martes, 21 de noviembre de 2017
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CHICAGO

Jaume Reixach

La constatación sirve para hacer una radiografía del mundo en el que vivimos: la producción actual de alimentos es, gracias a los avances tecnológicos y científicos y a la ampliación de la superficie cultivable, suficiente para cubrir las necesidades de los 7.000 millones de habitantes del planeta. Sin embargo, la FAO nos alerta en sus informes que hay 1.000 millones de personas que sufren el flagelo del hambre -especialmente, en Asia y África-, mientras que hay 1.200 millones de personas -en América del Norte y Europa- que padecen de sobrepeso y obesidad.

Este lacerante desequilibrio tiene su raíz, como es obvio, en el contexto geoeconómico y geopolítico en el que estamos incrustados. Habiendo alimentos para todos, parecería lógico que esta necesidad vital estuviera cubierta por la intervención de los organismos internacionales. Sin embargo, los ingredientes que conforman la base del sustento de la Humanidad no se consideran un "bien esencial", sino unas "commodities" que cotizan en el Chicago Mercantile Exchange (CME), el foro por antonomasia donde se negocian los precios y las transacciones de las principales materias primas que genera el planeta Tierra.

La "patria chica" del presidente Barack Obama es el escenario donde se dirime el acceso de la Humanidad a la alimentación. Y es aquí donde las grandes corporaciones agroalimentarias internacionales y los aventajados especuladores que "juegan" con futuros y derivados conforman los precios de las "commodities" y, en definitiva, la dieta -rica o precaria- de la especie humana.

Cinco son los productos esenciales que nos nutren y de cuya cotización en el CME depende nuestra subsistencia: los cereales, los aceites, la carne, la leche y el azúcar. Teniendo muy presente que buena parte de la producción de cereales (trigo, maíz, soja...) se dedica a la alimentación de los animales para la obtención de carne y leche, y que un 6% de la producción mundial de cereales se dedica a la obtención de biocarburantes.

Sólo un apunte, que tiene que ver con nuestros hábitos alimentarios: para la obtención de un kilo de proteína animal son precisos la ingestión de 6 kilos de proteína vegetal y el consumo de 100.000 litros de agua.

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