El referéndum británico no es el final de un proceso, sino el inicio de un nuevo replanteamiento. Una vez roto el tabú de poder abandonar la Unión, la UE debería empezar a revalorizar la importancia y la voluntad de querer quedarse. Debería replantearse el cómo y el porqué de este proyecto. Ya no vale seguir en una Unión sin plan B porque el drama de estos últimos años fue, precisamente, que el discurso de la alternativa se construyó sólo desde el euroescepticismo. La UE de hoy está aún más agrietada que la de principios de 2015 cuando el premier británico, David Cameron, convocó el referéndum, y la fuerza política de Bruselas aún más debilitada.
Ahora que formar parte de la UE ya no es un compromiso irrevocable, es necesario que aquellos que todavía creen en una Europa política y no sólo económica comiencen a recomponer el diseño de una Unión que ha abandonado a los ciudadanos para entregarse a los intereses contrapuestos de los estados miembros. Pero, ¿Quién reescribirá la alternativa? ¿Quién tiene este plan B compartido, que no suponga desmontar la Unión? Las capitales han secuestrado el proceso político comunitario, el triunvirato institucional de Bruselas no consigue imponerse como contrapeso y el eje franco-alemán ha vuelto a apostar por ritmos y mensajes divergentes en la primera reunión post-Brexit.
París y Berlín ya se enfrentaron hace un año en otro referéndum existencial, cuando los griegos votaron masivamente contra el acuerdo que Alexis Tsipras negociaba en Bruselas con los acreedores internacionales. "Nadie puede ignorar la voluntad de un pueblo", sentenciaba un Tsipras victorioso la noche electoral, inconsciente de que él mismo traicionaría ese resultado en cuestión de días y firmaría unas condiciones incluso más severas. París y Berlín colisionaron en la gestión de aquél no. Lo que está en juego no es si Grecia continuará o no en la eurozona -admitió entonces el presidente francés, François Hollande- sino "nuestra concepción de Europa", los límites del poder alemán para reescribir la Unión. Aquel divorcio franco-alemán se ha consumado después del referéndum en el Reino Unido.