jueves, 17 de agosto de 2017
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ElinaViilup. Investigadora Principal de CIDOB

Ningunas elecciones europeas se han seguido desde tan cerca como las últimas elecciones parlamentarias alemanas del 22 de septiembre. Dado que durante los últimos años la actuación de Europa ha venido marcada por la política alemana, parece claro que las preferencias de los votantes alemanes ya no son un asunto de interés exclusivamente nacional. Al igual que sucede, a otra escala, con las elecciones presidenciales en Estados Unidos en las que a todo el mundo le gustaría opinar sobre quién va a gobernar la nación más poderosa del mundo.

El resultado de las negociaciones en curso para formar un gobierno de coalición (los demócratas cristianos podrían gobernar con los socialdemócratas y, en su defecto, con los verdes) tendrá repercusiones políticas, económicas y probablemente sociales en la vida de los ciudadanos de toda Europa. Alemania ha pasado de ser la potencia económica de Europa a ser un actor político poderoso en todos los niveles de decisión europeos. Es particularmente evidente que, cuando los estados miembros de la UE están tomando decisiones importantes sobre el futuro económico de Europa, hay un primus inter pares en la sala. Con el éxito de sus propias duras reformas y el desarrollo económico sostenido, la confianza de los alemanes ha crecido y quien una vez fuera un gigante tímido impone ahora su visión de Europa.

A pesar de que vivimos en una Europa cada vez más alemana, no significa que esta situación haya sido expresamente propiciada por el gobierno alemán. Sin duda, se enorgullecen de su éxito económico, pero nunca ha sido una política alemana deliberada tratar de imponerse en Europa o de "colonizarla", como algunos sostienen. Por el contrario, Alemania se ha convertido en un líder renuente debido a la ausencia de otros líderes potenciales. Francia, su otra mitad estructural en el "motor europeo", que se encuentra en la base fundacional de la Unión Europea, sufre estancamiento económico y político. El motor franco-alemán, a diferencia del pasado, ya no funciona de forma eficiente, y como tal, el dominio alemán puede entenderse como un subproducto del fracaso francés de no saber estar a la altura.

Ángela Merkel y sus gobiernos han sido los más europeístas

Esto no quiere decir que Alemania no sea pro-europea. De hecho, Ángela Merkel y sus gobiernos han sido de los más europeístas entre sus homólogos europeos. Ciertamente, Alemania puede haber centrado sus esfuerzos en garantizar que la condicionalidad se cumpla debidamente, pero también ha tendido una mano solidaria a sus socios en dificultades.

Tal y como Joaquín Almunia, el comisario español, señaló acertadamente en una reciente conferencia en la sede de CIDOB en Barcelona, el gobierno alemán ha hecho y aún está haciendo por Europa más de lo que puede revelar públicamente a sus votantes. Uno puede preguntarse si esta es una estrategia política sostenible en el contexto nacional, aunque es difícil negar que ha proporcionado cierto éxito. Europa se ha mantenido a flote y vemos una modesta recuperación económica bastante generalizada. Ángela Merkel tampoco es una neoliberal empedernida, como algunos de sus rivales europeos quieren etiquetarla. Su programa electoral incluía una parte importante de los problemas que tradicionalmente preocupan a los socialdemócratas y a los verdes, como el aumento del gasto social, el salario mínimo, el control del alquiler y el cierre de las instalaciones nucleares, entre otros.

"Alemania está bien", éste ha sido el lema de liderazgo de Ángela Merkel, y sus votantes están de acuerdo. Aunque los cristianodemócratas no lograron obtener la mayoría absoluta necesaria para gobernar en solitario, sí ganaron, por goleada, las elecciones. Se quedaron a cinco escaños de la mayoría absoluta, un resultado que superó incluso las previsiones más optimistas. No obstante, Merkel se ha visto debilitada por el hecho de que sus socios favoritos de coalición -los Demócratas Liberales- no obtuvieron representación en el Bundestag. Ahora, para formar gobierno, tendrá que mirar hacia los socialdemócratas (su preferencia) e incluso hacia los verdes.

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