jueves, 17 de agosto de 2017
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muro berlin

Helena Lemonis Octava. Periodista

Visión subjetiva y personal sobre el país que perdió la oportunidad histórica de aprender del Este y del Oeste, cuando cayó el muro, para quedarse con lo mejor de los dos, rechazar los errores y crear así un país mejor.  

Cuando cayó el muro y los años que le siguieron fueron un periodo histórico fallido por no saber remontar la unificación tan deseada por la mayoría.

Las promesas de uno y otro lado fueron diluyéndose a media que avanzaba el tiempo y los gobernantes acumulaban poder, sin olvidar la deslocalización de empresas al este, en busca de mano de obra barata.

Berlín, durante los años en que Alemania estaba dividida, fue el escaparate del socialismo y del capitalismo.

Exhibían sus logros económicos, sociales, culturales, etc. Cada uno hacía todo lo que podía por "competir" con los del "otro lado". La competitividad, en este caso, era socialmente más ambiciosa en lo humano y social que en lo político, en aquel entonces, claro.

Se competía para hacer ver que lo suyo era lo mejor

Las expectativas de los que estaban en contra de la división alemana eran muy grandes. Muchos del bloque socialista anhelaban más libertad y más acceso al consumo de Occidente. Los dos bloques, o al menos su mayoría, querían la unificación de un país marcado por la barbarie del pasado nazi, sin olvidar las dos guerras mundiales.

Me remonto al año 1987, veo los dos lados de Berlín y como privilegiada que vivía en Occidente podía entrar y salir al Este y al Oeste, con las restricciones horarias y de otro tipo que imponía la policía, que nos obligaba a salir por la estación Berlin Alexander Platz (cargados de libros del Este), antes de las 12 de la noche.

Desde ese mismo muro veía plasmado en las calles, en las gentes, universidades etc. las dos ideologías antagónicas.

Se decía, en los 80, que los berlineses de ambos lados luchaban por convencer "a los vecinos de enfrente" y al mundo entero de que lo suyo era mejor. Mis impresiones subjetivas de mi larga estancia en la ciudad, costeada por una beca del gobierno alemán, encontraron ventajas e inconvenientes en cada uno.

Pero, llegó el 9 de noviembre de 1989, con muchas expectativas, ilusiones y ganas de compartir con sus compatriotas: los "wessis" (Oeste) y los "ossis" (Este), un país que despertaba de nuevo.

Me pregunté si después de la caída del muro, serían capaces de crear un nuevo país aprendiendo y tomando lo bueno que tuvo el Este y el Oeste. Algo así como aglutinar los aciertos de ambos lados y rechazar los errores.

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