martes, 21 de noviembre de 2017
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TRAYECTORIA SOCIAL

Carmen Pérez

La pobreza ya no afecta solo a los perfiles tradicionales. El último informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN) confirma lo que las ONG de acción social observan día a día a pie de calle. Una de cada cuatro personas en nuestro país (25,5% de la población) tiene una renta inferior al 60% de la media equivalente?es decir, vive con unos ingresos mensuales por debajo de los 1.318 euros en el caso de un matrimonio con dos niños?, sufre alguna privación material ?no puede pagar el alquiler de su casa o la calefacción? y/o cuenta con un escaso nivel de empleo entre los miembros de la familia.

Los datos prácticamente coinciden con los resultados de la encuesta del INE sobre Condiciones de Vida 2010, que sitúa en el 21,8% la población que se encuentra bajo el umbral de la pobreza. La diferencia ?aunque pequeña? se debe a que el Instituto Nacional de Estadística solo toma en cuenta la renta de los hogares para determinar la parte de la población que está en riesgo. «Entre los perfiles de personas que estamos atendiendo ha aparecido un sector de la población que antes estaba en una situación normalizada y que, principalmente a causa del desempleo, afronta una trayectoria social descendente y se encuentra en riesgo de exclusión. "Una familia de clase media que se puede encontrar entre nuestros vecinos", explica Susana Gende Feely, asistente de dirección del Departamento de Intervención Social de Cruz Roja Española. Para el director de Estudios de Cáritas Española, Francisco Lorenzo, una de las causas de la irrupción de la pobreza en la clase media se explica porque antes del inicio de la crisis, en 2007, el 50% de las familias ya estaba afectada por algún indicador de privación o vulnerabilidad. "Con este cambio de ciclo económico, estas situaciones se han agudizado, pero en realidad partíamos de un riesgo más generalizado del que éramos conscientes". Esos factores de exclusión no son otros que una familia con un miembro dependiente y que no recibe ayuda externa, con un empleo precario, un elevado gasto en la vivienda o una tenencia precaria de la misma, entre otros.

La prolongación de la crisis, junto a sus indeseados efectos colaterales ?paro, recorte del Estado del Bienestar, sistema desigual de protección social?, ha ayudado a desdibujar las antiguas fronteras de la pobreza. Sin embargo, esta realidad, que ya toca a una cuarta parte de la población, sigue siendo un problema silente e invisible para la mayoría. "Como sociedad aún tenemos el ojo entrenado para las pobrezas tradicionales, pero hay muchas personas sin hogar en estos momentos que no seríamos capaces de reconocer.

Los técnicos y expertos de las distintas ONG achacan esta indiferencia social al protagonismo que hasta ahora han tenido "las redes de solidaridad primaria" o lo que es lo mismo: la familia, que de alguna manera "ha permitido invisibilizar" las situaciones de pobreza. Gende Feely advierte, sin embargo, que este capital social "se está fragilizando". "La red social es significativa solo para la mitad de las personas más vulnerables con las que trabajamos, y solo un 26% puede contar con alguien para una ayuda económica importante». Jorquera añade que de seguir aumentando a este ritmo las cifras de pobreza "podemos enfrentarnos a una fractura social".

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