miércoles, 15 de agosto de 2018
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< ver número completo: Nacionalismo y extrema derecha II
Carmen P. Flores

​La ultraderecha y el nacionalismo

Directora de TEJ. Periodista

El auge de la extrema derecha y los nacionalismos en Europa, no es una moda pasajera, sino que viene para quedarse, al menos una larga temporada. Se tienen datos de su presencia en algunos países, pero la pregunta es ¿hasta dónde puede llegar su penetración en la sociedad?, después de un periodo en el que ha estado dormida, por el cambio de ciclo ideológico. Su actos y sus políticas excluyentes no habían tenido cabida en la sociedad y por eso, no han estado presente en la primera línea mediática y política de muchos países. Estaban esperando el momento idóneo para reaparecer. Lo han hecho sin prisa, pero sin pausa.


Goya duelo a garrotazos


Con el paso del tiempo, la nueva extrema derecha -la vieja se ha transformado en esta, con caras nuevas, maquillada-, dispone de nuevos argumentos. Tienen a su favor un campo abonado por la crisis económica, la inmigración y las políticas de la UE que ellos consideran negativas. Hay una serie de factores que la aglutinan; el nacionalismo , la xenofobia y el rechazo a la UE, como un elemento que es ajeno al concepto de nación en la que basa su discurso. Acusan a la institución europea de no ser capaza de impedir el paso a los inmigrantes, a los que consideran un peligro que les despoja de sus trabajos y se aprovechan de las prestaciones sociales de los gobiernos europeos. Imponen un rechazo total al extranjero.


Su discurso se ha apropiado de algunas de las propuestas de la izquierda, como cuando se proclama defensores de los derechos de los trabajadores. No están en contra del capitalismo, pero sí se muestra su rechazo al euro y a las instituciones europeas, a las que hace responsables de todos los males. Esta nueva ultraderecha, utiliza en muchas ocasiones un lenguaje antisistema que le acerca al populismo de algunos partidos de la extrema izquierda. Eso sí, se muestras a favor de la familia tradicional y en contra del aborto.


El nacionalismo ayuda a cobijarse en una identidad, una bandera, una lengua y en muchos casos una supremacía sobre otros pueblos, ¿demagogia? Esto no es gratuito y como se está viendo, conlleva situaciones realmente peligrosas que no siempre suelen controlar sus ideólogos.


Los movimiento nacionalistas se suele alimentar entre sí. Una escalada, del nacionalismo catalán como se está viviendo en Cataluña ha hecho que el nacionalismo español resurja y crezca. Al final, los extremos se tocan, tienen nexos de coincidencia. Todos los nacionalismos son excluyentes.


Uno de los esfuerzos nacionalistas, desde hace tiempo, es la de conseguir la adhesión de los colectivos de inmigantes, sobre todo los hijos y nietos de estos, con la finalidad de aumentar el espacio social. 


La colectividad andaluza, por ser la mayoritaria -también el resto- fue siempre el oscuro objeto del deseo de la antigua CDC con el espacio denominado “los andaluces de Catalunya”. Pero he aquí que, allá por el año 1958, Jordi Pujol, el padre del nuevo modelo de patria catalana escribió un libro que fue reeditado en 1976, con el título “La inmigración, problema y esperanza de Catalunya”, en el que mostraba lo que pensaba del colectivo andaluz, el más importante en la Cataluña que él siempre ha creído suya propia. “El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido…, es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituyen la muestra de un menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Catalunya. Introduciría en ella su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir su falta de mentalidad”. Aunque pidió disculpas por sus afirmaciones, lo cierto es que ahí quedaron. Eso sí, el libro ha desaparecido.


Con las afirmaciones del patriarca Pujol, creo que no hace falta hacer más comentarios. Solo les invito a seguir leyendo las aportaciones que van a encontrar en esta segunda parte de un tema que sigue estando muy de actualidad.


Como decía el gran Jaume Perich, “el nacionalismo se cree que el hombre desciende de distintos monos".

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