jueves, 14 de diciembre de 2017
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Redacción

El movimiento sindical en un momento de cambio y crisis: ¿Apreciar los legados y las luchas de los trabajadores organizados?

Miguel Martínez Lucio

Miguel Martínez Lucio. La Universidad de Manchester

La mayor movilidad del capital y la aparición de políticas para facilitar una gama más amplia de opciones de organización disponibles para la gestión en materia de cuestiones laborales es visto por muchos de haber sido un cambio en la regulación de empleo por parte del Estado y los trabajadores organizados a través de la negociación colectiva. Las continuas amenazas de las empresas que se marcharán a las economías nacionales menos regulados, el cambio hacia nuevos tipos de trabajo basada en los servicios, con una tradición más débil de la regulación, la movilidad más desorganizado de los trabajadores dedicados a las formas más vulnerables de trabajo en términos de sus derechos, y el inicio de nuevas formas de comunicación y la tecnología que crean formas menos controlables -desde el punto de vista de los trabajadores- significa que el equilibrio de poder aparece muy a favor de las empresas.

Es más, los sistemas de relaciones laborales han sido puestos bajo una mayor presión en los contextos europeos y norteamericanos desde la crisis financiera y la crisis posterior que se inició en 2008. Los gobiernos han estado buscando maneras en las partes más débiles de los modelos más organizadas y coordinadas socavarlos o permitir que la dirección pueda eludir la regulación y los derechos laborales conjuntos. El Fondo Monetario Internacional e incluso la Comisión Europea ha sido fundamental en el asesoramiento sobre políticas que permitan a las empresas una mayor discreción en la reestructuración de sus plantillas y sin pasar por los convenios laborales, especialmente en países como España. La crisis del movimiento obrero organizado ha pasado por una serie de etapas que se inició con el debilitamiento de las estructuras de mano de obra industrial y organizado de la clase obrera en los años 1970 y 1980 a través de un desafío más cualitativo para controlar en el lugar de trabajo a través de nuevas técnicas de gestión en la década de los 1990 que implicaron nuevas formas de comunicación con el equipo de trabajo, y la precariedad en el trabajo más reciente y la vuelta a la contratación de ultra-corto plazo.

Esto ha llevado a una creciente preocupacióncon la degradación del trabajo y el debilitamiento fundamental de la calidad de la vida laboral. El contrapeso para esto -o uno de los contrapesoses que en los países el desarrollo y en transición, como Malasia y China han visto previamente extensos desarrollos en su mano de obra industrial y de servicios que despliegan un conjunto importante de la gestión "occidental" y las prácticas organizativas y culturas. No obstante, estos avances no han sido capaces de reproducir un cuerpo fuerte de derechos laborales y la relación laboral organizada que se ve en los países desarrollados con anterioridad o incluso en la actualidad - y han visto formas de trabajo de parto que se basan en las formas extremas de intensificación del trabajo. Ya se trate de centros de llamadas en la India o en la producción de teléfonos inteligentes en China, hemos visto grandes temas de control del lugar de trabajo y los resultados relacionados con el estrés.

La nueva economía global se basa en búsquedas constantes de ventajas laborales en términos de costos, que crean un ambiente de competencia entre la mano de obra y las instituciones políticas (incluidos los sindicatos) de diferentes países como esta apuesta por la inversión de capital internacional como Naomi Klein nos recuerda.

Este asalto -si podemos llamarlo así- en el espacio de representación y la dimensión simbólica de la regulación laboral y el trabajo es seguido por, o tiene en paralelo, un asalto a la dimensión física y mental del trabajo. Este cambio en el terreno económico, político y social de las relaciones laborales, por un lado, y la naturaleza de entre los actores que luchan para mantener cierta apariencia de control e influencia, por otro, se juega sobre el espacio del individuo, por lo tanto tendríamos que examinar la necesidad de ver el cuerpo y la persona el terreno de la relación entre el capital y el trabajo en su propio derecho. La cuestión de la tensión que surge de los niveles de intensificación del trabajo y el desarrollo de una serie de rácticas de producción, junto con los patrones cambiantes del tiempo de trabajo se está convirtiendo en problemas agudos.La cuestión del tiempo y ritmos de trabajo irregulares también ha hecho que se preste mayor atención al equilibrio entre nuestra vida laboral y la vida personal. Los límites entre las diferentes de nuestra existencia social y como este requiere políticas políticos y concertados de organización para sostener una forma racional de la existencia no es nada nuevo en las luchas laborales como por ejemplo en el estado de Victoria (Australia) a finales del siglo 19, nos recuerdan con su enfoque en ocho horas para el trabajo, ocho para el tiempo social, y ocho para el sueño.

Por lo tanto, los terrenos de las relaciones laborales se está expandiendo en el intento de hacer frente a esta situación y sobre la base de la creciente atención legislativa prevista por el Estado en relación con la salud y la seguridad en general, así como la igualdad en el género y los derechos relacionados con la raza, hasta cierto punto u otro hacen que cada vez más son el foco de la mirada pública y política. Lo cual significa que la lucha, tanto a nivel colectivo como también individual, se forma en torno a nuevos puntos de referencia y que el individuo es un importante foco de atención con estos sucesos.

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