martes, 20 de febrero de 2018
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Isabel Fernández Alonso

​Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, los de ellos…

Profesora Titular, con perfil Políticas de Comunicación, de la Universidad Autónoma de Barcelona

Según una encuesta realizada por GESOP hace apenas un año, el 65% de los catalanes considera que los medios de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) se muestran favorables a la independencia de Cataluña. Solo el 22% de los encuestados cree que estos medios públicos son neutrales. Veamos cómo se ha llegado hasta aquí.


SENYERA


Académicos y políticos nacionalistas han insistido desde los inicios del régimen autonómico en que las políticas de comunicación son una herramienta clave para la articulación de un “espai català de comunicació”, esencial, a su vez, para hacer posible la denominada construcción nacional de Cataluña. Se trata, en definitiva, de configurar un sistema de medios propio, con la lengua catalana como eje vertebrador y, obviamente, con un perfil editorial acorde con las lógicas nacionalistas.


Entre las políticas desplegadas por la Generalitat para alcanzar este fin destaca, junto a las llamativas ayudas al sector privado (incluida la publicidad institucional), el impulso de unos medios públicos fuertes. Así, durante casi cuatro décadas, los diferentes gobiernos de la Generalitat, sin excepción, han financiado generosamente a la CCMA, facilitando de este modo que se convirtiese en la radiotelevisión pública autonómica con una mayor oferta y también con mayor audiencia.


La centralidad de la CCMA en la estrategia nacionalista se observa nítidamente en el denominado Programa 2000 de Pujol, un documento muy revelador que circulaba por las altas esferas de CiU y que se filtró a la prensa en 1990. 


Apunta este documento, como primer objetivo en materia de medios de comunicación, que los públicos dependientes de la Generalitat “sigan siendo unos transmisores eficaces del modelo nacional catalán”. Y señala después, como actividad fundamental, la necesidad de “introducir a gente nacionalista de una elevada profesionalidad y una gran cualificación técnica en todos los lugares clave de los medios de comunicación”. Con estas premisas no sorprende que en el programa electoral de Junts pel Sí de 2015 se presente ya a la CCMA como “una verdadera estructura de Estado”. En otras palabras, una pieza esencial de esa hipotética República catalana independiente.


DEMASIADAS EVIDENCIAS POLÍTICAS EN LOS MEDIOS PÚBLICOS CATALANES


Centrándonos en los años del “Procés”, son demasiadas las evidencias del sesgo político de los medios públicos catalanes. Por ejemplo, resulta incomprensible la ausencia de Josep Borrell y Joan Llorach, autores del célebre “Las cuentas y los cuentos de la independencia”, de las entrevistas y tertulias de TV3. Siendo los argumentos económicos tan centrales en el discurso separatista, es evidente que los medios públicos deberían dar voz a quienes con más rigor los rebaten.


Tampoco se comprende la proliferación de documentales de tesis claramente orientados a dar voz a los secesionistas (Adéu, Espanya; Hola Europa; L’endemà…), sin que se haya emitido ni uno solo que recoja los planteamientos del constitucionalismo catalán.


Resulta, asimismo, insólito el carácter editorializante que se advierte en algunos programas, en particular “La Portada”, de El Matí de Catalunya Ràdio, que contraviene claramente las previsiones del epígrafe 2.1.1.6.1.1.2.3 del propio Libro de Estilo de la CCMA. Teniendo en cuenta que los medios públicos no pueden tener línea editorial, juzguen ustedes si los contenidos de esta sección la tienen o no. Conviene no olvidar la centralidad y audiencia de este programa en la radio catalana.


Despertó, lógicamente, una gran polémica la quema, por parte de Empar Moliner, de un ejemplar de la Constitución Española en Els Matins de TV3. Sorprende una iniciativa semejante por parte de quienes sistemáticamente dicen sentirse agraviados por cuestiones identitarias.


Más ejemplos concretos: en el programa “Més 3/24” se presentó a un ex militante de Terra Lliure, condenado por asesinato, como un “preso político” ; en el Twitter de Catalunya Vespre (Catalunya Ràdio) se formularon preguntas del tipo “¿Estáis dispuestos a impedir físicamente que juzguen a Mas, Ortega y Rigau?” o “¿Creéis que, cuando el juez te cita, siempre se ha de ir, sea cual sea el motivo?”…; y en el informativo de prime time de TV3 se trató de desacreditar de un modo muy lamentable la manifestación convocada por Societat Civil Catalana el pasado 8 de octubre… ¡Observen! Sin olvidar otras evidencias con indudable trasfondo político como el spot animando a la Juventus en la final de la Champions 2017 contra el Real Madrid, despreciando que el conjunto blanco es el segundo equipo de fútbol con más seguidores en Cataluña.


Otras muestras muy llamativas de actuaciones inaceptables en un medio público son la probada connivencia de TV3 con la ANC para transmitir la Diada de 2015 (cuando esta entidad independentista apoyaba la candidatura de Junts pel Sí y ese 11 de septiembre era el primer día de campaña); que durante dos meses el edificio de nuestra televisión pública estuviese cubierto por dos lonas gigantes con lemas a favor del referéndum ilegal del 1 de octubre o que los medios de la CCMA continuaran emitiendo publicidad institucional de este referéndum pese a la explícita prohibición del Tribunal Constitucional.


MARGINACIÓN EXPLÍCITA DE LOS CASTELLANOHABLANTES


Mención aparte merece la marginación explícita de los castellanohablantes de entrevistas y tertulias con el inaudito argumento (punto 2.1.1.6.4 del Manual de Uso del Libro de Estilo de la CCMA) de que “en igualdad de méritos y cualidades, preferimos tertulianos que se expresen en catalán”. Es obvio que nunca hay igualdad de méritos y cualidades, como es obvio que el pensamiento siempre tiene matices. En realidad, con esta política se está silenciando a una parte de la población, curiosamente aquella donde el nacionalismo arraiga con enormes dificultades.


Evidentemente no toda la plantilla de la CCMA comparte ni es corresponsable de estas actuaciones, pero también es cierto que se echan de menos más voces críticas, sobre todo si observamos lo que ocurre con los consejos de informativos de RTVE. En todo caso, quienes sí que son responsables, ya sea por acción u omisión, son el Consejo de Gobierno, los directores de los medios y los jefes de informativos.


En este sentido, cabe recordar que la mitad de los miembros del Consejo de Gobierno tienen sus cargos caducados y que la presidenta, Núria Llorach, está en funciones desde hace casi dos años, cuando, por un procedimiento jurídicamente incomprensible, sustituyó al presidente, Brauli Duart, debido a un tema de salud que, no obstante, no le impidió continuar como consejero raso… Una medida sin precedentes que, eso sí, era imprescindible para que los miembros de este Consejo propuestos por los partidos integrantes de Junts pel Sí mantuvieran el control de este organismo, gracias al voto de calidad del presidente/a.


No menos relevantes han sido algunos nombramientos, realizados por el referido Consejo de Gobierno, como el del jefe de informativos de Televisió de Catalunya (TVC), David Bassa, cuyo perfil radicalmente independentista se advierte en sus artículos e incluso en una campaña a favor del derecho de autodeterminación para la que prestó su image . Algo similar sucede con el director de TVC, Vicent Sanchis, cuyo nombramiento mereció la reprobación, por iniciativa de Catalunya Sí que es Pot, de toda la oposición parlamentaria, incluida la CUP, por sus evidentes vínculos con la antigua Convergència.


Así las cosas, es evidente que se impone una seria reflexión sobre lo que deben ser los medios de la CCMA. No cabe ninguna duda de que una gran parte de los catalanes, entre los que me cuento, los percibimos como algo no solo ajeno sino, en ocasiones, hostil. 


Si TV3 es “la nostra” para los nacionalistas, no debe extrañar que los demás la percibamos efectivamente así. A ella y al resto de medios de la CCMA. Son los medios “de ellos”, de los catalanes que, en mayor o menor medida, dicen haber desconectado de España y no parecen entender que también han desconectado o están desconectando del resto de catalanes.


Y esto nos lleva al gran problema de fondo: el conflicto que vivimos, por más que la propaganda separatista insista en ese relato, no es entre Cataluña y España. Es, antes que nada, un conflicto entre catalanes, que no se podrá solventar si desde el Poder se continúa marginando a los no nacionalistas. Apostar por unos medios públicos de todos los catalanes sería, además de lo que exige la deontología profesional, un paso importante para tratar revertir esta situación, si es que realmente se quiere revertir…


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