viernes, 24 de noviembre de 2017
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Redacción

Los orígenes de la desaparición de la clase media

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Manuel Caraballo Callero. Economista

La economía española ha perdido más de 4 millones de puestos de trabajo en los años de crisis. Todos estamos de acuerdo en que la responsabilidad de esa situación debemos buscarla en la restricción crediticia que estrangula nuestras empresas y sus inversiones, el ajuste fiscal que reduce el gasto público, una nefasta política fiscal que constriñe el consumo privado, la crisis internacional que limita nuestro potencial exportador, los problemas financieros que hace que sea económicamente más interesante para nuestra banca que su dinero esté en forma de depósitos en el BCE que prestarlo a proyectos con dudas sobre su viabilidad.

Supuestamente, el mercado de productos de lujo es el único al que le va bien, reflejando un crecimiento de las capas más ricas. Es falso. Muchas marcas de lujo también se tienen que apretar el cinturón y algunas ya han caído.
En España el mercado de coches de lujo, por ejemplo, no llega ni al 1% del total. Además, un incremento de ese mercado, incluso del 100%, no repercute prácticamente en nada sobre nuestra tasa de desempleo, por lo que una estrategia basada en el mismo no nos va a solucionar el problema.

A estas alturas no hay datos sobre la reducción de la clase media en España y otros países avanzados. En unos meses supongo que EE.UU. publicará algunos datos y poco a poco nos iremos enterando de cómo va Europa con este asunto. Lo que sí es cierto es que se está produciendo una dicotomía económica en la sociedad: las clases con ingresos más bajos se están incrementando de forma alarmante. No se trata de ideología política o de idealismo, sino de que la reducción de la clase media en occidente conllevará unos cambios sociales y económicos para los que nuestros gobiernos ni reconocen, ni están capacitados para resolver.

La importancia de la existencia y predominio de la clase media no es una cuestión residual. Por una parte, sabemos que las clases medias y bajas tiene una propensión marginal al consumo muy superior a las clases más altas. Si pensamos que nuestra economía y la salida de esta crisis pasa por el incremento del consumo, resulta que con la reducción de la clase media, vamos justo en el sentido contrario.

Por otro lado, y sin ánimo de ser exhaustivo entre otras cosas porque dudo mucho que dispongamos de estadísticas fiables, deducimos que la inmensa mayoría de los emprendedores (recordemos que las PYMES son las grandes generadoras de puestos de trabajo) proceden de esta clase social. Reduciendo ésta, se minora también las posibilidades de crear empleo.

En la misma línea podemos hablar de que es ésta la gran aportadora de personal cualificado, mandos medios, técnicos, científicos, profesores, investigadores, químicos,... que toda sociedad avanzada necesita.

En resumen, la reducción de la clase media en los países desarrollados hará no solamente que la crisis se alargue más en el tiempo sino que a largo plazo nos encontraremos con una sociedad donde no existirán trabajadores formados para las demandas de la economía. Por tanto, lo que nos espera es una reducción de las capacidades potenciales y un estrangulamiento mayor de la economía.

Hemos superado el triste récord de los 6 millones de desempleados según la EPA, con datos dispares en comparación con los datos que ofrece el antiguo INEM donde se registran los desempleados que aún confían en esa entidad. Sin embargo, lo importante en realidad es el número de afiliados a la seguridad social. Frente a los comentarios optimistas de nuestra triste clase política con los datos de empleo en el mes de Agosto (31 nuevos empleos netos), lo cierto es que en ese mes nuestra Seguridad Social perdió exactamente 99.069 afiliados. Ése es el dato real.

A fecha de hoy el gobierno solo ha desarrollado políticas contractivas de la economía, sin hacer ninguna propuesta para la reactivación. Y esas medidas restrictivas ayudan a reducir aún más el papel de la clase media: por ejemplo el aumento de los tipos impositivos empiezan a ser importantes a partir de los 20.000 euros, y se acentúa a medida que sube, justo donde se encuentra la clase media. Si tenemos en cuenta la desaparición de puestos de trabajo, la enorme incertidumbre existente, los ingresos menguantes y los impuestos crecientes, junto con una propensión marginal al consumo mayor que en las clases altas, nos encontraremos con una reducción aún mayor del consumo. Una buena parte del tejido productivo existente no lo podrá resistir.

Adjunto cuadro donde se ve claramente que la clase media en España está soportando una presión fiscal mucho mayor que la de las otras mayores economías de la UE.

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