domingo, 22 de octubre de 2017
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Nuria Badenes Plá

La economía de bitcoin I

Doctora en económicas y empresariales


Siguiendo los escritos de Herodoto se tiene constancia de la existencia de la moneda al menos desde el siglo VI a. d.C. aunque el trueque también permitía los intercambios, requería una serie de condiciones que hacían que no se pudiera intercambiar cualquier producto y en cualquier momento. Bien porque comprador y vendedor no establecieran contacto, el momento en el que se deseara realizar el intercambio no era el mismo para ambas partes o los bienes que se deseaba intercambiar no eran los que la otra parte estaba dispuesta a aceptar (no se daba doble coincidencia de necesidades).


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Estos problemas desaparecen con la aparición del dinero, ya que el intercambio se produce de manera indirecta. Son los bienes que más se utilizaban con medio de intercambio en el trueque los que dan lugar al surgimiento del dinero, pues era más fácil volver a utilizarlos en otro intercambio. Así, la clave para evitar las dificultades del trueque reside en que el bien a través del cual se produce el intercambio indirecto sea útil para próximos intercambios, lo que, en definitiva, significa que sea de uso generalizado. En definitiva, que todo el mundo lo acepte como mecanismo de intercambio. Esto explica que se hayan utilizado como dinero el trigo, la sal, el ganado, los granos de cacao, esqueletos de moluscos, trozos de metal, metales preciosos, coral, etc.


La aceptación de un bien como medio de pago se produce de manera natural, como una transición que evita las dificultades del trueque, pero el Sector Público puede reforzar -una vez generalizado- el medio de pago como mecanismo de intercambio, e incluso utilizarlo para realizar política monetaria. El primer bien que se aceptó, de forma generalizada, como medio de pago y que se mantuvo hasta el siglo XX fue el oro, debido a que sus características lo hacían idóneo para tal fin. De un lado, se trata de un bien escaso, lo que determina su valor. De otro, es fácilmente identificable, difícilmente falsificable, se divide sin complicación y su valor no decrece con la división.


Aumentar la cantidad de dinero en circulación no genera aumento de riqueza


Además, el oro no se deteriora con el paso del tiempo y, por ello, constituye un elemento de depósito o ideal. La inseguridad que suponía llevar consigo el oro unido al hecho de su peso y, por tanto, la dificultad de su transporte, dio lugar a que surgiesen los bancos de depósito, que, a cambio de un precio, lo custodiaban y mantenían disponible para el momento en que su dueño quisiera utilizarlo. Para dejar constancia de que allí estaba depositado el metal a nombre de su dueño, surgieron los certificados de depósito, que comenzaron a utilizarse, a su vez, como medios de pago.



La clave para evitar las dificultades del trueque reside en que el bien a través del cual se produce el intercambio indirecto sea útil para próximos intercambios que, en definitiva, significa que sea de uso generalizado. La inflación es siempre un fenómeno monetario, que sólo puede ser producido por un incremento más rápido de la cantidad de dinero que de la producción



Cuando estos certificados pasaron a ser al portador, adquirieron la característica de ser intercambiables, dando lugar al nacimiento de los billetes. Todo billete debía estar respaldado por el oro que el banco custodiaba y emitir más billetes que oro implicaba un fraude. Establecidas las cantidades de oro por las que se intercambiaba cada moneda, quedó fijado el patrón oro, que se sustentaba en el hecho de que la emisión fraudulenta de billetes, haría que los clientes trasladasen su oro a otro banco para que fuese custodiado.


Una de las ventajas fundamentales del patrón oro reside en la correspondencia entre el metal custodiado y el dinero en circulación, lo que da lugar a períodos en los que la inflación es una excepción, de estabilidad y de crecimiento sustentado en recursos ahorrados y no en dinero creado a partir de una expansión monetaria. Tal y como estableció Milton Friedman, "el aumento de la cantidad de dinero en circulación no genera un aumento de riqueza, sino una pérdida de capacidad adquisitiva de cada unidad de ese dinero para reequilibrarlos precios reales... La inflación es siempre un fenómeno monetario, que sólo puede ser producido por un incremento más rápido de la cantidad de dinero que de la producción".


En los años 70 del pasado siglo, los bancos centrales asumieron la capacidad de custodiar el oro con carácter de monopolio y, además, lo custodiado ya no era exigible por los ciudadanos sino por otros bancos centrales. También asumieron la capacidad de emitir billetes (certificados de depósito) por una cantidad superior al oro custodiado. Esta expansión monetaria conlleva un aumento del dinero en circulación y, en el medio plazo, una pérdida de su poder adquisitivo, lo que se traduce en inflación. Este sistema se originó en Bretton Woods en 1944 cuando se exigió que cada dólar se intercambiase por 35 onzas de oro y por cantidades equivalentes en otras monedas. Lo que ocurrió es que mantener la convertibilidad no impedía la emisión de nuevos billetes, por lo que se creó un volumen de dólares no respaldado por el oro exigente, que, a su vez, sostenía un volumen mayor de otras divisas. Tras sucesivas inflaciones, en 1971 el Presidente Nixon rompió la convertibilidad dólar/oro y se comenzó la época del dinero sin respaldo real o fiduciario.


Esta ausencia de convertibilidad, en principio, debía haber colapsado el sistema, ya que los dólares o cualquier otra divisa pasaron a ser papel mojado, pero el sistema siguió funcionando y la clave de esta continuidad reside en el hecho de que la única condición para que un bien se convierta en mecanismo de pago (dinero) es que se dé aceptación como tal de forma generalizada.



El hecho de que el uso de Bitcoin se produzca de forma anónima es valorado positivamente por quien desea mantener privacidad, pero facilita el pago de actividades ilegales



Ventajas e inconvenientes de una moneda descentralizada


Tal y como se ha expuesto en los capítulos anteriores, el sistema bitcoin no se encuentra centralizado en ningún servidor, sino que las operaciones están distribuidas de manera repetida en cada uno de los ordenadores de los usuarios. Su creador, Satoshi Nakamoto, tampoco es quién organiza el sistema, ya que lo único que hizo fue crear el protocolo informático que es de dominio público. No hay nadie que lo gestione y el código es totalmente transparente. Además, es conocido el volumen de BTC’s existente y la cantidad que se ha transferido, pero no es posible identificar a los usuarios. Esta información sólo la conocen estos últimos mediante una clave privada, lo que implica que no se sabe quién los usa ni para qué lo hace. Por último, la oferta monetaria no está controlada por ningún Estado, por lo que se pierden los privilegios del señoreaje.


Esta situación da lugar a ventajas e inconvenientes. La principal ventaja de que el Estado no pueda emitir moneda reside en que tampoco se generaría inflación por la vía de la emisión. Es decir, no existe la posibilidad de emitir dinero nuevo con la finalidad de aumentar los ingresos del emisor, reduciendo así el valor de la moneda en circulación. A cambio hay quien está a favor de un sistema de monopolio de emisión por parte de los Estados, que pueden utilizarlo como herramienta de política monetaria.


El hecho de que el uso de bitcoin se produzca de forma anónima es valorado positivamente por quien desea mantener privacidad, pero facilita el pago de actividades ilegales, como tráfico de armas, personas, órganos, juego, secuestros o droga. Además, el anonimato con que se producen las transacciones podría favorecer otro tipo de actividades ilegales sin la gravedad de las anteriores, como el fomento de la economía sumergida. Por otro lado, al no necesitarse facilitar números de tarjetas de crédito para realizar operaciones, se evitarían fraudes. Esta opacidad también dificultaría el cobro de impuestos en determinadas transacciones.


Bitcoin y la Escuela Austríaca de Economía


La Escuela Austríaca de Economía o Escuela de Viena se origina a finales del siglo XIX, y su pensamiento se ha divulgado mucho menos que otras escuelas coetáneas y que también tuvieron su origen en el desarrollo del concepto de utilidad marginal decreciente, como el austríaco Carl Menger, el francés Léon Walras y el británico W. Stanley Jevons.


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Esta Escuela defiende un enfoque individualista metodológico (praxeología) para la Economía y, según el cual, los fenómenos económicos son el resultado de la conducta imprevisible e irregular de los individuos, que impiden el uso de los tradicionales métodos de la ciencia natural.


Los pensadores más destacados de la Escuela fueron Carl Menger, Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser. Estos tres economistas se convirtieron en la denominada "primera ola" de la Escuela Austríaca. Ya en el siglo XX se divide en dos corrientes. Sus representantes más destacados fueron Ludwig von Mises, en contra de la metodología neoclásica, y su estudiante Friedrich Hayek, que sí acepta una gran parte de la misma.


Teoría del ciclo económico


Esta Escuela plantea una teoría explicativa de los ciclos económicos alternativa a las teorías ortodoxas. Los austríacos consideraron que la explicación clave de los ciclos en la economía venía dada por la expansión excesiva del crédito concedida por los bancos a empresarios y particulares. Dicha concesión hace que parezca que los fondos ahorrados se han elevado, cuando en realidad no lo han hecho, generando una disminución en el tipo de interés. Al aumentar la disponibilidad de fondos, los empresarios invierten en procesos de producción más largos haciendo que suba el precio de los bienes de capital. Se da entonces un cambio desde la demanda de bienes de consumo hacia los de inversión. La Escuela Austríaca sostiene que este cambio debiera revertirse por ser insostenible y que, cuanto más se mantenga en el tiempo, más perturbador será el proceso de reajuste.


La razón por la que los empresarios invierten en procesos de plazo más largo reside en la disminución del tipo de interés (artificialmente creada por el excesivo crédito).Este último se utiliza para calcular el valor presente de elementos futuros, marcando la preferencia por el presente. Por ejemplo, si nos dieran a escoger entre 100 unidades monetarias hoy o mañana, las preferiríamos hoy. Ahora bien, si la elección fuese entre hoy y dentro de 10 años, el valor a día de hoy de 100 unidades que se percibirán dentro de10 años sería mucho menor que si las pudiésemos recuperar mañana mismo. Por ello, el tipo de interés marca de qué forma "descontamos" o calculamos el valor presente de rentas o bienes futuros y la preferencia por el presente.


Cuanto más elevado es el tipo de interés, menor es el valor, a día de hoy, de un elemento que se percibirá en el futuro y viceversa: un tipo de interés más bajo implica un valor presente más elevado. Pensemos que nos es indiferente percibir una cantidad hoy o mañana. El valor a día de hoy de la cantidad que percibiremos mañana es su mismo valor y el tipo de descuento es nulo. En cambio, cuanto más valoremos contar con la renta hoy o menor valor asignamos al futuro, mayor será el tipo de interés que debemos utilizar para descontarla.


De esta forma, cuando el tipo de interés (o la tasa de descuento) disminuye, existe una mayor indiferencia entre presente y futuro. Los valores presentes de elementos futuros son mayores que cuando los intereses son elevados y, por ello, un tipo de interés "artificialmente" bajo conduce a la sobrevaloración del valor presente de los flujos futuros.



Los austríacos consideraron que la explicación clave de los ciclos en la economía venía dada por la expansión excesiva del crédito concedida por los bancos a empresarios y particulares



Las fluctuaciones en la demanda de dinero se rigen por la misma ley


La "Teoría austriaca del ciclo económico" constituye un planteamiento teórico basado en una explicación monetaria. Es decir, una teoría que atribuye el problema de las fluctuaciones a cuestiones eminentemente monetarias. Este mismo planteamiento tuvo su antecedente en la Escuela inglesa Currency School, si bien la postura austríaca es más consistente. La inglesa consideró que, restringiendo la emisión de billetes sin respaldo, el problema del crédito excesivo quedaría resuelto, sin darse cuenta que la extensión de los cheques y cuentas corrientes generaba el mismo efecto que la de los billetes. Otra deficiencia de esta escuela viene explicada por la no consideración de los efectos en el comercio internacional, de manera que la extensión de los créditos por parte de los bancos, por sí sola, no podía explicar el fenómeno de los ciclos.


De esta forma, y citando a Covernton, la "posición de Mises era mucho más amplia: Aunque claramente entendía que el valor del dinero no solo estaba regulado por la oferta de dinero, y por ende sujeto a variaciones relevantes, toda vez que la misma oferta variara, tal como lo planteaba la Currency School inglesa, su visión no se limitaba solo a ello: También entendía que, además, la demanda de dinero determinaba fuertemente el valor de éste. Y que esta demanda, por otra parte, era también influida por factores reales. Y este es quizás el rasgo más diferenciador, no solo de su pensamiento, sino de toda la corriente de pensamiento que lideró: Mises consideraba que la generalización del uso de medios de pago asimilables al dinero tenían una influencia en la demanda de éste, y que era preciso tener en claro las causas que hacían variar esta demanda".


En propias palabras traducidas de Mises, las "fluctuaciones en la demanda de dinero, en lo que respecta a las condiciones objetivas de su desarrollo, se rigen en todas partes por la misma ley. Cuando se extiende el cambio a través del dinero, la demanda de éste aumenta; por el contrario, una disminución del cambio indirecto, un retorno al cambio "in natura", la hace descender. Pero aún al margen de las variaciones en la extensión del cambio indirecto, que en nuestros días son insignificantes, se producen variaciones de mayor amplitud en la demanda de dinero debidas a factores del desarrollo económico general. El aumento de la población, el progreso de la división del trabajo, junto con la extensión del cambio que ello comporta, aumenta la demanda de dinero en los individuos, y también por consiguiente la demanda de dinero de la sociedad, integrada por las demandas de los individuos. El descenso de la población y el retroceso de la economía monetaria producen una contracción. Estos son los determinantes de los grandes cambios en la demanda de dinero".


Nos encontramos entonces ante una explicación monetaria de los flujos de la Economía, y no debida a elementos reales. La clave de esta explicación se produce mediante la influencia que las intervenciones en el ciclo monetario generan sobre el tipo de interés.


Si se inyecta dinero en el sistema en forma de créditos a los productores -que se dedicará principalmente a adquirir bienes de inversión-, es necesario reducir, temporalmente, el tipo de interés, para así colocar los recursos adicionales. Al bajar este tipo se produce una falta de correspondencia con los márgenes de beneficio. En otras palabras, los tipos de interés más bajos hacen que parezcan rentables procesos productivos que antes de la bajada del tipo no lo eran. Además y de un lado, este incremento de la demanda genera un alza en los precios de los bienes de producción. De otro, la retirada de recursos hacia las inversiones hace que, temporalmente, se reduzca el flujo de bienes de consumo, por lo que sus precios también se elevan. Esta elevación se produce entonces por una doble causa desde la oferta y desde la demanda: el incremento de las rentas monetarias eleva la demanda y el alargamiento de los procesos productivos ha desviado la producción hacia los bienes de capital, detrayéndolos de la producción de bienes de consumo y disminuyendo su oferta.



Las fluctuaciones en la demanda de dinero, en lo que respecta a las condiciones objetivas de su desarrollo, se rigen en todas partes por la misma ley



Si esta misma situación de alargamiento en los procesos productivos se hubiese generado porque el ahorro se ha incrementado, y no porque el crédito es más fácil, el efecto sobre los bienes de consumo no se habría producido. La razón es que, para ahorrar más, hace falta disminuir la demanda de consumo, que se habría ajustado a una oferta más reducida. Pero el ahorro, en esta situación, no tiene por qué aumentar voluntariamente: al incrementar el precio de los factores de producción, los consumidores cuentan con un incremento de la renta monetaria y, posiblemente, mantengan las proporciones iniciales entre bienes presentes y futuros.


El hecho es que la situación a la que se llega es de una escasez de bienes de consumo, así como un incremento de sus precios y que se traduce en aumento de los beneficios en sus sectores productores. La situación es la opuesta a la que se generó inicialmente con la expansión del crédito, con un descenso de los beneficios en los sectores de los bienes de inversión. De esta forma, la estructura productiva tendente al predominio del capital debe readaptarse hacia otra más intensiva en trabajo, lo que se puede producir porque los salarios reales han disminuido por efecto del incremento de precios de consumo. El proceso comienza a revertir, trasvasándose recursos desde los sectores más intensivos en capital hacia el consumo, al tiempo que se producen pérdidas en muchos sectores y que, como se comentó más arriba, eran aparentemente rentables, pero solamente sostenibles con bajos tipos de interés.


La depresión se manifiesta con un desajuste en forma de exceso de producción en los sectores de inversión y escasez en los sectores de consumo. Si el sistema institucional no permite un trasvase de recursos laborales de forma flexible, la situación se agrava con la existencia del desempleo, que se suma a la inflación.


Teoría regresiva del dinero de Mises


Entre otras aportaciones, Mises resolvió el llamado "círculo austríaco" mediante su "teorema de regresión" o "teoría regresiva del dinero". Para en tender el problema que se resuelve es necesario exponer, primero, la teoría del valor de Mises que sostiene que el dinero tiene valor por la capacidad de poder adquisitivo que supone. El valor subjetivo que cada individuo le otorga, depende, a su vez, del valor de los bienes económicos con respecto del dinero.


Para cada individuo se produce una clasificación de los bienes en su escala de valores según su uso directo en el consumo, aunque esas valoraciones son independientes y anteriores a los precios de mercado. Los individuos reclaman dinero no para consumirlo, sino para intercambiar bienes que sí serán consumidos. El dinero tiene entonces valor porque presenta capacidad de intercambio, pero no porque sea un valor por sí mismo. De otra forma no se explicaría que, en la época de superinflación alemana, se utilizasen los billetes de marco alemán para prender las estufas.


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Así, se demanda dinero porque, desde el pasado, tiene valor en la realización de intercambios y en términos de los bienes que permite adquirir. Por ejemplo, si un libro cuesta 10 unidades monetarias y un litro de leche 2, cada unidad monetaria "vale" un décimo de libro, o medio litro de leche.


La demanda, el valor o la utilidad del dinero, dependen de su precio. Es decir, del poder adquisitivo previo, pero, al mismo tiempo, la demanda depende del precio, por lo que se llega a una referencia circular.


Mises resolvió esta referencia circular en 1912 cuando desarrolló su teorema de la regresión. La idea subyacente es que el valor del dinero en un momento determinado reside en el que ha tenido en un momento anterior. Ello explicaría que, tras el abandono del patrón oro con Nixon, cuando cada dólar dejó de estar respaldado por una cantidad de metal preestablecida, la gente siguiera utilizando los dólares como medio de pago y que éstos se siguieran aceptando, incluso conscientes de que nadie hubiera dado 35 onzas de oro por cada billete si se hubiera ido al banco a reclamar, al no existir ese respaldo. De hecho, nadie iba a ningún banco antes de abandonar el patrón oro para que le diesen el metal equivalente a sus dólares


El dinero tiene valor en el momento t porque ha sido útil para conseguir bienes en el momento t-1. Y en el momento t-1, porque también servía en el momento t-2. Así, sucesivamente, podríamos regresar hasta el momento originario. Este último es aquel en el que el dinero comenzó a utilizarse como mecanismo de intercambio. Supongamos que retrocedemos a cuando el oro servía de dinero. El día previo fue el día en que desapareció el trueque y, en ese momento, no cabe duda de por qué existía una explicación del valor. Cuando un grupo estandariza el uso de oro como medio de cambio para evitar la ineficiencia de los intercambios del trueque, éste posee ya valor de cambio objetivo y nace la dinámica de mercado que produce que este medio se extienda como mecanismo de pago.


La aparición del dinero responde, por tanto, a una evolución y acuerdo gradual, no al establecimiento de un pacto en un momento determinado o una imposición por parte de la Autoridad, porque si hubiera sido así, no existiría un valor previo y, por tanto, no se aceptaría como medio de pago.


Una de las dudas que se plantea entorno al funcionamiento de bitcoin es si la moneda cumple o no el teorema de regresión de Mises. Si no es así, no se utilizará como un medio de intercambio. Para el cumplimiento del teorema sería necesario que bitcoin contase con una demanda no monetaria previa a su funcionamiento como medio de pago para que fuese aceptado y utilizado con generalidad. El hecho de que circule como medio de intercambio quiere decir que esa demanda inicial existió, lo que probaría que se cumple el teorema.



La depresión se manifiesta con un desajuste en forma de exceso de producción en los sectores de inversión y escasez en los sectores de consumo



Durante los primeros años de existencia de bitcoin, se vio como una curiosidad tecnológica, pero no como una propuesta seria desde un punto de vista económico. A día de hoy bitcoin ha protagonizado un gran crecimiento y es usado por un pequeño colectivo como medio de intercambio en Internet.

También existe el caso de Graefekiez, una zona en el barrio de Kreuzberg al sur de Berlín, que, según Oro y Finanzas.com, "alberga en la actualidad la mayor densidad de comercios que aceptan Bitcoins en el mundo, una docena de negocios restaurantes, una imprenta, un bar y boutiques".


Bitcoin y deflación


La creación de bitcoin se ha diseñado de tal forma que no se generan problemas de inflación en su emisión, ya que, a medida que aumenta el stock de monedas en circulación, se reduce la creación de unidades adicionales. De esta forma se evita la inflación; cuando la moneda abunda y escasean los bienes y servicios, los consumidores estarán dispuestos a pagar más cantidad de esta moneda por cualquier bien o servicio y entonces el vendedor subirá el precio.


Con bitcoin, se busca lo contrario: cuantos más usuarios haya más baja será la tasa de creación de nuevas unidades y mayor la competencia por poseerlas. Es decir, habrá muchos usuarios con intención de comprar y vender, pero pocas monedas con las que comerciar y así no habrá acumulación ni la inflación que lleva asociada. Lo que ocurre es que, en algún momento, habrá una oferta fija (el máximo de generación de unidades está establecido en 21 millones) y si bitcoin se convierte en una moneda de cambio de uso generalizado, será muy importante que no se vuelva deflacionaria. En otras palabras, en su diseño está previsto que no sea inflacionaria, pero no convendría que fuese deflacionaria.



La aparición del dinero responde, por tanto, a una evolución y acuerdo gradual, no al establecimiento de un pacto en un momento determinado o una imposición por parte de la autoridad



¿Por qué la limitación del número de monedas podría producir deflación y su crecimiento inflación? Pensemos en una economía muy sencilla en la que se pueden adquirir 100 vacas y existen 100 BTCs en circulación. Supongamos que cada vaca vale una unidad. Si se generasen, sin coste, 100 BTCs adicionales, el precio de las vacas se duplicaría, tal y como predice el ejemplo del helicóptero de Friedman(1), generándose inflación. Pero si la economía creciera y hubiese 200 vacas, con una cantidad limitada de BTCs el precio de cada vaca descendería a medio BTC, produciéndose una deflación equivalente al crecimiento de la Economía.


Así, puede ocurrir que bitcoin entre en una fase de deflación una vez que se llegue a su fase estacionaria, cuando se hayan producido los 21 millones máximos y si su uso se generaliza, pero sin cambios en su cantidad o velocidad de circulación, la deflación s e correspondería con el crecimiento económico.


Existen argumentos para sostener que la utilización generalizada de bitcoin unida a una cantidad fija de moneda no generaría un problema de hiperdeflación. Si la deflación se produce al mismo nivel que el crecimiento económico, no se darían situaciones de colapso con el consecuente problema de desempleo en masa. Deflación significa una caída generalizada de los precios de los bienes y servicios. En esta situación de bajada de precios, la actividad económica cae, pero si la deflación se produce, de forma suave y predecible, no significa que nadie gaste su dinero atesorándolo. La deflación implica una tendencia más o menos intensa a atesorar más que gastar y una presión bajista sobre los precios en función de las expectativas de futuro, pero los consumidores no pueden mantener, de forma indefinida ni creciente, ese comportamiento por la necesidad o el deseo de intercambiar bienes y servicios en el mercado.


Lo que sí que puede ocurrir es que los inversores se aferren a una moneda que piensan que va a revalorizarse en un momento futuro y que el mercado de deuda denominada en bitcoin se vea afectado. Si sus tenedores dificultan el préstamo esperando que la moneda se aprecie será más difícil endeudarse en la misma, por lo que se favorecerá el recurso al capital propio frente al ajeno (en BTCs), aunque siempre se podrá utilizar la moneda no virtual.


(1) El ejemplo helicóptero de Friedman supone que, en una comunidad aislada, un helicóptero reparte dinero que se distribuye igualmente entre todos sus miembros. Lo que ocurriría a continuación es que la gente no conseguirá gastar más de lo que recibe, sólo se conseguirá con esto una subida de los precios. Los nuevos billetes no alteran las condiciones básicas de la comunidad. No crean ninguna capacidad productiva adicional. Es decir, la gente empezaría a gastar el dinero adicional pero no por ello habría en la comunidad ni más materias primas, ni más infraestructuras, ni más capacidad productiva, ni más bienes, ni más servicios. Serían exactamente los mismos que el día anterior a la llegada del helicóptero. Así, el único efecto generado por el helicóptero se ría la generación de inflación, no riqueza (Money Mischief: Episodes in Monetary History. Houghton Mifflin Harcourt Editorial.


Nuria Badenes Plá es funcionaria del Ministerio Hacienda y Función Pública y pertenece al cuerpo de Catedráticos de la Escuela de Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid


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