sábado, 21 de octubre de 2017
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Redacción

Desigualdad educativa, la crisis de las oportunidades

Juan Carlos Solano Lucas. Profesor Titular de la Universidad de Murcia

Juan Carlos Solano Lucas. Profesor Titular de la Universidad de Murcia

Llevamos años escuchando en los medios de comunicación y desde distintos organismos tanto internacionales como nacionales, que el Estado es ineficiente, que es más rentable que las empresas privadas gestionen los recursos públicos, que no es sostenible el Estado Social, que los empresarios arriesgan mucho, que no es viable mantener el Estado de Bienestar, ni siquiera es rentable, etc?

Recientemente el Presidente de la Patronal española Juan Rosell en una conferencia en AECOC (Asociación Española de Codificación Comercial) decía que "si la sanidad y la educación estuvieran gestionadas por empresarios se harían mejor las cosas". No cabe duda de que el señor Rosell hablaba a conversos, a un público que está convencido de los grandes males del sector público y eso te anima a ser más directo, más dicharachero y más osado. Creo que hoy día pocos pueden dudar de que la empresa privada es la mejor institución económica capaz de sacar de los recursos el mayor beneficio económico posible, pero no necesariamente el mayor beneficio social, que a la larga es el que redunda en favor de toda o gran parte de la sociedad. La gestión privada de lo público podrá conseguir una alta rentabilidad monetaria pero eso no garantizará que los que tienen menos oportunidades puedan acceder a los servicios mínimos que la sociedad debe dar a sus ciudadanos.

Más allá de los idearios empresariales o sindicales, de los intereses económicos de la clase empresarial o de las necesidades de subsistencia de la clase trabajadora, la realidad es que la desigualdad social en España es crónica. Los sociólogos, los economistas, e incluso los periodistas le hemos ido poniendo apellidos distintos, a la sazón del contexto, de las modas o de los intereses de unos u otros. Digo que es crónica porque ni durante la Belle Époque, entiéndase boom inmobiliario, las tasas de pobreza se redujeron.

Entre 2004 y 2013 la tasa de riesgo de pobreza de la población española (que es el porcentaje de personas que están por debajo del 60% de la renta mediana disponible, por unidad de consumo) ha estado rondando el 20% (EUROSTAT). La crisis no ha elevado este porcentaje, incluso podríamos arriesgarnos a decir que no ha sido más alto porque las transferencias sociales, especialmente en la revalorización de la pensiones mínimas ha podido suponer un paliativo del empeoramiento de las condiciones de vida. Aunque en términos generales las transferencias sociales del estado no suponen en el caso español un cambio sustancial en el riesgo de pobreza.

Las diferencias parten del origen social

El sistema social del que nos dotamos no hace mucho tiempo tenía en su génesis la pretensión de que todos los ciudadanos tuvieran desde el acceso a la educación la misma igualdad de oportunidades, y que sólo las capacidades individuales fueran las determinantes de los éxitos y fracasos de cada sujeto. La realidad social es más compleja, al margen de que hipotéticamente nos dotemos de un sistema educativo más justo y equitativo, el origen social es un determinante claro en el éxito o el fracaso escolar, y más adelante, del tipo de ocupación que desempeñaremos, porque las conquistas educativas son un aliado para los premios laborales.

Desde que Coleman, en 1966 a través de un informe que lleva su nombre, solicitado por el Presidente y el Congreso de los Estados Unidos afirmara que las diferencias en los resultados educativos en las escuelas de este país no dependían de la cantidad de recursos económicos destinada a los centros, ni tampoco de las diferencias raciales entre blancos y negros, sino más bien del origen social del alumnado; las evidencias empíricas en esta materia han sido numerosas. En otras palabras, Coleman y otros muchos científicos sociales vienen a decir que en centros educativos homogéneos cuyo alumnado proviene de clases medias, acomodadas o altas, los resultados serán mejores en éstos que en aquellos centros heterogéneos, desde la perspectiva de clase. Y lo explicaba de la siguiente manera: "El handicap del alumno negro no es únicamente que debe hacer frente a sus propios problemas socio-económicos de su hogar, sino que está rodeado de gente con las mismas desventajas, que más que animarlo hacia un mejor desempeño académicos le hace ser más pesimista acerca de su futuro". En suma, con la pretensión de paliar las diferencias de origen es necesario orientar la normativa al aprovechamiento del capital humano de nuestra sociedad.

Pero quiero centrarme en la desigualdad educativa y en las consecuencias de ésta en el futuro de la sociedad española, sobre todo en un contexto de globalización económica y de alta competitividad, no sólo de las empresas, sino también de los trabajadores. Y muy especialmente quiero centrarme en las oportunidades de los jóvenes españoles.

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