jueves, 14 de diciembre de 2017
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Redacción

El movimiento sindical de Europa occidental: tiempos duros, decisiones difíciles

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Rebecca Gumbrell-McCormick. Catedrático sociología de las relaciones laborales
Richard Hyman. Catedrático sociología de las relaciones laborales 

Desde hace varias décadas los sindicatos europeos -por mucho tiempo entre los más fuertes del mundo- están a la defensiva. Bajó el número de afiliados, en algunos casos de forma drástica, y se ha reducido su capacidad de negociación colectiva, al igual que su influencia en los gobiernos y, en algunos países, el respeto popular. El movimiento sindical de Europa occidental llegó a su máxima expresión socioeconómica hace cincuenta años, en el contexto de la producción industrial en gran escala ("fordismo") y el perfeccionamiento del estado de bienestar keynesiano: algunos empleadores de punta se convirtieron en "campeones de la nación" y no cabía duda de que los gobiernos nacionales se encargarían de definir la política social y económica; parecía obvio el papel fundamental de los sindicatos en esta relación triangular. 

Desde entonces el panorama ha cambiado irrevocablemente

Desde entonces el panorama ha cambiado irrevocablemente. Hoy en día los gobiernos se declaran incapaces de resistir los dictados de las fuerzas económicas internacionales, las principalesempresas operan, casi sin excepción, a partir de estructuras de propiedad y estrategias de producción transnacionales, al tiempo que los sindicatos a menudo se encuentran desorientados. Muchos se muestren inseguros con respecto al papel que deben cumplir en el siglo XXI, lo que origina conflictos internos.

Algunos observadores dudan incluso de la relevancia de los sindicatos como actores socioeconómicos. Pero también es cierto que los tiempos duros pueden estimular una reorientación del pensamiento y, a partir de ahí, abrir nuevas oportunidades; el desafío consiste en la revisión de la razón de ser y las prioridades de los sindicatos, así como la definición de nuevos caminos para alcanzarlas. Estos pueden implicar algunas decisiones difíciles: no todos los objetivos tendrán la misma prioridad, sobre todo, si los recursos están más escasos.

Hemos concluido un estudio del movimiento sindical en diez países de Europa occidental que busca explorar sus respuestas a los desafíos que debe superar y trata de dilucidar hasta qué punto está desarrollando nuevas fuen-tes de poder (Gumbrell cCormick y Hyman, 2013).

Las fuentes del poder sindical

Los sindicatos europeos de hoy están más débiles que hace algunas décadas, pero ¿A qué nos referimos cuando hablamos de la fuerza del movimiento sindical? A partir de la extensa bibliografía sobre el movimiento sindical se podrán definir cuatro fuentes de poder ampliamente reconocidas. La primera es de carácter estructural y se desprende de la localización de los trabajadores organizados en una rama ocupacional específica. Pueden tener determinadas destrezas y competencias escasas, que les dan valor frente al empleador y por las que son difíciles de reemplazar, otorgando al sindicato cierto "poder de negociación en el mercado".

O pueden ocupar una posición estratégicaen el proceso de producción de tal peso que una interrupción del trabajo ocasionaría costos importantes al empleador. De esta manera se generaría el "poder de negociación en la empresa".

Los trabajadores que reúnen las dos expresiones de poder estructural (en el pasado, por ejemplo, los tipógrafos profesionales del sector de la prensa) están en condiciones de formar sindicatos especialmente fuertes. El segundo tipo de poder está relacionado con la capacidad de asociación: el simple hecho de contar con afiliados proporciona recursos al sindicato, incluyendo los recursos económicos.

Sin embargo, asociación y organización no son términos sinónimos: la asociación puede limitarse a la afiliación pasiva de las personas a un sindicato para gozar de determinados beneficios y servicios de protección, sin que se produzca necesariamente una interacción entre los afiliados. Puede reflejar la "disposición a pagar", sin que la misma incluya la "disposición a actuar".

Por lo tanto debemos distinguir como tercera categoría el poder organizativo. Esta diferenciación está presente en muchos debates sobre la "revitalización" sindical: el reclutamiento de afiliados no es equivalente a la organización de los mismos (aunque puede ser una condición previa indispensable). "La unión hace la fuerza"; por mucho tiempo este ha sido el lema, pero la afiliación no es una garantía de unidad. La construcción de los recursos para el poder de una organización implica, en parte, un proceso de desarrollo y síntesis del "capital social", es decir los miembros, para lograr su identificación con el colectivo y el apoyo a sus objetivos y políticas. El poder organizativo depende además de procesos de democracia interna efectivos.

Misión: Una sociedad mejor El cuarto tipo de poder es de carácter institucional

El poder de asociación y organización puede verse apuntalado por las preferencias del empleador, el apoyo desde la legislación, los derechos de los comités de empresa estatutarios, la administración del sistema de bienestar social y el papel de los sindicatos en la estructura formal del sistema de consultas tripartitas de alto nivel. Esta apoyatura institucional puede ser el resultado de la adquisiciónprevia de otros recursos de poder y actuaría en sustitución de los recursos estructurales, de asociación y organizativos de poder, cuando éstos pierden fuerza. El poder institucional puede ser precario a largo plazo; no obstante, puede inducir los sindicatos a una actitud de satisfacción consigo mismos. Podrían verse obligados a decidir entre la defensa de su estatus institucional por un lado y la recuperación de la capacidad de representación mediante la adopción de iniciativas políticas innovadoras, por el otro.

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