jueves, 23 de noviembre de 2017
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Mercedes Arancibia. Periodista

El imperio del periódico de papel está a punto de desaparecer engullido por el mercado de la información, más exactamente de la comunicación digital: una vorágine imposible de digerir en tiempo real de noticias, informaciones sin contrastar, rumores y cotilleos que tiene mucho que ver en el proceso de desafección del lector por lo que un día fue la principal fuente informativa del ciudadano.

"La conjugación de la revolución digital y la desregulación liberal -escribía en febrero de 2013 el filósofo Henry Maler en el diario francés Libération- está cambiando el paisaje mediático : favorece la creación de nuevos soportes y redistribuye el lugar y las relaciones entre los existentes hasta ahora ; acelera la concentración y la financiación de medios privados; modifica las relaciones de fuerza entre los diferentes actores tecnológicos y económicos afecta a los derechos de los creadores, transforma su rol y mina al periodismo profesional (condiciones de empleo y prácticas)".

El 26 de diciembre de 2013 desparecía de los quioscos españoles el diario La Gaceta, buque insignia junto con la televisión del grupo ultraconservador Intereconomía, fallecido de muerte natural a causa de la pérdida de lectores y los continuos Eres que iban diezmando a un personal que llevaba varios meses sin cobrar. Había nacido en 1989 de otro padre, José Antonio Martínez Soler, llamándose La Gaceta de los Negocios y cambió de nombre cuando lo vendieron, el 21 de octubre de 2009, al empresario navarro Julián Ariza.

Más o menos un año antes, el 24 de febrero de 2012, echaba el cierre Público, diario situado en la órbita de la izquierda socialista que había iniciado su andadura el 26 de septiembre de 2007 y cuatro años después había perdido unos 80 millones de euros y arrastraba una deuda total que rondaba los 21 millones. Antes, entre 2011 y los cuatro primeros meses de 2012, desaparecieron hasta treinta publicaciones españolas, desde el gratuito Metro hasta el Xornal de Galizia, pasando La Voz de la Calle (abortado por su empresario días antes de salir), el Diario Gol y algunas ediciones del As, varios diarios provinciales que se llamaban La Tribuna, Información o El día de?, al menos una edición regional de El Mundo y algunos históricos como La Voz de Asturias, a punto de cumplir un siglo. Algunos de estos difuntos se ha reconvertido al digital, como Público que ha dado origen al menos a tres cabeceras distintas; otros han desaparecido definitivamente después de intentar mantenerse durante algunos meses en la Red.

Mientras tanto ha surgido una miríada de nuevas cabeceras -diarias y también de periodicidad indefinida, por contradictorio que resulte-, la mayoría de las cuales se mantienen en precario en Internet, con resultados de lectores y publicidad muy desiguales, gracias al esfuerzo de personas empeñadas en su continuidad, al hecho de que teóricamente "no cuestan nada" (y, en la práctica, muy poco) porque la mayoría de los currantes -periodistas y eso que ahora se llama ciudadanos-periodistas, lo que equivale a alguien que saca fotos con su móvil y cuenta lo que está viendo y que cada vez se diferencia menos de lo que hacen también los medios tradicionales en materia de empleo, condiciones de trabajo y salario- no cobran un euro por lo que es un trabajo, mejor o peor hecho pero esa es otra historia.

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