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La migración más allá de las vallas
10/12/2014 12:59

Ruben Andersson. Antropólogo

En los últimos años, las barreras fronterizas se han convertido en un negocio en auge a pesar de que está bastante claro que no funcionan. Los migrantes inevitablemente encuentran maneras de sortearlas. Así que ¿Cómo es que las vallas siguen construyéndose? Ruben Andersson cosidera que es hora de considerar la migración más allá de las vallas.

De nuevo sube el pánico de la migración en Calais. En medio de intentos desesperados de refugiados y migrantes de alcanzar los transbordadores con destino a Reino Unido, este otoño los periódicos ingleses han advertido de otra inminente “invasión”. La policía ha puesto en marcha medidas represivas, activistas de la extrema derecha se han manifestado en la ciudad y los políticos franceses han presionado para obtener una mayor participación británica en los controles. En respuesta al caos, Londres primero ofreció enviar a Francia el "anillo de acero", utilizado en la cumbre de la OTAN en Gales y después se comprometió a gastar 12 millones de libras en tres años, destinados, entre otras cosas, a la construcción de barreras de seguridad alrededor del puerto de Calais. El cercado, según el ministro de inmigración del Reino Unido, es un elemento clave en los esfuerzos para "enviar un mensaje muy claro: “Gran Bretaña no lo pondrá en bandeja cuando de la inmigración ilegal se trata".

Cuando cayó el muro de Berlín en 1989, las barreras fronterizas parecieron por poco tiempo cosa de un pasado oscuro y autoritario. Sin embargo, en los últimos años, la fabricación de cercas se ha convertido en un negocio en auge. La frontera entre Estados Unidos y México está ahora marcada por vallas peatonales y barreras para vehículos que se extienden, en fragmentos, desde el Océano Pacífico hasta la desembocadura del Río Grande. La "barrera de seguridad" israelí, ondulándose a través de olivares palestinos, busca protegerse contra el terrorismo, mientras que su contraparte más reciente entre el Sinaí y el desierto del Néguev tiene por objetivo los refugiados e inmigrantes africanos. Alrededor de las Ciudades Autónomas españolas de Ceuta y Melilla, así como en la frontera terrestre greco-turca, se han erigido vallas antimigratorias similares. Bulgaria está siguiendo el ejemplo con su propia barrera, construida a la vista de los restos de las vallas de la era comunista, que fueron construidas para mantener a la gente dentro. Todas estas nuevas barreras tienen una cosa en común: en vez de proteger a los estados-nación contra la amenaza militar tradicional en las fronteras, son dirigidas a supuestas "amenazas" transnacionales, incluyendo, especialmente, el llamado inmigrante "ilegal".

Las barreras son inútiles

La mayoría de los conocedores de la migración, desde académicos y políticos hasta la policía de fronteras, están de acuerdo en que tales barreras son inútiles. En su “Walled States, Waning Sovereignty” (Estados Amurallados, Menguante Soberanía), Wendy Brown ve las barreras y vallas como una "defensa psíquica contra los fallos sistémicos", proyectando el poder del Estado en un terreno cada vez más ingobernable. Del mismo modo, Tim Finch del think-tank inglés IPPR ha calificado el caos de Calais como de "esencialmente irresoluble", ya que los viajeros desesperados "simplemente probarán otros caminos" para llegar al Reino Unido. En cuanto a los políticos, hace poco el propio Ministro del Interior español admitió que en política migratoria "no todo es poner concertinas y vallas", precisamente lo que su gobierno ha estado haciendo, sin éxito, en los últimos años. Los guardias de fronteras, también, con frecuencia expresan frustraciones con las cercas, como un oficial de la Guardia Civil en Ceuta que en 2010 me dijo sin rodeos: "La valla no vale para nada". La Comisión Europea apoyó este punto de vista cuando se negó a financiar el cercado en la frontera de Grecia, que lo calificó como “un proyecto sin sentido".

Sin embargo, hay más cuestiones en las vallas fronterizas que su inutilidad. Cumplen con su función, pero rara vez del modo previsto. En cambio, propician métodos de entrada cada vez más dramáticos y peligrosos, alimentando así el fenómeno que deberían paliar, lo cual a su vez tiende a propiciar su refuerzo a perpetuidad.

Vemos esto en la frontera entre los Estados Unidos y México, donde en la era de George W. Bush la Secure Border Initiative (Iniciativa para una Frontera Segura) fracasó espectacularmente, y donde los controles estrictos simplemente han dirigido los migrantes hacia zonas mortales del desierto. Lo vemos, también, en las fronteras exteriores de Europa, donde las vallas sólo han "triunfado" en empujar temporalmente migrantes y refugiados hacia rutas más largas y peligrosas; es decir, hacia las rutas marítimas del Mediterráneo y del Atlántico. Tarde o temprano, sin embargo, los migrantes suelen regresar a las vallas, de forma cada vez más espectacular.

La frontera de Melilla ilustra una realidad absurda y trágica

La frontera de Melilla, uno de los lugares citados en mi nuevo libro “Illegality, Inc.” (Ilegalidad, S.A), ilustra estas dinámicas, tan absurdas como trágicas. Cuando los primeros migrantes subsaharianos indocumentados llegaron a la Ciudad Autónoma en los años noventa, simplemente cruzaron la frontera a pie, como todos los demás. Entonces se erigió la primera barrera, y con esa surgió una “amenaza”. Los migrantes llegaron en multitud incontrolable, la única manera de entrar. Cuando España extendió la colaboración con Marruecos, el aumento de la represión alimentó la desesperación entre los migrantes, quienes vieron las vallas de Melilla y Ceuta como su última vía de escape.

Como resultado, las vallas se fortalecieron de nuevo en 2005 con la ayuda de fondos de la UE. En Melilla, la nueva triple valla alcanzó seis metros de altura Una construcción acompañada de sensores, cámaras térmicas, mecanismos de gas pimienta, focos y una intrincada malla de cables de acero destinada a atrapar cualquier intruso. Esta exhibición masiva de fuerza "funcionó" durante un tiempo, 2013 y 2014, hasta que los migrantes desesperados encontraron nuevas formas de cruzar. En el mes de febrero del presente año, 15 migrantes murieron cuando trataban de circunvalar el perímetro de Ceuta a nado, esquivando balas de goma disparadas por los guardias civiles. Sin embargo, a pesar de la violencia, los migrantes siguen llegando, lo cual ha alentado nuevas inversiones, por encima de los 72 millones de Euros ya gastados en las vallas desde 2005. Madrid ha pedido más dinero a Bruselas; ha reforzado los controles en Melilla con más guardias, alambradas de “concertina” y una malla anti-trepado. También ha extendido la cooperación con Marruecos, cuyo gobierno está construyendo ahora una nueva barrera fuera de la triple valla de Melilla y otra en su larga frontera con Argelia.

En el caso del Reino Unido, el ministro de inmigración se refirió inadvertidamente a una dinámica igual absurda cuando presumió de que "se han invertido ya millones de libras en la mejora de la seguridad y la tecnología en Calais". Esta tecnología no ha detenido los intentos clandestinos de entrada, y es igual de improbable que una nueva barrera en el puerto logre este objetivo.

 

Alrededor de las vallas se han creado redes complejas de intereses

Con esto en mente, ¿Cómo es que se sigue construyendo vallas? La respuesta está en el objetivo declarado por el ministro del Reino Unido; es decir, "enviar un mensaje muy claro" sobre los fuertes controles. Tal mensaje no va dirigido a los migrantes, quienes apenas necesitan un recordatorio de este tipo. Más bien, está destinado a un público interno y especialmente a los medios de comunicación ingleses. Después de todo, la "marea" de la migración que supuestamente está inundando los países europeos no se puede visualizar de mejor manera que en una valla fronteriza.

En este sórdido “juego de frontera” (bordergame), como otros escritores lo han llamado, participan muchos sectores aparte de los medios de comunicación. Las empresas de defensa, por ejemplo, comercializan sus "soluciones" a escala global, aplicando fácilmente su tecnología de vallado o sus sistemas de vigilancia a nuevos entornos, desde Israel y Europa a Arizona. Cosa que, desde un punto de vista antropológico, más que las ganancias financieras, se refiere a las complejas redes de dependencia creadas en torno a divisiones fronterizas de apariencia impenetrable. Al decir que “la valla no vale para nada”, el guardia civil mencionado quería destacar el papel clave desempeñado por las fuerzas marroquíes en la interceptación de migrantes antes de que lleguen a las vallas de Ceuta y Melilla.

Alrededor de esas vallas, se han creado redes complejas en las que las fuerzas fronterizas africanas y europeas se aproximan cada vez más, junto a otros actores: los pasadores que ofrecen nuevas rutas a sus clientes, los activistas que ven las barreras como sitios ideales para protestar, los humanitarios atendiendo a aquéllos que cruzan, angustiados o heridos y, por supuesto, los propios migrantes, quienes pueden utilizar las vallas para organizar precisamente las entradas espectaculares que los medios de comunicación anhelan. Así, la construcción de la valla ha creado una especie de “ecosistema” en el cual cada clase de incentivo -económico, social y político- contribuye al drama continuado en la frontera.

Para romper este círculo vicioso, primero tenemos que echar un vistazo racional a las cifras. En Calais y Melilla, unos pocos miles de inmigrantes han generado dos "crisis" muy similares a pesar de que el número total de inmigrantes en los estados miembros de la Unión Europea, en el último recuento, fue de 3,4 millones al año. Mientras tanto, el 86 por ciento de los refugiados del mundo son acogidos por países en vías de desarrollo, no por las naciones occidentales. La espectacular construcción de vallas y el patrullaje intensivo de las fronteras exteriores, entonces, no es sólo contraproducente sino un "problema" muy exagerado.

 

Respuestas más humanas al movimiento humano

En segundo lugar, las vallas fronterizas ponen en relieve que el debate político sobre quién debería poder entrar -por importante que sea- es bastante inútil a menos que se tenga en consideración que los Estados no siempre pueden controlar los flujos migratorios como lo deseen, en un momento en que los bienes y los capitales fluyen libremente a través de las fronteras. De hecho, se ha demostrado una y otra vez que la demanda estructural de mano de obra -no obstante las medidas policiales en las fronteras- es el principal impulsor de la migración. Mientras tanto, los conflictos transfronterizos cada vez más feroces en los alrededores de Europa, que están empujando a los refugiados a desplazarse, demuestran con igual claridad cómo los intentos a detener el movimiento humano con mano dura están destinados al fracaso.

En lugar de deslumbrarnos con la construcción de vallas espectaculares, es hora de mirar más allá de ellas. Por un lado, esto implica buscar respuestas más humanas al movimiento humano, incluyendo el reasentamiento ordenado de refugiados. Por otro lado, involucra no ver a la migración como un "problema" auto-contenido que requiere no una simple respuesta policial, sino ser considerado como una parte intrínseca de un mundo en movimiento.

#Ruben Andersson es antropólogo en la Civil Society and Human Security Research Unit (Unidad de Investigación sobre la Sociedad Civil y la Seguridad Humana) de la London School of Economics and Political Science. Es autor del libro “Illegality, Inc.: Clandestine migration and the business of bordering Europe” (Illegalidad, S.A.: La migración clandestina y el negocio de las fronteras europeas), publicado por la University of California Pressen 2014. Twitea desde @ruben_andersson.

NOTA: La versión inglesa de este artículo ha sido publicado por la página de debate British Politics and Policy (políticas británicas) de la London School of Economics: http://blogs.lse.ac.uk/politicsandpolicy/ y contamos con la autorización del autor para su publicación.

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