lunes, 18 de diciembre de 2017
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Peru Erroteta. Periodista 

Corría 2007, cuando el por entonces candidato electoral Mariano Rajoy puso en duda el cambio climático haciendo valer la opinión de su primo -él no sabía nada de estos temas, reconoció-, catedrático de física en la Universidad de Sevilla, como argumento de peso. Al mismo tiempo, el presidente estadounidense, Barak Obama declaraba que el cambio climático es la principal amenaza a la seguridad nacional de los EE.UU ¿Cómo es posible este "decalage" de opinión? ¿A qué responde la tendencia del pensamiento conservador a negar lo evidente?

Podría tener sentido, que las industrias contaminantes y adláteres se resistieran, como lo están haciendo, a tomar medidas contra el calentamiento del planeta. Les va en ello la cuenta de resultados. Aun admitiendo los datos, reconociendo los efectos ya visibles del cambio climático, no cuestionando lo que dicen los científicos, el mercado no perdona y, en consecuencia, buscará cualquier resquicio para salvaguardar sus intereses, a costa incluso de vulnerar las reglas.

Entra dentro de la lógica del beneficio que estos intereses amenazados recurran, como lo hacen, al mundo académico, en la idea de apuntalar sus puntos de vista, de argumentar sus discursos, de revestir con planteamientos rigurosos sus negocios. Y no faltan, desde luego, quienes desde los ámbitos del conocimiento entran en este juego fundamentalmente, claro, por razones crematísticas.

Resulta, en fin, hasta comprensible que los contaminadores dediquen sumas respetables a las agencias de relaciones públicas, la publicidad, los medios de comunicación?, para transmitir el mensaje de que ellos son los primeros interesados en el mantenimiento del medio ambiente. La lavadora de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) está que echa humo a escala global.

Una forma refinada de cinismo

Pero lo que resulta sorprendente (y alarmante) es que desde el ámbito de la política -que poco parece tener que ver con los intereses ligados a la contaminación atmosférica- se puedan sostener opiniones como la de Mariano Rajoy o, por ejemplo, la del diario ABC que, editorialmente, sostiene que la alcaldesa de Madrid está utilizando la contaminación en la ciudad como pretexto para imponer, de forma dictatorial, a qué velocidad deben circular los coches y donde podemos o no aparcar.

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