sábado, 16 de diciembre de 2017
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Redacción

Con ella empezó el quilombo

QUILOMBO 2

Ignoto Silente.- Llevamos apenas seis meses de gobierno de Mariano Rajoy "El Taumaturgo" y parece que fuesen seis años. Renqueantes por los tijeretazos, los ciudadanos aguantábamos como podíamos las embestidas de los mercados.

Más mal que bien, acongojados por la que está cayendo, imposibilitados ya de apretarnos más el cinturón mientras se pide que nos bajemos los pantalones. Hasta que el Banco Central tuvo la ocurrencia de reunirse en Barcelona del 2 al 4 de mayo. Entonces empezó el quilombo de Bankia y, por extensión, del llamado rescate bancario. Esperemos que solo sea bancario.

Cuentan que el presidente del BCE, Mario Dragui, le dijo al presidente de España, Mariano Rajoy, que solucionase de inmediato el tema Bankia. Mariano tiene por costumbre fumarse un puro -o una caja, según marque su tiempo- mientras espera que se pudran las cosas. Pero esta vez entraron las prisas y puso en marcha a su ministro de Economía, Luis de Guindos, que lleva tiempo corriendo de un lado a otro del firmamento europeo como un pollo sin cabeza. Tiene la ventaja de que habla inglés, pero es dudoso que la gestión encomendada pudiese acabar bien. Los viejos tiempos en que los matrimonios Rato & Guindos alternaban, pasaron a mejor gloria. La amistad ha dado paso a la enemiga.

Luis de Guindos fue por unos días el candidato del gobierno socialista para presidir Caja Madrid, en plena gresca madrileña por la presidencia de la caja popular. Hasta que aterrizó Rato, el que fue su ministro con el gobierno Aznar, tras abandonar inopinadamente el FMI, cuando nadie le esperaba, para dejar con dos palmos de narices al aspirante, a propios y a extraños. Más curioso aun: quien le ofreció el puesto al frente de Caja Madrid fue la entonces ministra de Economía, Elena Salgado, con la aquiescencia del Presidente, claro esta. ¡Mundo de locos! Aunque, unos más que otros.

El pasado suele entenderse mejor desde el presente. Es lo que tienen los historiadores e incluso los economistas. Debe ser por eso, pasados los años, que ahora nos cuentan que a Carlos Dívar, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, le propuso María Teresa Fernández de la Vega, entonces vicepresidenta con José Luis Rodríguez Zapatero. Por cierto, el mismo que ahora hace declaraciones a Al Jazira, tras agradecidos meses de silencio, y debate con el obispo Cañizares sobre "El humanismo del Siglo XXI. Apasionante. ¿Será que ha dedicado este tiempo de silencio a leer a Emmanuel Mounier? Si permaneciese callado, tampoco le echaríamos en falta.

Antes de la cumbre de Barcelona, Bankia era ya motivo de comidilla en los mentideros de Madrid y hasta de provincias; sobre todo en algunas de la zona de Levante. La idea de su intervención por el Estado, vía FROB, viajaba de boca en boca. ¡Ay la jerga: intervención, rescate, austeridad...!

El hombre que no hizo nada en el FMI para evitar la crisis "dimitía"

Eran tiempos en los que se observaban movimientos. Por ejemplo, Francisco González, modificaba los estatutos del BBVA para prolongar sus años como presidente. Por si acaso; que Rodrigo Rato parece nacido para presidir las cosas, no para tener a alguien por encima. Ocurría esto cuando se rumoreaba también que El BBVA podría acudir a salvar Caja Madrid. González, también conocido a orillas del Cantábrico como El Okupa, por entrar en la entidad mediante patada en la puerta de atrás (Argentaria), fue en su momento promovido por Rodrigo Rato a la presidencia de la entidad para desplazar a los neguríticos que quedaban al frente del BBVA.

Antes de que llegara la exigencia de Mario Dragui, la Caixa aparecía como salvadora y con una oferta que siempre se ha dicho era generosa para Rodrigo Rato. El Taumaturgo estaba de acuerdo, pensaba -se supone- que era una buena solución. Pero Rodrigo Rato quería ser presidente de la simbiosis. Empezó así una oposición sin tregua en la que encontró de inmediato el apoyo de Esperanza Aguirre: que la caja catalana se hiciera cargo de Bankia, el banco del PP, era impensable e innegociable, una contradicción en si misma. Y el inquilino de La Moncloa, como siempre, sin mover ficha, fumando un puro, optó por la decisión que le es más propia: no tomar ninguna decisión.

En la urgencia de encontrar una solución, Luis de Guindos, Emilio Botín, Francisco González e Isidro Fainé se pusieron manos a la obra para encontrar una salida al presidente de Bankia. Se atribuye a su buen hacer que el presidente de Telefónica, Cesar Alierta, ofreciese a Rodrigo Rato ser vicepresidente de la compañía. Era una salida airosa, si desaparecía Bankia. ¡Pero el chico quería la Presidencia!

¡Y así empezó el quilombo¡ El hombre que no hizo nada al frente del FMI para evitar la crisis "dimitía" el 17 de mayo y, en un ataque de populismo inusual, salía en defensa de los intereses de los españoles, a una buena parte de los cuales ha dejado casi sin ahorros por su gestión.

El Presidente siguió sacando pecho

Dos días después de que Rato proclamase su dimisión, el presidente francés, François Hollande, tras reunirse con Barack Obama, se mostraba favorable a recapitalizar los bancos españoles con fondos comunitarios. Ante tamaña insinuación de rescate, palabra maldita donde las haya, a nuestro presidente registrador ?también, que casualidad, hablando de finanzas- sufrió un ataque de patriotismo y él, más chulo que un ocho, proclamó que el francés "no sabe como están las entidades financieras españolas". Hoy, se sabe todo, y más aún dentro de la UE.

Por si quedaba duda de su varonía, el Presidente siguió sacando pecho ante el mundo. Obligado a dar la cara un domingo y coincidiendo con la misa de doce, una vez criticado desde todas las esquinas por esconderse, se jactó en rueda de prensa de haber sido él mismo quien había presionado a la UE para lograr esa que llama fastuosa línea de crédito prevista por Bruselas y que todos llamamos rescate. Lo que para unos fue sensación de ridículo o tomadura de pelo, para otros podía resultar una ofensa. Y, ni corto ni perezoso, se fue al fútbol porque ya estaba todo arreglado.
Más allá de la irresponsabilidad de decir tonterías siendo presidente de un país cuando te está viendo todo el mundo, hay algo que resulta preocupante: la negación de la realidad, ante los de casa y los de fuera, ante el mundo en general.

Los populares, es decir, los del PP, parecen tener una llamativa tendencia a atrincherarse en la teoría de la conspiración, de la mentira mil veces repetida que puede acabar haciéndose verdad. Es un tipo de construcción político/informativa que aboca a una verdad propia ajena a cualquier realidad general. En su día, soportamos estoicamente la teoría de la conspiración con motivo del 11M de 2004. Ahora parece que estuviésemos ante el comienzo de un nuevo desvarío que permita cargar la culpa sobre quien sea o lo que sea. Entonces se cuestionó a la policía; ahora, le ha tocado al Banco de España. ¿Estarán los mercados agazapados en las montañas o camuflados bajo las arenas del desierto?

¿Hasta cuándo y cuánto más?


La arcadia feliz que El Taumaturgo predicaba desde la oposición hace unos días, se ha trastocado en un fenomenal estado del malestar y la incertidumbre. Sus silencios y su manejo del tiempo, que dicen los propios, se revelan como clara expresión del no tener nada que decir y el empeño en que las cosas se pudran. Y así estamos: de la Monarquía, ¿que vamos a decir?; del Tribunal Supremo del Estado, ya son conocidas las andanzas del caballero presidente; en el Gobierno ya vemos como se marchita la flor del Presidente; el PSOE, ni está ni se le espera; la banca, vista como enemigo con la gente convencida de que lo peor que puede pensar al entrar en una sucursal es que quien está en frente es un amigo; los sindicatos, instalados y trabajando para los instalados; los medios de comunicación amordazados, en una crisis sin precedentes y víctimas de aquella máxima de "donde hay publicidad, resplandece la verdad"; los llamados analistas, equivocándose día tras día: ¿no podrían estar callados?... Mejor, no seguir.

Nadie es capaz de atinar a decir a dónde vamos. Lo malo es que, si continuamos por este camino, acabaremos por no saber de dónde venimos.

Llegados a este punto, para visualizar mejor las cosas, pruebe usted a poner en pesetas lo que suponen cien mil millones de euros; a continuación, piense que estarán destinados a sanear los bancos y, en especial, la deuda que tienen contraída con otras entidades financieras internacionales. Acto seguido, mire a su alrededor y pregúntese: ¿hasta cuándo y cuánto más?

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