jueves, 14 de diciembre de 2017
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De sindicalismo y patrias

Javier Castro. Periodista

"Entre todas las ideas idiotas y perversas que los obreros aceptan de esa clase que vive de su miseria, el patriotismo es la peor": Industrial Workers of de World (IWW), sindicato norteamericano en los años 20.

Jean Jaurès, político socialista francés y fundador del diario "L'Humanité", se enfrentó con pasión al peligro de guerra en Europa -especialmente tras el estallido del conflicto de los Balcanes, en 1912- 1913- también se opuso a la ley que alargó a tres años el servicio militar obligatorio en Francia y ante el ultimátum austríaco contra Serbia, tras el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, Jaurès se distanció de la ola chauvinista que crecía en su país. En su discurso en Lyon, el 23 de julio de 1914, culpó de la "situación terrible que se vivía" a "la política colonial de Francia, la hipocresía de Rusia y la brutal voluntad de Austria". Llamó a los obreros de todos los países que estaban al borde de enfrentarse a unirse para alejar "la horrible pesadilla de la guerra". El 31 de julio de 1914, tres días después de dar comienzo la Primera Guerra Mundial, Jaurès fue asesinado y eso facilitó la incorporación de la izquierda francesa a la "Unión Sagrada", especie de gran coalición patriótica de guerra.

Año y medio antes del estallido de la Gran guerra, en noviembre de 1912, el congreso de la Segunda Internacional en Basilea, al que asistieron delegados de los partidos socialistas de todo el mundo, aprobaba un llamamiento a las organizaciones obreras a hacer todo lo posible para impedir el conflicto. Y en caso de no ser posible, se acordó aprovechar la indignación de las masas para desencadenar una revolución. El martes 4 de agosto de 1914, los delegados socialdemócratas en el Reichstag alemán votaban unánimemente a favor de los créditos de guerra. Simultáneamente, los líderes socialistas de Francia, Gran Bretaña y Austria declaraban su apoyo a las acciones militares de sus respectivos gobiernos. Así, el nacionalismo acabó imponiéndose al internacionalismo, provocando con ello un desgarro social entre los trabajadores que aún perdura

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