cual debemos construir los "comunes" y referirnos a ellos para preservarlos, extenderlos y llevarlos a la práctica". Propuesta crucial, que conlleva diversas implicaciones:


La afirmación "del común" tiene como primera función la de romper con una perspectiva economicista. Tras recordar la tipología de los cuatro tipos de bienes (privado, público, de club, común), a partir de los trabajos de Samuelson, los autores reprochan a este identificar "el común" "a ciertas propiedades que poseerían las cosas por sí mismas". En el análisis dominante en economía, ciertos objetos son aprehendidos como bienes comunes, porque tienen como característica intrínseca no ser exclusivos y rivales (el consumo de un bien por un individuo impide, reduce o degrada el consumo del bien por el individuo). Es el caso, por ejemplo, de una playa muy frecuentada, una zona de pesca, pastos comunales, etc. Este análisis conlleva una forma de naturalización o "cosificación" de los comunes, en la medida en que la naturaleza de estos bienes (que los juriconsultos romanos ya denominaban los res comunes) reclaman un modo de gestión y un estatus jurídico particulares.


Los autores detectan una tendencia a la naturalización de los comunes en la economía política estándar y también entre autores más heterodoxos. Sostienen que Elinor Ostrom, a pesar de las aportaciones de su reflexión sobre la institución de los comunes, sigue "dependiendo todavía de los marcos naturalistas del pensamiento económico dominante", en la medida en que considera "que existen recursos particulares que exigen, por naturaleza, una gestión colectiva". Sin embargo, la Premio Nobel de economía ha afirmado en diversas ocasiones que no hay ningún vínculo de causa efecto entre la naturaleza de un recurso y el régimen de propiedad que le es aplicado. E incluso precisa, en un artículo firmado con Charlotte Hess, que la imputación de tal vínculo es "una de las cuatro confusiones fundamentales", que oscurecen el pensamiento de los comunes: "No existe ninguna asociación automática entre los common-pool recursos y el régimen de propiedad común o cualquier otro régimen de propiedad". No se puede negar más claramente la naturalización de los comunes. Otra cosa es decir, cómo ello lo hace, que los modos de gobernanza deben ser adaptados a los bienes de los que hay que hacerse cargo y a las situaciones locales.


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