sábado, 23 de junio de 2018
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Nacido a finales de los años 20, el movimiento independentista escocés ha tenido un éxito creciente, hasta convertirse actualmente en la primera fuerza política de Escocia (…) Un nacionalismo original, socialdemócrata y europeísta.


Edinburgh castle


La sola celebración del referéndum que tuvo lugar en 18 de septiembre de 2014 en Escocia revela un cuestionamiento de la integridad de la unión política que cimienta el Estado multinacional británico. Así, desde el primer cuarto del siglo XX, las veleidades independentistas galesas, escocesas y norirlandesas han estado representadas respectivamente por tres partidos políticos nacionalistas: Plaid Cymru, el Scottish National Party (SNP) y Sinn Féin. El nacionalismo inglés, que no había logrado grandes avances en la arena política, ha encontrado una relativa representación en el United Kingdom Independence Party (UKIP), populista y euroescéptico.


El nacionalismo escocés se diferencia considerablemente de otros nacionalismos, como el vasco o el catalán, y sobre todo de los nuevos nacionalismos europeos, de perfil derechista y xenófobo ¿Cuáles son los argumentos en el corazón de la ideología nacionalista escocesa? ¿Hay que entender la consulta (referéndum) como una crítica al poder político británico? ¿Es síntoma de una crisis institucional más prolongada?, se pregunta Arnaud Fiasson


EL AVANCE NACIONALISTA EN ESCOCIA 


La unidad política británica, que hace del Reino Unido un Estado multinacional, reposa sobre tres uniones territoriales, la de Inglaterra con el país de Gales (1536), Escocia (1707) e Irlanda (1800). El nacionalismo irlandés, del cual el Sinn Féin se hizo con el liderazgo, desde su creación en 1905, tomó la forma de una revuelta en 1916, anunciando con ello nuevos conflictos armados. 


Aguijoneados por el precedente irlandés, los nacionalismos escocés y galés aparecieron igualmente en el siglo XX, pero se diferenciaron del Sinn Féin por su pacifismo. 


Creado en 1925, Plaid Cymru se posicionó inicialmente en favor de la defensa de la cultura y la lengua gala. En Escocia, muchas organizaciones nacionalistas, que brotaban desde 1918, acabaron fusionándose progresivamente y dieron nacimiento al SNP, en 1934. En un primer momento se mantuvo al margen de la escena política y no logró más que un 5% de los sufragios hasta las elecciones legislativas británica de 1970.


Los primeros avances nacionalistas escoceses y galeses surgen en esta época por la vía de las urnas. En las elecciones de octubre de 1974, el SNP y Plaid Cymru obtienen respectivamente 11 y 13 diputados en el Parlamento británico. Cosa que se suele explicar haciendo mención al declive del Imperio, el descontento con el bipartidismo y las concesiones autonomistas hechas por el gobierno conservador de Heath (1970-1974) y laboristas Wilson y Callaghan (1974-76 y 1976-79), con objeto de frenar el posible ascenso de un nacionalismo más radical. El descubrimiento de yacimientos de petróleo y gas a lo largo de las cosas de Escocia jugó también a favor del SNP. Así, el partido lanzó la campaña (“It’s Scotland’s Oil!”), que le permitió construir un argumento económico concreto y creíble en favor de la independencia.


(…) El Thatcherismo paró durante un tiempo el crecimiento de los nacionalistas. Pero una serie de medidas particularmente impopulares en Escocia nutrió una creciente aversión hacia el partido conservador (…) Entre 1979 y 1986, la tasa de paro pasó del 4 % al 11,5%, en el Reino Unido y de 6,2% al 13,8% en Escocia (…) Más que un traumatismo, el anti-conservadurismo se convirtió en un comportamiento estructural del electorado escocés que aún perdura (…) En este contexto, los laboristas juegan la carta escocesa, esta vez con éxito (…) Dos referéndums sobre la descentralización del poder legislativo (devolution)


Fueron organizados en septiembre de 1997, uno es Escocia y otro en el País de Gales. 


A la inversa de los galeses que se pronunciaron tímidamente en favor de una asamblea (50,3%), un74,3% de los escoceses votaron a favor del establecimiento de un parlamento autónomo, medida que acabó siendo efectiva en 1999.


UN SISTEMA DE GOBIERNO A DOS NIVELES


Cuatro elecciones legislativas han tenido lugar tras la creación del parlamento escocés. Mientras los escrutinios de 1999 y 2003 se saldaron con la constitución de gobiernos de coalición entre los partido laborista y liberal-demócrata, en los de 2007 y 2011 ganó el SNP. Así, con una mayoría amplia en el parlamento de Edimburgo, estuvo en condiciones de poder legislar sobre las cuestiones que le interesaban. Pero como la Constitución británica forma parte de las competencias reservadas a Westminster, el SPD no podía declarar la independencia de Escocia. Es así como se negoció con el gobierno británico la organización de un referéndum (Edinburgh Agreement) en octubre de 2012.


CARACTERÍSTICAS DEL NACIONALISMO ESCOCÉS 


Las características históricas y culturales propias de cada parte constituyente del RU nunca han desaparecido totalmente de las consciencias colectivas. La contribución de las naciones al funcionamiento del Estado británico y de su Imperio favoreció la creación de una identidad mixta. De este modo, un escocés puede declararse británico o escocés, y las identidades nacionales no son incompatibles (…)


A contrapelo de las definiciones tradicionales del Estado-nación, Escocia sigue siendo una nación sin Estado. 


Según la formulación del sociólogo David McCrone, una nación que “aunque no dispone de un poder legislativo plenamente independiente, posee un dispositivo gubernamental relevante y con un grado de autonomía considerable”. Para los nacionalistas escoceses se trata de poner fin a la Unión de 1707 y obtener la independencia. A la inversa, los defensores de la integridad del Reino Unido pretenden mantener intacta la Unión, reivindicando su condición escocesa. El debate no está centrado en la identidad escocesa sino en la unión de 1707 y sus consecuencias políticas (…)


En el transcurso de su existencia, y particularmente en los últimos años, hemos indicado claramente que existe un consenso general en lo que concierne al nacionalismo de extrema derecha, que no es el que el SNP promete. 


“No promovemos ningún aspecto del nacionalismo étnico. Se trata de un nacionalismo cívico. Más que huir de esta terminología, es mejor adoptarla y hacer saber que este aspecto del nacionalismo cívico nos conduce a una visión positiva del nacionalismo, manteniéndonos unidos en el rechazo de otros defectos del nacionalismo, todos los cuales son fundamentalmente malos” (…)


EL SNP se diferencia de sus homólogos galés e irlandés en la medida en que la defensa de las lenguas escocesas no ha sido nunca un tema de campaña electoral (…) En el prefacio de un libro blanco publicado por el gobierno escocés en 2013 sobre su visión de una Escocia independiente, Alex Salmond, líder del SNP, explicaba: “Creo que los vínculos familiares, de amistad, históricos y culturales entre Escocia y las otras pares de las islas británicas son preciosos. Inglaterra, el País de Gales e Irlanda del Norte serán siempre nuestra familia, nuestros amigos y nuestros vecinos más próximos”.


CUESTIONES ECONÓMICAS Y GEO-POLÍTICAS


Los argumentos independentistas y unionistas están muy marcados por la economía. Los primeros proclaman que a los escoceses les iría mejor fuera de una unión política que limita el potencial de Escocia, rica en recursos humanos y materiales. Los segundos, se reafirman en la inutilidad de asumir un riesgo suplementario, en la etapa de salida de una crisis económica (…) Afirman también que el mantenimiento del nivel de vida y de los servicios públicos en una Escocia independiente estarían acompañados necesariamente de un alza de los impuestos, lo que disminuiría el poder adquisitivo de los escoceses y afectaría a la economía del país (…)


En cualquier caso, el SNP mantiene que una Escocia independiente conservaría el régimen político de la monarquía parlamentaria y a Isabel II como jefa del Estado.

La presencia de recursos petrolíferos y energéticos en Escocia ha alimentado asimismo la dimensión económica del debate. El SNP sostiene que Escocia se convertiría en el primer productor de petróleo de la UE. Ya que dispone del 60% del total de recursos del oro negro en el Viejo Continente, y que ocuparía la segunda plaza en materia de reservas de gas, tras los Países Bajos. Inspirando en Noruega, el gobierno escocés propone crear un sistema de fondos soberanos que permitiría maximizar los recursos aportados por la producción de hidrocarburos. Los unionistas se oponen a este proyecto argumentando que la volatilidad de los ingresos petroleros ha generado una diferencia presupuestaria de alrededor de 5.000 millones de libras esterlinas entre 2012 y 2013, el equivalente a los fondos que el gobierno escoces ha dedicado a la educación primaria y secundaria (…)


En vísperas del referéndum, los nacionalistas veían la independencia como la respuesta a una demanda social y la crítica al poder político del Reino Unido, ambos estrechamente relacionados (…) De todos modos, conviene recordar que los votos obtenidos por el SNP no se corresponden con una posición electoral a favor de la independencia. Se puede entender que el ascenso del partido independentista aparece como una alternativa al partido laborista y como la afirmación de una tendencia socio-democrática en Escocia (…)


Escocia representa el 8% de la población del Reino Unido e Inglaterra el 84%. En consecuencia, el resultado electoral de las elecciones legislativas británicas es tributario del voto inglés. Este fenómeno se acentuó particularmente entre 1979 y 1992, años en los que partido conservador pudo formar sucesivos gobiernos, aunque Escocia votaba mayoritariamente y de manera redundante por el partido laborista (…)


CONCLUSIÓN


El nacionalismo escocés ofrece una perspectiva de autodeterminación única en el paisaje británico y europeo. Si se diferenció de los conflictos armados que arcaron la historia política de Irlanda del Norte, se distingue igualmente del nacionalismo más tímido del País de Gales, en la que la salvaguardia de la lengua y la cultura gala ocupa un lugar central. La visión de una Escocia independiente plantea una transición progresiva que se inscribe en las tradiciones heredadas de su unión con el resto del Reino Unido, establecida de forma pacífica y por vía de negociaciones bilaterales (…)



Extractos y comentario del artículo de Arnaud Fiasson, publicado en la “Vie des idées”
http://www.laviedesidees.fr

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