viernes, 24 de noviembre de 2017
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Juan Francisco Jiménez Jacinto

​Los datos personales en internet

Periodista y profesor universitario

La facilidad con la que los datos personales de los internautas circulan por la red prefigura numerosos desafíos que ni las legislaciones actuales ni la sociedad de la información ha sabido todavía contrarrestar.

Redes sociales


Una de las muchas cuestiones que provocó la aparición de internet y su posterior desarrollo e implantación en la sociedad ha sido el Big Data. La inmensa cantidad de datos que vuelca nuestra actividad en la red, sumada a la inserción de datos en la web de prácticamente cualquier área de especialización hacen del entorno digital una realidad inmensa de información cuantificable, analizable y, sobre todo, explotable.


En ese contexto los datos que se derivan de nuestra actividad personal o que directamente constituyen nuestros datos personales se han convertido en el bien más preciado por empresas y administraciones. 


La irrupción de internet en la vida de las personas ha comportado un fenómeno imparable que supone la digitalización del personal data.


Cuando en 2006 Google compró Youtube por 1.650 millones de dólares no desembolsó esa cantidad de dinero por una plataforma (que para un gigante como el buscador no ofrecía complicaciones técnicas) sino que pagaba el precio de los millones de usuarios que acudían diariamente a esa plataforma a crear y consumir contenidos multimedia. En aquel entonces Youtube contaba con 30 millones de visitantes únicos al mes y difundía alrededor de 100 millones de vídeos cada día. El servicio homólogo de Google -Google vídeos- apenas llegaba a los 7 millones de visitantes únicos al mes. Con esa compra, Google no sólo se apropió de los usuarios y su contenido generado, sino también de los datos personales de estos perfiles.


Lo mismo pasó cuando Facebook adquirió Whatsapp por 21.800 millones de dólares en 2014. Una empresa de mensajería con apenas 50 empleados en aquel entonces no respondía a esa cifra en valor real, pero Facebook no pagaba por la estructura, sino por su base de datos de más de 600 millones de usuarios que utilizaban esta aplicación para comunicarse entre ellos. Otros gigantes tecnológicos han dado pasos similares, como Microsoft adquiriendo redes sociales profesionales como LinkedIn o Yammer (26.200 y 1.200 millones de dólares respectivamente), Yahoo apoderándose de Tumblr (1.100 millones de dólares) o Facebook de nuevo comprando la red social de moda, Instagram, por 730 millones de dólares. 


Los datos se pagan a un precio elevadísimo, son el negocio de internet.

De hecho, la mayoría de adquisiciones a este respecto se dan en las redes sociales. Los social media representan como ninguna otra plataforma la conjunción de datos personales e interacción, por ello, es el caldo de cultivo para que las empresas presenten sus iniciativas comerciales con enormes ventajas. Las empresas que saben acogerse a las idiosincrasias del medio social (story telling, interacción y comunicación bidireccional) sacan provecho a un entorno que segmenta los perfiles de consumidores como ningún otro. La información personal que tiene una determinada red social sobre nosotros es ingente, precisa y actualizada.


No en vano, los datos que las redes sociales manejan sobre nosotros a cambio de usar de forma gratuita su herramienta son los que nosotros decidamos compartir. 


La responsabilidad final de nuestros contenidos personales está en nuestra mano. Es por eso que el nuevo usuario digital debe de tener una formación también en la gestión de su propia persona digital. Pocas instituciones educativas contemplan esa realidad necesaria en sus planes de estudio. Se echa en falta esa atención. Por ejemplo, los propios padres cuando se plantean cómo educar a sus hijos en las nuevas tecnologías lo hacen limitando el tiempo de exposición a las mismas: “puedes estar con el móvil sólo media hora”, “puedes jugar a este videojuego 20 minutos” o “puedes ver sólo un capítulo de los dibujos animados”, pero difícilmente un padre se sentará ese tiempo al lado de su hijo para explicarle y desarrollar con él un buen uso de esa herramienta. Si no mostramos, no descubrimos y si no descubren, no educamos. Quizás dejamos que nuestros hijos se conecten para nosotros desconectar de ellos, eso no es educar en la tecnología.


LAS DIRECTIVAS DE LA PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES


Pero los retos son mayúsculos. Aunque las legislaciones de la mayoría de países han desarrollado estrictas legislaciones al respecto, la aplicación se topa con una realidad más compleja. Por ejemplo, ¿Cómo controlar el cumplimiento de leyes locales en un entorno tan vasto y global como internet? Aunque el negocio de una determinada empresa pueda extenderse prácticamente a todo el mundo gracias a la red, esa actividad está exenta de la aplicación de la regulación de un determinado país, sólo tendrá que someterse a las leyes del país donde se encuentre su sede social. 


El problema es que aún existen países o paraísos legales donde la necesidad de un control en este ámbito no se ha traducido en una normativa a la altura. Numerosas empresas utilizan esa grieta legal para beneficiarse de ello.

Además, el entorno digital no está exento de un internet ilegal en un contexto donde cualquier regulación estatal no se aplica, es la Deep Web. Este internet profundo representa alrededor del 90% de la totalidad de datos de internet, sin que ese porcentaje pueda ser confirmado. Este internet escondido a los ojos de la legalidad de los países es un campo fértil para hackers, delincuentes y actividades delictivas, al mismo tiempo que para idealistas de la web libre, activistas y comunicaciones que por su alto contenido sensible requieren esconderse de la vigilancia global. En ese ámbito, los datos personales y las bases de datos son transferidos con facilidad. Listados de correos electrónicos, grupos de consumo o datos personales se trafican sin apenas oposición.


Por otro lado, el usuario de internet queda noqueado cuando sabe que los propios gobiernos pueden ser quienes vulneren su derecho a la privacidad como ciudadano. 


Episodios como el programa XKeyScore que destapó el antiguo analista de la NSA estadounidense, Edward Snowden, revelan la tentación de las administraciones de vigilar a sus conciudadanos rompiendo el pacto social. También cuando manifestantes ucranianos recibieron vía SMS en sus móviles un mensaje de las autoridades conforme habían sido identificados en una concentración presuntamente ilegal. Estas circunstancias no hacen más que acentuar la preocupación sobre las posibilidades de internet que si bien pueden ayudar a construir sociedades más informadas y libres, también puede provocar exactamente lo contrario. El entorno de internet no sólo está todavía por construir, sino también por definir.



Juan Francisco Jiménez Jacinto es director académico del Máster Universitario en Comunicación Digital y Nuevas Tecnologías de la Universitat Abat Oliba CEU y profesor del grado en Periodismo de la UAO CEU. Es licenciado en Filología Hispánica por la UB y titulado en el Postgrado en Crítica Literaria por la UPF, ejerce en el mundo del Periodismo desde hace más de una década. 

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