lunes, 21 de agosto de 2017
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Redacción

Inmigración. Cuestión de justicia social. Una triste realidad

David López. Director del Correo de Andalucía


Lugar: Aduana de entrada en España y en Europa. 
Inmigrante: ¡Buenos días! ¡Buenas tardes! ¡Buenas Noches! Soy inmigrante ¿Puedo pasar?. Sería una buena manera de empezar una vida nueva. Pero la realidad es bien distinta y diferente. Llegan tiritando de frío, después de una larga travesía, sin documentación y habiéndose hipotecado con las mafias hasta los tuétanos. La situación desborda y es difícil de controlar. Para el inmigrante llegar a un país de Europa conlleva la sensación de haber vencido a la desesperación que vivía en su país de origen. Llega a una nueva tierra -la tierra prometida- en la que, por lo menos, tendrán derechos.

La llegada de inmigrantes de África -personas que han decidido dejar su tierra y adentrarse en un camino desconocido- tiene un soporte histórico complejo sobre el que Europa tiene un protagonismo directo. Hecho que se apoya en la constatación de que estos países fueron un día colonias de Europa.

Algo no hicimos bien y, desde luego, hasta la fecha poco hemos hecho por apoyar el progreso social de este continente. Continente de esperanza humana, sí de capital humano, al mismo tiempo que lleno de recursos y posibilidades.

La inmigración de los africanos la observábamos desde lejos; salvo momentos puntuales; pero el crecimiento económico de nuestra sociedad hacía que nuestra conciencia estuviera lejos del drama que estas personas vivían en sus países. Se absorbía la mano de obra porque había trabajos que realizar y éstos eran para los inmigrantes. Trabajos que nosotros no queríamos.

África está siendo atropellada y avasallada

La inmigración, por otra parte, es un hecho recurrente desde el punto de vista político, y por esta razón ninguno de nuestros políticos ha querido hacer una reflexión en profundidad. Al final, la triste realidad de muchas personas que tienen que abandonar obligatoriamente sus países puede convertirse en un hecho clientelar para el político que busca votos. Esto se puede dar y de hecho existe en todas las direcciones ideológicas. Falta rigor y, sobre todo, lo que no se pretende nunca es analizar lo que está ocurriendo. Se mira mucho más el rédito electoral cortoplacista que ir a las verdaderas causas de una inmigración injusta e insolidaria porque el origen está en la desidia que tenemos de enfrentarnos al problema con honestidad.

Observemos a Europa y situémonos, también, en nuestra España. Analicemos qué dicen nuestros políticos y estemos atentos a lo que la ciudadanía pueda pensar con respecto a la inmigración, porque podemos, sin darnos cuenta, adentrarnos en un túnel de profunda obscuridad.

África está siendo atropellada y avasallada, y lo está siendo con el consentimiento de todos. Sin pudor observamos desde la atalaya europea lo que ocurre en este continente bello.

Es un continente en donde todos los paisajes mezclados (desiertos, sabanas, estepas, montañas, selvas, ríos) con las diversas criaturas de la naturaleza hacen que aparezca un mosaico lleno de colores diversos, y que en los amaneceres surja un sol brillante y vigoroso y en los atardeceres, de cara a la noche, que una suave brisa lo atraviese de norte a sur y de este a oeste haciendo del mismo un lugar para que pueda reinar la paz y la armonía. Pero esta realidad muy poco o casi nada la pueden disfrutar sus propios habitantes.

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