miércoles, 23 de agosto de 2017
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Redacción

Sindicatos y ¿Ahora qué?: El ciber-sindicato ético

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Magdalena Nogueira Guastavino. Catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Universidad Autónoma de Madrid.

Se lleva diciendo hace ya tiempo que los sindicatos" son una especie de dinosaurio en vías de extinción". Pero cabe cuestionarse si, como especie en extinción, los sindicatos deben ser protegidos institucional y estatalmente mediante la creación de "reservas jurídicas" (como la representatividad, por ejemplo), si deben evolucionar por sí mismos y adaptarse a los nuevos tiempos para sobrevivir, o si, directamente hay que dejarlos morir.

En el momento actual el sindicato se enfrenta a una realidad nada favorable. El descrédito social al que se ven sometidos los sindicatos hoy en día es consecuencia en parte de embates exógenos, pues no puede dudarse de la existencia de una abierta campaña de desprestigio público desde sectores proclives a su desmantelamiento o, al menos, a lograr su debilitamiento como vía para incrementar el poder empresarial y retornar al laissez faire, la issezpasser.

Pero también deriva de serios poblemas endógenos, tanto de organización interna como de proyección externa. Uno de los primeros y más espinosos retos que los sindicatos deben abordar es, sin duda, el de la ética sindical. Sólo con transparencia y contundencia interna respecto a los casos desviados es posible sustentar su credibilidad.

Necesaria regeneración ética, ciertamente, no privativa de las organizaciones sindicales y predicable con igual fuerza a organizaciones empresariales o partidos políticos. Escándalos públicoscomo los ERE's de Andalucía, en materia de fondos de formación, o el último de Bankia, obligan a los órganos confederales a investigar y, de comprobarse comportamientos censurables (o, incluso, con la mera existencia de dudas razonables) adoptar medidas contundentes y no tibias, so pena de que la imagen sindical caiga aún más bajo que la que ya tenía en abril de 2013, donde obtenían la tercera peor nota de las instituciones sometidas a evaluación.

Un renovado modelo debe rehacerse sobre un nuevo planteamiento ético

Como en toda organización, comportamientos individuales censurables son difíciles de evitar por inherentes a la condición humana, siendo injusto imputarlos de modo ligero y colectivo sobre la institución; pero el reproche deviene colectivo cuando ésta quien los tolera, cubre o incluso encumbra internamente si de ellos se derivan beneficios contables colectivos.

Un renovado modelo sindical debe rehacerse sobre un nuevo planteamiento ético individual y colectivo, basado en la transparencia, en el establecimiento de códigos éticos efectivos -y no meramente programáticos- supervisados en su cumplimiento por órganos "externos" de control interno. Preservar la probidad de la organización exige ir más allá del elemento estrictamente jurídico, sobre todo a efectos de la opinión pública. El reto se sintetiza en la famosa frase de Julio César cuando justificó su divorcio a pesar dehaber reconocido públicamente que no había pruebas declarando que "su mujer debe no sólo ser honrada, sino parecerlo"El problema anterior conecta con el de su financiación y con éste, muchos de otros retos que el sindicato tiene pendientes. La financiación privada de los sindicatos proviene de las cuotas de los afiliados (con cuotas bajas para fomentar la afiliación), de las horas laborales pagadas del crédito horario de los representantes, teóricamente del canon de negociación colectiva fracasado en España (por el que los convenios colectivos fijan el pago de una cuantía por la negociación del convenio y que en España sólo se ha admitido si se demuestra el previo consentimiento individual de los afectados), y de los beneficios que deja la propia gestión sindical (servicios jurídicos, fondos de pensiones, hipotecas, construcción de viviendas asequibles, etc.). Fondos insuficientes para potenciar la acción sindical y extender sus miras de actuación.

La importancia de los recursos públicos (en España a través de subvenciones de la Ley General de Presupuestos en función del número de delegados, dietas por participación institucional, fondos de formación profesional, cesión de inmuebles del patrimonio sindical acumulado o indemnizaciones por el patrimonio sindical histórico) es incuestionable, pero genera el riesgo de que las fuentes de financiación pública se conviertan en una dependencia y subordinación al poder, por lo que deviene imprescindible buscar nuevas alternativas que potencien una mayor autofinanciación.

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