domingo, 22 de octubre de 2017
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OCDE

El futuro del dinero

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos


En términos claros y concisos, puede decirse que el dinero está destinado a convertirse en digital. Esta conclusión general se desprende del estudio de la larga evolución histórica del dinero y de su probable relación con las futuras transformaciones socioeconómicas. Históricamente, a lo largo de milenios, el dinero ha tendido, progresivamente, a hacerse más abstracto o a ir plasmándose en una representación meramente simbólica disociada de cualquier materialización física concreta. Sin embargo, al analizar el futuro del dinero, el ritmo de desaparición de los últimos vestigios de dinero físico y, al decir de algunos analistas, el hecho mismo de que el dinero esté realmente abocado a desvanecerse resultan cuestiones menos evidentes.


Dineros


Las opiniones difieren también en cuanto a la importancia económica y social que implica el atravesar esta "última etapa" y el tiempo que se tardará en hacerlo. En un extremo del elenco de opiniones, la Junta de Comisarios de la Moneda de Singapur está realizando un esfuerzo global para sustituir, en 2008, la moneda que acuña por un sistema digital que cumplirá la misma función que el dinero de forma mucho más eficaz. En el otro extremo, se hallan muchos bancos centrales y gobiernos que han adoptado posturas predominantemente conservadoras, responsables, en parte, del limitado éxito que han tenido hasta ahora los recientes esfuerzos efectuados para difundir de forma más amplia el dinero digital


Resulta conveniente replantear tanto el significado económico y social que tendría una mayor digitalización del dinero como la manera de lograr dicha digitalización. Desde el punto de vista económico, puede argumentarse que la lenta introducción de los nuevos sistemas de pago, indispensables para generalizar el dinero digital en la economía, está causando elevados costes, públicos y privados; esos costes no sólo incluyen los costes obvios, generados directamente por los gastos de gestión, compensación y vigilancia del dinero efectivo, sino también las pérdidas, menos evidentes, ocasionadas por las dificultades que conlleva el operar la transición hacia una "nueva economía de elementos intangibles". Desde esta posición ventajosa de "coste de oportunidad", los sistemas de pago digital instantáneo, que van implantándose en la economía, constituyen una parte esencial, pero aún no suficientemente desarrollada, de la infraestructura necesaria para que florezca la economía global y altamente informatizada del mañana, en la que el comercio electrónico, en cualquiera de sus formas, será, probablemente, uno de los elementos determinantes del éxito general de la economía.


Los consumidores desconocen los costes del dinero efectivo


En lo que al aspecto social se refiere, la preocupación se centra en la forma en que se reparten los costes del sistema de pago y en el modo que se abordarán las cuestiones de accesibilidad a dicho sistema. Hoy en día, los consumidores desconocen, en gran parte, el coste del dinero efectivo (y de los instrumentos asimilados a éste, tales como cheques y tarjetas de crédito). Por ejemplo, se habla poco de las cuestiones de equidad que genera el "subsidio cruzado" -que se produce cuando las compañías que rigen las tarjetas de crédito prohíben a los comerciantes ofrecer descuentos por las compras realizadas mediante pago en metálico-, entre aquellos que pagan con dinero contante (en particular, quienes no poseen cuentas bancarias y, por lo tanto, no tienen otra opción) y los que pagan recurriendo a tarjetas de crédito.



Muchos sistemas de compensación y liquidación dan lugar a costosas tasas de servicio y lucrativos efectos en cobro, que tienen repercusiones sociales negativas



En este mismo sentido, muchos sistemas de compensación y liquidación dan lugar a costosas tasas de servicio y lucrativos efectos en cobro, que tienen repercusiones sociales negativas en ámbitos tales como las remesas de trabajadores extranjeros a sus lugares de origen, los servicios de ayuda a los excluidos o el fomento de la creación de microempresas. Otro supuesto, igualmente grave, es la posibilidad de que, en el futuro, surja una brecha social cuando el acceso al dinero digital se convierta en la forma principal de beneficiarse de costes de transacción más bajos y de florecientes mercados cibernéticos


Las anteriores cuestiones sociales añadidas a las económicas justifican claramente la adopción de políticas dinámicas que tiendan a acelerar la difusión del dinero digital hasta el punto de desbancar el dinero efectivo. Sin embargo, esta conclusión no se ha plasmado en casi ninguno de los debates recientes sobre el futuro del dinero porque la mayoría de ellos se han centrado, obviamente, en las nuevas y excitantes tecnologías que podrían remplazar el dinero físico por el digital y en las repercusiones de esas tecnologías para los bancos centrales.


En esos debates, se ha llegado a conclusiones tranquilizadoras sobre las consecuencias de las nuevas tecnologías en la continuación eficaz de la política macroeconómica, pero el enfoque centrado en la tecnología tiende a oscurecer tanto las fuerzas que pueden influenciar el futuro del dinero como ciertas cuestiones de importancia relativas a las políticas y las medidas aplicables.


Es necesario un plan para el dinero del futuro


De hecho, los responsables políticos tienen buenas razones no sólo para incrementar el ritmo de difusión futuro del dinero digital en la economía, sino también para hacer que las políticas dejen de centrarse en la tecnología monetaria (aspecto físico) y se reflejen en acuerdos y normas monetarias (aspecto virtual) que rijan sistemas de compensación y liquidación que puedan ser utilizados por todos aquellos que participen en transacciones monetarias.



Los políticos tienen buenas razones no sólo para incrementar el ritmo de difusión futuro del dinero digital en la economía, sino también para hacer que las políticas dejen de centrarse en la tecnología monetaria



Dos precedentes ofrecen importantes perspectivas para valorar por qué tiene sentido orientar los esfuerzos políticos hacia el aspecto virtual del dinero. En primer lugar, Internet, en su calidad de red de redes, demuestra cómo normas homogéneas (TCP/IP y HTML, ambas originadas en el sector público) pueden ser neutras en relación con las tecnologías específicas (físicas y digitales) que utilice un determinado sistema. Este aspecto es esencial porque crea un mercado abierto, en lo que a conexión se refiere, en el que pueden multiplicarse la competencia, los progresos técnicos y un amplio elenco de aplicaciones. En segundo lugar, los sistemas nacionales de compensación interbancaria y los mercados de divisas internacionales ofrecen algunos ejemplos de cómo, en el pasado, los responsables políticos han contribuido, con un grado de seguridad y eficacia relativamente alto, a introducir normas y establecer instituciones que rigen complejos sistemas de liquidación. Adoptar este tipo de iniciativas políticas podría ser de gran ayuda para convertir el potencial tecnológico en una realidad económica práctica y eficaz.


Por último, los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 han hecho que la introducción acelerada de sistemas de compensación y liquidación con un alcance mucho mayor y basados en normas comunes resulten más evidente y urgente, a fin de asegurar la transparencia de las transacciones financieras. Establecer normas del tipo de las aplicadas en Internet para sistemas de pago omnipresentes, introduciendo en el código de programación básica ciertos principios adoptados en la esfera internacional a fin de respetar el derecho a la intimidad y las responsabilidades de los ciudadanos, brinda una ocasión única para impedir las transacciones ilegales de cualquier clase; por una parte, reduciría considerablemente el lugar que ocupa el dinero efectivo y, por otra parte, situaría a todos los agentes económicos al mismo nivel en lo que a la transparencia de sus actividades financieras se refiere. Muchos de los elementos de esos sistemas están ya en funcionamiento o en desarrollo. Hoy por hoy, cuando la interdependencia general resulta obvia para todos, tenemos que actuar urgentemente con vistas a establecer un plan de políticas ambiciosas e innovadoras que nos ayuden a configurar el dinero del futuro. 


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