miércoles, 13 de diciembre de 2017
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GALICIA

José Manuel Campelo.- En la tierra de los mil ríos y en la que sus rías atlánticas son uno de sus elementos más característicos, la calidad medioambiental de sus aguas siendo una asignatura pendiente.

Si bien el saneamiento y la depuración de las aguas son dos pilares básicos de la Ley de Aguas autonómica, y el Ejecutivo gallego ha puesto en marcha el plan de infraestructuras hidráulicas junto con un plan hidrológico en la demarcación de Galicia Costa, la reducción de las partidas destinadas por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha venido a paralizar proyectos de depuración de aguas recortando la inversión y por lo tanto la planificación de las infraestructuras necesarias.

La realidad actual es que la calidad de las aguas en Galicia ha sido y, lamentablemente sigue siendo uno de los problemas ambientales más importantes de la comunidad autónoma. Tanto los cauces fluviales como las rías gallegas han recibido durante años los vertidos de aguas residuales directamente, tanto de poblaciones pequeñas como de grandes ciudades y de numerosas industrias cuya actividad es fuente de generación de residuos y de contaminación.

La mayor parte del litoral gallego ha sufrido y sigue padeciendo los vertidos de aguas residuales e industriales que dañan los ecosistemas marinos, además de causar un gran impacto ambiental y paisajístico en algunas de las zonas de mayor valor natural de Galicia. Un negativo panorama ecológico y medioambiental del que encontramos ejemplos a lo largo de la costa atlántica y entre los que destacan las rías de Ferrol, con 150 focos contaminantes; Arousa, y sus 500 puntos de vertidos -; Vigo, que recibe más de 200 millones de litros de aguas sin tratar; y la ría coruñesa de O Burgo, donde vierten sus aguas residuales los ayuntamientos de A Coruña, Cambre, Oleiros y Culleredo, según reflejan los datos de la propia administración gallega.

Un grave problema que, además de deteriorar el medio ambiente, también acarrea consecuencias económicas y sociales. No olvidemos que son muchas las familias que viven de la actividad marisquera y pesquera de las rías y que como consecuencia de la contaminación y el basurero en que se han convertido los fondos marinos han visto como disminuye la pesca y marisco, teniendo que adoptar medidas de veda y control de capturas.

Las reiteradas llamadas de atención de la Unión Europea, con advertencias incluso de sanciones económicas pusieron hace años el dedo en la llaga y propició varios planes de saneamiento y regeneración del litoral por parte de los diferentes gobiernos de la Xunta de Galicia. Una labor que, a pesar de la planificación, inversión e infraestructuras realizadas tanto en saneamiento como en depuración están aún lejos de ser determinantes para acabar con estas agresiones medioambientales. Los plazos están marcados, el horizonte del año 2015 pero está por ver que se alcance el objetivo de un saneamiento real. Porque a raíz de los mencionados recortes del Gobierno español, las depuradoras de Ourense y Lugo no se finalizarán hasta 2015, y la de Santiago de Compostela está previsto iniciarla en 2013, si todo va bien claro.

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