viernes, 25 de mayo de 2018
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Redacción

Sanidad Privada: su relevancia y sinergias con la sanidad pública

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Nicola de Chiara. Strategic Partnership Manager. Otsuka


En los últimos años hemos asistido en todos los sectores económicos a la aparición de nuevos segmentos de mercados que nunca nos habíamos imaginado y que aportan valores y aplicaciones enormes, y que en muchos casos, nos han facilitado el desarrollo de nuestro día a día.


Esta situación es debida en mayor medida como resultante del cambio o mejor dicho, de la transformación del panorama económico tal como lo habíamos conocido; la necesidad de reinventarse ha contribuido enormemente en esta metamorfosis que ha trastocado casi todos los sectores económicos.


Solo uno de ellos se resiste al cambio: el sistema sanitario público, ese coloso que presta una labor asistencial de gran calidad a la totalidad de la población, pero con una estructura destinada a una profunda renovación tanto a nivel estructural como en su gestión empresarial, para no sufrir el más que probable peligro de extinción.


La organización a nivel empresarial brilla por su ausencia o precariedad, y el alto grado de burocracia e implicación de los directivos define su idiosincrasia poco dada a grandes cambios. Si además consideramos las diferentes políticas sanitarias aplicadas en cada una de las comunidades autonómicas y el panorama de difícil entendimiento entre los diferentes decisores y la industria farmacéutica, se entiende que la sanidad no puede presumir de grandes avances en línea con los nuevos aires que van soplando.


Las iniciativas dirigidas a una profesionalización de los directivos de la sanidad se están multiplicando para dotar a los responsables de la gestión sanitaria de herramientas más agiles que les permitan no solo adaptarse a los cambios, sino ser capaces de anticiparse a los mismos.


Un antiguo proverbio chino afirmaba que cada situación de crisis representa una oportunidad: podríamos decir que esta circunstancia es justamente lo que han sabido ver los grupos sanitarios privados que gradualmente se han ido introduciendo en el panorama sanitario español y actualmente representan una alternativa de calidad a un sistema sanitario público asfixiado entre recortes presupuestarios y masificación en los centros, recortes en investigación y un largo etcétera que han puesto los dos bandos, el privado y el público, en clara disputa territorial y de protagonismo.


Según datos publicados en el último informe del IDIS (Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad) hay más de 7 millones de usuarios de la sanidad privada que, sumados los 2 millones adscritos a mutuas administrativas (Isfas, Muface y Mugeju) evitan un mayor colapso de la sanidad pública ayudando de esta manera a una mayor sostenibilidad del sistema.


Hablar de sanidad pública es referirse a los continuos recortes de personal y presupuestarios; demoras en las listas de esperas; copagos; servicios concertados; modelos de gestión asistencial atomizados según la comunidad?


La sanidad privada reclama su protagonismo y su papel de partner con el cual se debería contar para redefinir el plan estratégico de la sanidad nacional. El 26% del gasto sanitario ya está directamente imputado a la sanidad privada representando alrededor del 2,5% del PIB.


Este artículo pretende ser una reflexión y abrir un debate muy interesante que se está cociendo en todos los foros sanitarios: ¿Pueden convivir la sanidad pública y la privada?


En mi opinión aparte de coexistir deberían ser capaces de crear sinergias que al final deben representar una mejor y mayor calidad asistencial de la población.


Nuestros centros hospitalarios han sido y deberán seguir siendo un referente internacional por su calidad, innovación y su alto nivel tecnológico, pero esto pasará seguramente si seremos capaces de aprovechar el buen hacer que el sector público y el privado sean capaces de poner en común.


Una vez analizados los diferentes escenarios, hay que ser valientes y plantearse algunas modificaciones de calado y que intentaré explicar a continuación y que representan una nueva forma de entender la oferta sanitaria del futuro, que sin duda aúna las diferentes sensibilidades del ámbito público y el privado.


El reto de la financiación


La colaboración público-privada en la compra de productos y servicios debería ser una práctica habitual a medio plazo, un marco nuevo donde tanto el comprador como el vendedor comparten los riesgos y los resultados. El paradigma existente está acabado y todos estamos obligados a una profunda revisión, incluyendo el sector de la industria farmacéutica cuyo papel deberá ser más participativo en las decisiones futuras y que sea visto como un partner de confianza y no como un mero negociador de moléculas.


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