miércoles, 19 de diciembre de 2018
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< ver número completo: Nacionalismo y extrema derecha II
Joan Antón-Mellón

​El auge electoral de los partidos populistas de derecha radical en Europa: nativismo y liberalismo etnocrático

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración, de la Universidad de Barcelona

La derrota del fascismo clásico (1919-1945) en la Segunda Guerra Mundial supuso la estigmatización de los idearios de Derecha Radical del primer tercio del siglo XX. Derecha Radical que formó en ese momento histórico un conglomerado de fuerzas políticas antidemocráticas para derribar los regímenes parlamentarios liberales y substituirlo por sistemas políticos autoritarios (dictaduras civiles o militares) o totalitarios (nacismo alemán, Fascismo italiano). Al perder el poder, los oportunistas desaparecieron juntamente con la mayoría de simpatizantes y sólo persistieron los creyentes, como es obvio muy minoritarios en una época de hegemonía de los valores democráticos. Las ideas antifascistas habían triunfado sobre las fascistas y por ello las diferentes constituciones europeas de posguerra adoptaron criterios democráticos avanzados, explicitados en los fundamentos doctrinales de los Estados Sociales y Democráticos de Derecho, como formas más avanzadas de los Estados de Bienestar. Pactos sociales redistributivos y unos decenios de extraordinario crecimiento económico (de 1948 a 1973), más la necesidad de contrarrestar la enorme potencia política, cultural y electoral de los partidos comunistas, consolidaron el sistema. Conservadores y socialdemócratas se alternaban en el poder dejando a la extrema derecha/derecha radical al margen del sistema de partidos y de las opciones de poder.


Elecciones


Sin embargo, en 1973 (crisis del petróleo) se produce un cambio de coyuntura económica, cesa lo que se ha venido en llamar la época de oro del capitalismo y las elites dominantes occidentales para mantener o incrementar sus márgenes de beneficio. Empieza un proceso de ruptura de los consensos sociales de postguerra y se cuestionan las políticas y los criterios base de los Estados de Bienestar intentando, gradualmente, reducir salarios, salarios sociales y prestaciones públicas. Se inicia la era del neoliberalismo. M. Thatcher y R. Reagan son los paradigmas políticos y en el terreno de la teoría política y el filósofo R. Nozick marca el camino teórico: toda redistribución es un robo que atenta contra los derechos individuales. De nuevo es la hora de los depredadores en detrimento de los solidarios. De ahí que la revolución neoliberal y/o neoconservadora de los años ochenta y noventa del pasado siglo sentara las bases del auge de los partidos neo-populistas de derecha radical. 


Jean M. Le Pen (fundador y líder del FN francés) se presentaba al principio de su reinado en la derecha radical francesa como el Reagan francés.

Pero estos nuevos/viejos depredadores tenían que legitimarse desmarcándose de sus orígenes fascistas y por ello aceptan el liberalismo, más en su vertiente económica neoliberal, que política.


HAN LOGRADO CONVERTIRSE EN LOS PARTIDOS ANTI-ESTABLISMENT


El ultra-individualismo masificado neoliberal y las enormes consecuencias económicas, sociales, culturales y políticas de la globalización (hegemonizada por criterios neoliberales) contribuirán, decisivamente, a la consolidación y legitimación en los sistemas de partidos europeos de una nueva subfamilia de partidos: la Derecha Radical Populista. De la misma forma que los fascismos de los años treinta fueron una respuesta (modernista) de Derecha Radical a las miserias de la modernidad, las actuales miserias de la posmodernidad han causado una respuesta adaptativa de los Partidos de Derecha Radical Populista: creciente desafección política, hiper-individualismo, pérdida del sentimiento de comunidad, sobreexplotación de la fuerza de trabajo no cualificada, consumismo alienante, despolitización tecnocrática, corrupción, problemas de identidad y pertenencia de poblaciones emigrantes, terrorismo, etc. 


La Derecha Radical Europea se ha puesto al día y ha adaptado su oferta a las demandas existentes. 


El FN, paradigmáticamente, ya no se presenta como un partido neoliberal sino como el defensor de las clases populares francesas traicionadas por una clase política mundializada. El enemigo ahora no es el comunismo, los nuevos chivos expiatorios son los invasores inmigrantes. Y las banderas: orden, patria, xenofobia y lograr una “auténtica democracia”.


Unas banderas crecientemente exitosas, desde los años 90 diferentes partidos europeos de esa subfamilia de partidos como el Partido de la Libertad austríaco, la Liga Norte italiana o el Partido Popular Danés acceden a sus respectivos gobiernos en coalición con fuerzas políticas conservadoras. Los Partidos Populistas de Derecha Radical rompen la anterior marginalidad y se integran en sus sistemas de partidos, siendo su influencia doble: por su misma actividad política y por su capacidad de incidir en los programas y agendas de los partidos conservadores dada su creciente fuerza electoral en lo que ha venido en llamarse en Francia “lepenización de los espíritus”.


Han logrado convertirse en los partidos anti-establishment y su crecimiento electoral va parejo al declive de los partidos comunistas y, sobretodo, socialdemócratas. 


Un tercer momento histórico en el proceso evolutivo de dichos partidos (tras el inicial y el mencionado de los años 90) tiene lugar como consecuencia de la desbastadora crisis económica iniciada en el 2007/2008. El contexto de crisis ha abierto una ventana de oportunidad que estos partidos están aprovechando, como evidencia el éxito electoral de algunos de estos partidos del centro y norte de Europa por ejemplo en las elecciones europeas del 2014. Sus votantes son, según evidencias empíricas: desafectos de partidos tradicionales sobretodo conservadores; “ninistas” (personas que se definen ni de derechas ni de izquierdas, algunos de ellos triunfadores de la globalización); minoritarios nostálgicos de extrema derecha/derecha radical y sobre todo, perdedores de la globalización (parados o sobreexplotados operarios no cualificados) en gran número jóvenes-varones con pocos estudios.


EL NÚCLEO IDEOLÓGICO ES EL ULTRANACIONALISMO XENÓFOBO


El núcleo ideológico compartido de todas estas formaciones políticas es el ultranacionalismo xenofóbico nativista y los criterios neoconservadores autoritarios populistas punitivos. Juntamente con un estilo de actuación político populista por el que se glorifica el sentido común del hombre de a pie y se glorifica sus concepciones morales conservadoras contrapuestas a las ideas y los actos de unas élites dominantes que sólo actúan, afirma la narrativa de estos partidos, a favor de sus intereses espúreos y corruptos. Según el profesor C. Mudde el nativismo puede definirse como una ideología que sostiee que los Estados deberían ser habitados por miembros del grupo nativo (la “nación”) y que los elementos no-nativos (personas e ideas) son fundamentalmente una amenaza para un estado-nación homogéneo. Mientras que el populismo es un particular tipo de movilización social y política que explicita una peculiar forma de protesta política popular en situaciones de crisis y deslegitimación sistémica, una estructura de argumentación, en donde la forma predomina sobre el fondo. Se trataría, por tanto, de un recurso o sistema de actuación política como instrumento de conquista del poder.


La alternativa como modelo social de dichos partidos es una sociedad de mercado, tan desregularizado en el ámbito territorial propio como regularizado en el plano internacional, en el que los que no pertenecen a la etnia propia, los otros -individuos clasificados jurídicamente como extranjeros- sean los nuevos ilotas de la posmodernidad, excluidos de las ventajas políticas, económicas y sociales que poseen los ciudadanos de primera, los nacionales. En realidad, un social-darwinismo institucionalizado o liberalismo etnocrático, que logra el máximo autoritarismo que un sistema formalmente democrático pueda permitir como contrarrevolución silenciosa.  

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