martes, 26 de mayo de 2020
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Carmen P. Flores

​El futbol, un negocio muy lucrativo

Directora de TEJ. Periodista

Hablar de futbol es hablar de religión, política, sociología y, por supuesto, economía. El futbol denominado como el rey del deporte es una gran industria que genera pingües beneficios. ¿Es realmente un deporte? Es algo más que eso. 


El negocio del futbol



Karl Marx acuñó la frase “la religión es el opio del pueblo”. Si hubiera nacido un poco más tarde, su frase hubiera sido “el futbol es el opio del pueblo”, teniendo en cuenta que el balompié es para algunos aficionados más que una religión que llena los estadios, concentra a millones de personas delante del televisor y compra productos relaciones con las estrellas y su equipo de futbol favorito.


El futbol podría considerarse la decimoséptima economía mundial y la principal industria de ocio en países como España. De cada 10 euros que genera la economía española, 2 son de la Liga. Más de un 1% del PIB español dependen de el . La economía del futbol crece a mayor velocidad que la economía nacional. Eso es debido a los ingresos que los clubes reciben de las retransmisiones deportivas, patrocinios y merchandising. Esos ingresos que se ven complementados ampliamente por los patrocinios de las grandes marcas no impide que estos tengan deudas con Hacienda y otros proveedores. Muchos de ellos han tenido que hacer frente con la venta de clubes a capitales extranjeros provenientes de los países árabes, chinos y en menor medida rusos. Se habla de que los equipos tienen deudas superiores a los 4.000 millones de euros, 200 de ellos con la Agencia Tributaria. El sociólogo, historiador y periodista David Godblatt considera que  "la idea de privatizar los clubes es un gran error”.


Muchos han sido las transformaciones que se han producido el mundo del futbol y todo lo que gira en torno a él. En la etapa en la que Jose Luís Núñez era presidente del Barça, el 80% de los ingresos del club provenían de las cuotas de socios, y el resto de la publicidad. En la actualidad, se ha invertido la procedencia; publicidad de marcas y derechos televisivos son los ingresos más importantes y representan más del 80%. 


Los socios, ahora, tienen un peso menor. Quizás por eso, quienes manejan las retransmisiones marcan los horarios y los días en los que se han de jugar los partidos.


¿Eso es bueno para el futbol? Por una parte, sí, ya que gracias a ello pueden sanear sus cuentas los clubes. Pero por otro, hay una dependencia casi total de ellos, situación que no es muy recomendable.


La corrupción ha sido y sigue siendo uno de los telones de Aquiles del deporte que más gente moviliza. Los grandes dirigentes nacionales e internacionales se han visto envueltos en ellos. Lo mismo que los arreglos de partidos donde jugadores y directivos se están sentando en el banquillo por estas acciones nada deportivas, poco éticas, pero sí economicistas.


El escritor uruguayo Eduardo Galeano, gran aficionado al futbol, decía que "En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, partido político o de religión, pero no de equipo de futbol"Ser “devoto” de un equipo es lo más sagrado para quienes los siguen. ¿Por qué esa devoción casi enfermiza de la mayoría de los seguidores? 


Los expertos afirman que el futbol es una válvula de escape, que hace olvidar todas las penurias y estrés vivido a lo largo de la semana. 


 ¿Es lo mismo ver un partido en el estadio que en la TV? Parece ser que no. La adrenalina del estadio es superior a la que se produce sentado delante de la caja tonta. La posibilidad de meterse con el árbitro cuando anula un gol o pita una jugada que el público considera injusta provocan que a grito pelado se acuerden de algunos de sus familiares. El desahogo con el hombre de negro hace que los aficionados salgan más ligeros del estadio, amen que durante el tiempo de duración de la contienda se olvidan de los problemas propios y del país.


Dicen que cuando hay competiciones, la gente se preocupa menos de otras cosas. Los gobiernos son conocedores de ello y se aprovechan . Ya decía el poeta romano Juvenal que “al pueblo pan y circo”, que era lo que aplicaban los emperadores romanos. Han pasado ya bastantes siglos y sigue siendo vigente esta premisa donde el circo ha dejado paso al futbol. Más de uno se acuerda, en la dictadura franquista, de las retransmisiones de partidos todos los miércoles cuando había algunos tibios movimientos obreros en las fábricas o en las universidades. Ahora, el futbol sigue siendo el circo del “pueblo”.


El profesor Gay de Liébana, en la entrevista que podrán leer en este número ,afirma que, durante el Campeonato del Mundo de futbol, no hay crisis económica mundial, y los aficionados están lo suficientemente entretenidos para pensar en otra cosa.

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