jueves, 21 de septiembre de 2017
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Redacción

Los fundamentos energéticos de la democracia

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Peru Erroteta. Periodista 

El politólogo e historiador especializado en Oriente Próximo, Timothy Mitchell, es el autor de "Carbon Democracy", una obra en el que hace una lúcida lectura de la relación entre poder político y petróleo, imprescindible para todos los interesados en la energía. Presentamos aquí un sucinto resumen del citado estudio, a través de diversas fuentes.

A la pregunta ¿Las fuentes de energía son portadoras de modelos políticos? Timothy Mitchell responde con un "sí" rotundo. "El paso del carbón al petróleo a lo largo del siglo XX ha erosionado el potencial de movilización de la clase obrera y consagrado el poder de los expertos".

El autor se interesa sobre todo por el tránsito al carbón en el siglo XIX y del carbón al petróleo en el XX, y plantea como las propiedades físicas respectivas del carbón y del petróleo han facilitado el nacimiento de las democracias modernas y el imperialismo colonial y neocolonial. En tal sentido, sostiene que el paso de la biomasa a la energía carbónica no renovable, reorganizando los territorios, propició el nacimiento de los movimientos políticos de masas. Ese cambio generó una gran concentración espacial y temporal de la energía hacia 1820, en Inglaterra, hasta el punto de que la industria del carbón llegó a producir una cantidad de energía equivalente a la explotación de todos los bosques del país.

A partir de 1880, la extracción y el transporte del carbón, por su rol en el proceso productivo, pusieron a los mineros y los trabajadores ferroviarios en una posición única y, en consecuencia, con poder frente a los patronos y los gobernantes. Así, lo que constituía la fuerza del carbón (densidad energética que permitía acumular y transportar fácilmente una cantidad de energía muy superior a las energías renovables utilizadas hasta entonces) también fue, paradójicamente, un factor de debilidad de los patronos y de fuerza de los obreros, en las grandes huelgas que transformaron los países industrializados entre el último cuarto del siglo XIX y los años 50, del XX. "La concentración y la circulación del carbón necesario para la industria constituía un punto débil de la economía capitalista", afirma Mitchell.

El "potencial democrático" del petróleo es menor que el del carbón

Dada la creciente importancia del carbón para la economía, las huelgas de mineros (En el Ruhr, en 1889 y en Inglaterra en 1889 y 1890) forzaron a empresarios y dirigentes políticos a establecer compromisos, como las primeras leyes sociales que decretaron los gobiernos de Bismarck y su sucesor. En definitiva, el temor a una ruinosa huelga general hizo recular a los gobiernos, que acabaron concediendo a los obreros el derecho a voto, a sindicarse, a la huelga y, finalmente, al acceso al gobierno de los laboristas y socialdemócratas al poder. "Más que por una cultura de clase, una ideología colectiva o una organización política, los obreros estaban vinculados por las cantidades cada vez más importantes de energía carbonífera que extraían, cargaban y transportaban", indica Timothy Mitchell.

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