viernes, 24 de noviembre de 2017
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Redacción

Clase media chipriota se siente traicionada por la UE

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Liz Alderman. The New York Times

¿Cuánto puede empeorar la situación en Chipre? Es la pregunta que se hace un periódico en ese país, que se ha visto convulsionado por una crisis económica que puso en peligro la estabilidad en toda la Unión Europea.  

Como muchos chipriotas, Charalambos Alexandrou ayudó a convertir a su país en un paraíso mediterráneo moderno. A medida que el dinero fluía a los bancos de la isla después de que Chipre se unió a la Unión Europea en 2004, el país se embarcó en un auge de construcción. Él encontró una lucrativa actividad de techador, al principio para casas y tiendas elegantes, y luego para las mansiones que ocuparon el lugar de los huertos de olivo y los viñedos. La demanda de su habilidad se aceleró después de que el país fue admitido en la unión monetaria del euro en 2008.

Pero, recientemente, ha visto hundirse sus finanzas conforme los cimientos de su país se desmoronan con el colapso del sistema bancario. Los severos términos del rescate internacional de 10.000 millones de euros (o 13.000 millones de dólares) del país han inmovilizado los fondos de todos, forzado enormes pérdidas sobre los ahorradores más estrictos y se espera que aceleren una recesión profunda que podría llevar años superar.

Alexandrou, de 30 años de edad, dice que comprende que la crisis de Chipre fue provocada por una mala administración bancaria e incluso por la corrupción financiera. Sin embargo, lo que más pesar le causa a él y a muchos otros es que los banqueros y otros funcionarios financieros internacionales, al dejar que los 860.000 ciudadanos del país sufran los pecados de unos cuantos poderosos, hayan hecho añicos la solidaridad de Chipre con la UE.

Chipre era hasta ahora un país de clase media

Chipre no es el primo pobre de la UE, dicen. Más bien, es un país con una población pequeña, pero notablemente multilingüe, sólidamente educada y hasta ahora de clase media; personas que se consideran precisamente el tipo de europeos con los cuales el resto de la Unión debería enorgullecerse de haber anclado su frontera con Medio Oriente.

Muchos chipriotas ahora sienten gran consternación y enojo por lo que consideran su excomunión económica. "No todo aquí es ruso, o ganar dinero ilegalmente, o lavar dinero", dijo Alexandrou. "La mayoría de nosotros somos personas normales que vivimos vidas normales". Lo dice con gesto sombrío, junto a su esposa, Aliki, y su robusto hijo de 18 meses, Alexandros, en la sala de estar de su moderna casa, situada en las afueras de Nicosia. "Ahora vemos que nada bueno ha salido de la solidaridad europea", afirma.

Para los chipriotas, unirse a la Unión Europea y adoptar el euro fueron grandes logros. Después de décadas de luchas internas y ocupación extranjera, Chipre consideró su entrada en la familia europea como una promesa de estabilidad y la oportunidad de forjar una economía más moderna. Durante la época del auge, reconoce Alexandrou, Chipre, como muchos países europeos, vivió más allá de sus ingresos. Pero aunque es hora de que el país pague sus tonterías, dijo, "existe la sensación de que a nadie en Europa le importa realmente lo que nos suceda".

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