lunes, 21 de mayo de 2018
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Luis Moreno. Profesor de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

Para aquellas empresas de matriz británica que se han beneficiado extraordinariamente de su "pasaporte europeo", la situación generada tras el referéndum puede volverse muy perjudicial.

Un total de 33,5 millones de británicos acudieron a votar a los colegios electorales el 23 de junio de 2016. La participación electoral superó el 72%. El resultado final fue inesperado y relativamente ajustado: el Brexit ganó con un 52% de los votos. La fractura entre los votantes jóvenes y mayores fue quizá el rasgo más significativo de la consulta. La diferencia entre los votantes del grupo de edad de 18-29 años a favor de Bremain (permanencia en la Unión Europea) fue de más de 40 puntos porcentuales. Por contraposición fueron casi 30 los puntos porcentuales a favor del Brexit entre los mayores de 60 años. Las disparidades en la edad y en las cosmovisiones de las generaciones más y menos socializadas en el devenir de la Unión Europea, contribuyeron de manera decisiva al triunfo de la opción de abandonar la UE.

"Brexit means Brexit" (salida significa salida)

El 1 de enero de 1973, Edward Heath, a la sazón primer ministro conservador, había auspiciado la entrada del Reino Unido en la otrora CEE (Comunidad Económica Europea). El referéndum celebrado el 5 de junio de 1975 ratificó el ingreso en el club europeo del Reino Unido. Ahora los euroescépticos han ganado la batalla del Brexit para revertir la situación a la existente antes de 1975. En puridad democrática el desenlace no podría ser otro que el desenganche británico de la UE. Poco parece importar que la ahora premier británica, Teresa May se hubiese manifestase tibiamente a favor de la permanencia del Bremain durante la campaña del referéndum. Horas después de hacerse cargo de su nuevo cometido gubernamental, y rodeada de los diputados Tories, May pronunció las rotundas palabras: "Brexit means Brexit" (salida significa salida). Según la constitución (no escrita) británica el resultado del referéndum deja poco lugar a dudas y el Reino Unido debería comunicar su decisión a la UE para que se proceda con su salida. Pero es en este punto donde surgen dudas y no pocas incógnitas de futuro.

La Cámara de los Comunes ha programado una sesión parlamentaria el 5 de septiembre para discutir la posible celebración de un segundo referéndum sobre la salida del Reino Unido de la UE. La propuesta fue apoyada telemáticamente por 4 millones de personas, argumentando que una decisión tan importante como el Brexit debería haber sido apoyada por un porcentaje de al menos el 60% de los que votantes, y con una participación superior al 75% del censo electoral. Un aspecto sustancial a dirimir afecta al asunto de Escocia e Irlanda del Norte, territorios constitutivos del Reino Unido, donde se produjo un voto mayoritario a favor de quedarse en la Unión Europea.

El discurso de la independencia ha retomado fuerza y protagonismo en Escocia. Allí, se produjo un voto mayoritario a seguir formando parte de la Unión Europea sin excepciones a lo largo y ancho del viejo reino caledonio. No sorprende, por tanto, que 48 horas después de jurar su cargo ante la reina Isabel II, Theresa May realizase un viaje oficial a Edimburgo para entrevistarse con la nacionalista Nicola Sturgeon, responsable del ejecutivo escocés.

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