martes, 21 de noviembre de 2017
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Rafaela Rivas. Actriz y periodista

Cuando era pequeña quería ser cantante. Me fascinaba la idea de estar encima de un escenario y que todo el mundo me mirase apreciando mi talento y después me aplaudiese. Al cabo de los años descubrí que lo que quería realmente no era estar encima de un escenario cantando, no porque se me diese mal, sino porque lo que de verdad me fascinaba era poder compartir lo que esas canciones me hacían sentir, es decir, transmitir mis emociones al público. Así descubrí el teatro. Así descubrí la magia de conectar con aquelloque sentía y ver el efecto reflejado en quienes me miraban. Es un momento único y los actores estamos hambrientos por poder vivirlo y saborearlo.

Lamentable no todo es mágico en esta profesión. El contrapunto de vivir muchas vidas en un instante es que apenas tenemos tiempo para vivir la nuestra propia. Tiempo y sobre todo dinero. La mayoría de los actores trabajan, han trabajado o trabajarán sin tener la seguridad de que volverán a hacerlo. Es una incertidumbre tanto económica como emocional. Muchas veces los actores nos prestamos a trabajar cobrando muy poco o incluso sin cobrar porque pensamos que lo importante es no frenar la actividad. Los hay que "con suerte", como es mi caso, consiguen otro trabajo compatible con su pasión y así pueden "permitirse el lujo" de seguir luchando por conseguir vivir algún día sólo de la interpretación. Y por supuesto, mucho más afortunados son aquellos que pueden presumir de tener una nómina mensual que cotiza en el régimen de artistas.

Por si no fuera poco alentador el panorama que nos rodea desde siempre, la crisis ha tocado también a nuestro sector, aunque era de esperar si tenemos en cuenta que la cultura es considerada por muchos un lujo. El drástico aumento del IVA al 21% ha supuesto pérdidas de puestos de trabajo, salas de cine y teatro que se han visto obligadas a cerrar sus puertas por falta de público y muchos proyectos teatrales o cinematográficos que han acabado dentro de un cajón por la escasez de presupuesto. No obstante, ante una situación así, muchos cogemos fuerza y nos anclamos a ese espíritu de lucha que nos caracteriza. Mi madre siempre me decía: "Quien algo quiere, algo le cuesta". Y así es.

¿Cómo hacer una película en los tiempos que corren?

Tengo la suerte de poder decir que a pesar de la crisis tengo trabajo. Y tengo la gran suerte de decir que a pesar de la crisis he grabado mi segunda película (El árbol sin sombra), aunque no he cobrado por ello, es más, he pagado porque he sido productora de la misma. Puede parecer una locura, pero si hay algo que también aprendemos los actores es a ser polivalentes ¿Y cómo hacer una película en los tiempos que corren?

Para empezar me gustaría aclarar que mi equipo, Totem Producciones, no se caracteriza por ser una empresa cinematográfica que pretende hacer negocio con sus proyectos. En nuestro caso el objetivo ha sido muy claro desde los inicios en 2010: hacer cine y que el público pueda ver nuestras películas y sentirse identificado con las historias de nuestros personajes. No somos una empresa, somos un grupo de jóvenes licenciados en Comunicación Audiovisual que nos hemos unido para hacer lo que más nos gusta. Esta pasión, las ganas de sacar los proyectos adelante y la profesionalidad con la que los llevamos a cabo han hecho que seamos un grupo fuerte capaz de enfrentarnos a nuevos retos exigiéndonos metas para otros impensables hoy en día.

Producir un largometraje no es tarea fácil y mucho menos si los recursos y los medios de los que se dispone son escasos. En nuestro caso ya contábamos con la experiencia de un primer largometraje, habíamos aprendido de nuestros propios errores y teníamos muy claro los pasos a seguir. No obstante, siempre hay imprevistos y para eso también hay que estar preparados.

La producción de El árbol sin sombra comenzó el verano de 2011. De entrada, cuando un guionista escribe una película, no pone límites a su imaginario, ni siquiera económicos. Por tanto el dinero no fue nuestro único obstáculo, aunque sí uno de los que más nos preocuparon. Contábamos con toda la ilusión del mundo y todas las ganas pero sólo disponíamos de aproximadamente 5.000 euros provenientes de la recaudación que obtuvimos con las proyecciones y ventas de Dvd's de nuestra anterior película Ocho. ¡No teníamos ni para empezar!

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