sábado, 16 de diciembre de 2017
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Carlos Berzosa. Catedrático de Economía aplicada Universidad Complutense de Madrid


El Estado de bienestar ha sido el mayor logro de avance social que ha conseguido el capitalismo en la mayor parte de los países desarrollados. Se consiguió con estas políticas poner de manifiesto la capacidad del sistema de llevar a cabo reformas económicas y sociales que favorecieron la tendencia a una mayor igualdad en derechos y oportunidades. El capitalismo fue capaz de demostrar que era posible adaptarse a las demandas y reivindicaciones de los ciudadanos.

 

El desarrollo y consolidación del Estado de bienestar se produjo en el periodo de comprendido entre el final de la segunda guerra mundial y la década de los setenta, aunque hubo precedentes de políticas sociales anteriores. Se dio fundamentalmente en los países europeos. En Estados Unidos, aunque no tuviera lugar la implantación del Estado de bienestar que se dio en Europa, hubo a su vez una mejora en la distribución de la renta, como consecuencia de la pervivencia de las medidas tomadas por Roosevelt.

Esta fase se caracterizó por haber sido la que ha tenido las tasas de crecimiento económico más elevadas en la historia del capitalismo industrial, al tiempo que se logró el pleno empleo, y un mayor grado de cohesión social. De forma que el crecimiento, sustentado, entre otras cosas, en incrementos de la productividad fue compatible con mejoras en la distribución de la renta y con importantes logros en los derechos sociales.
El capitalismo no era un camino de rosas
Los trabajadores comenzaron a dejar atrás las grandes privaciones que habían padecido en el siglo XIX y también, aunque en menor medida, a principios del XX, pues a pesar de que hubo progresos se seguían sufriendo bastantes carencias. Al tiempo que aumentaba la clase media resultado de los progresos económicos obtenidos y la creciente diversificación de la economía. La clase trabajadora empieza a participar de la sociedad del consumo que se expande fundamentalmente en este periodo de auge.
Por lo general las clases sociales más desfavorecidas abandonan los ideales revolucionarios que habían caracterizado los años anteriores y pasan a apoyar las posiciones reformistas. El debate entre reforma y revolución que había caracterizado las luchas sociales durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, dio paso al triunfo de las posturas reformistas frente a las revolucionarias en los países más avanzados en el crecimiento económico. Los trabajadores en los países capitalistas desarrollados consiguen un mayor bienestar material que los trabajadores en la Unión Soviética.
De todos modos, este capitalismo de posguerra, a pesar de lo mencionado, no era un camino de rosas, pues sufría carencias, debido a que la desigualdad seguía existiendo, aunque en grados menores que las épocas anteriores, y la exclusión también se daba. Por otra parte, la expansión que se consiguió no era ajena a unas relaciones de dominio que tenía sobre el tercer mundo y la consecución de materias primas y energía baratas. El gasto militar creció desmesuradamente al tiempo que había necesidades sociales insatisfechas.
Lo que sí resulta importante señalar es que el Estado de bienestar que se fue implantando con diferencias entre los países fue lo máximo que se logró en las reformas económicas y sociales dentro del sistema, sin que la naturaleza principal que rige su funcionamiento quedase alterada.

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