lunes, 21 de agosto de 2017
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Robert J. Shiller

Escuchemos con atención las señales de la próxima recesión global

Premio Nobel de Economía 2013


Los economistas son buenos para analizar el pasado, pero no siempre pueden predecir acontecimientos futuros, en particular cuando se trata de las recesiones. Eso se debe a que estas no solo son el resultado de cambios concretos en los mercados; las creencias y las historias que relatan miles de personas son factores importantes para determinar los grandes cambios en la economía.


Recesion

Es probable que esto se repita cuando enfrentemos la próxima recesión global. La preocupación de que una desaceleración sea inminente parece haberse calmado, pero todavía existen muchas dudas. Por ejemplo, en el informe “World Economic Outlook” de abril pasado, el Fondo Monetario Internacional señala que, si bien es muy probable que este año haya un crecimiento modesto, la economía mundial está en una “coyuntura frágil”.


Por lo tanto, vale la pena preguntarse qué agentes provocan la recesión global. La mayoría de los debates se centran en indicadores como las estadísticas sobre las variables económicas que han precedido a las recesiones. Aunque en ocasiones este tipo de correlaciones pueden ser útiles para anticipar grandes cambios, en realidad, brindan una comprensión pobre de por qué suceden. En general, los indicadores no señalan las causas definitivas, como tampoco lo hacen los modelos econométricos que tratan de predecir sucesos.


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De hecho, es útil recordar que usualmente las recesiones globales han comenzado de pronto sorprendiendo a la mayoría de las personas. Como sostengo en esta columna y en “Animal Spirits”, investigación que escribí con George A. Akerlof, tales acontecimientos pueden adjudicarse en última instancia a historias contagiosas de gran relevancia. 


Las recesiones globales tienden a empezar cuando se popularizan nuevas narrativas que reducen la motivación individual de gastar dinero. La psicología importa muchísimo. La recesión más grande de todas, la Gran Depresión, inició repentinamente con la caída de la Bolsa en octubre de 1929 tal como Christina Romer, la anterior presidenta del Consejo de Asesores Económicos de Barack Obama, señaló en un famoso texto. Según reveló en ese trabajo, incluso antes de que terminara 1929, las ventas en tiendas departamentales y el registro vehicular habían disminuido, lo que indica que el gasto por consumo ya había caído drásticamente. ¿Por qué?


Los economistas estaban alarmados por la caída y sus advertencias hicieron que los consumidores se preocuparan. Pero no sobrestimemos la importancia de esas predicciones económicas: la mayoría de las personas nunca las leyeron. Recibieron esa información a través de otros canales. 


En ese entonces, inmediatamente después de la caída de la Bolsa, los sermones en las iglesias ejercían una fuerte influencia. Se les dijo a las congregaciones que muchos empresarios se habían comportado como apostadores y charlatanes. Mediante estos sermones y otras fuentes de información se divulgó de boca en boca un discurso moralizante acerca de la caída de la Bolsa que afectó la psicología de las masas. 


En el epílogo de su éxito en ventas de 1931, 'Only Yesterday: An Informal History of the 1920s', Frederick Lewis Allen escribió que los valores culturales cambiaron después de la caída: la gente comenzó a vestirse de manera más modesta, adoptó una nueva formalidad y religiosidad, además de revivir los tabúes sexuales victorianos. Es lógico asumir que muchos de estos cambios tuvieron un impacto económico, que principalmente desanimó el consumo. 


De manera similar, en desaceleraciones más recientes los grandes cambios culturales y sociales también han tenido un fuerte impacto. Desde la Segunda Guerra Mundial han acaecido cuatro recesiones globales de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que las define como un crecimiento económico mundial per cápita negativo durante al menos un año. Cada una de ellas duró solo un año, aunque las tasas de crecimiento relativamente bajas también fueron problemáticas en los periodos cercanos a las recesiones. Estas finalizaron en 1975, 1982, 1991 y 2009.


De la misma forma en que lo hicieron con la Gran Depresión, los economistas establecieron causas concretas de estos acontecimientos. En todos los casos se ha pensado que el petróleo es un factor fundamental, pues se considera que las alzas en los precios fueron las culpables de la Guerra de YomKippur de 1973, la Guerra Irán-Irak que comenzó en 1980, la Guerra del Golfo Pérsico de 1990-1991 y una creciente demanda energética en China y otros países emergentes en 2008.


LAS NARRATIVAS SOCIALES TAMBIÉN IMPORTAN


En ocasiones, las narrativas sociales más comunes se ignoran, pero también importan. Pensemos en la recesión de 1975. Junto con los precios del petróleo algunas formas comunes de entender y describir la vida diaria también cambiaron. Se dijo mucho que la crisis del petróleo señalaba el final de una era de abundancia. Se impusieron límites de velocidad inferiores en las carreteras para conservar el combustible y los autos se hicieron más pequeños.


A los estadounidenses se les dijo que bajaran los termostatos de sus casas a 20 grados centígrados. Una gran cantidad de personas comenzó a vestir sudaderas, calentadores de franela para las piernas, ropa interior térmica y calzoncillos largos. Como parte de toda esta austeridad, el éxito en ventas del economista E. F. Schumacher, 'Small is Beautiful' (1973), se convirtió en una lección moral en todo el mundo.


Demos un salto a la recesión global más reciente, la de 2009. Los precios del petróleo, las hipotecas de alto riesgo y el congelamiento del sistema financiero tras el colapso de Lehman Brothers fueron factores importantes. Pero ¿por qué hubo una recesión mundial? Los sucesos aislados se convirtieron en una amplia desaceleración global a partir de diversos mecanismos. Los informes sobre malos manejos financieros, el probable colapso de instituciones respetables, el aumento del desempleo debido a los avances tecnológicos: todo eso afectó la psicología de consumo. 


¿A dónde nos lleva esto? No parece que actualmente haya un rumor con tanta fuerza como para engendrar una desaceleración tan grande como la pasada. Muchas personas han recurrido a viejas historias sobre riesgos y vulnerabilidades para tratar de entender la economía actual. Los precios del petróleo se han estado desplomando, pero hay una gran preocupación por la subcontratación, los recortes de personal y la globalización, además de la creciente desigualdad, los refugiados y flujos de inmigración, así como lo que se ha llamado el estancamiento secular de la economía. Los candidatos políticos tanto de derecha como de izquierda centran sus discursos en estos temas.


Desconocemos si algún acontecimiento en específico (por ejemplo, un alza inesperada en los precios del petróleo o un descenso en la Bolsa) ayudaría a que cualquiera de las actuales narrativas sociales se convierta en un verdadero desastre económico. No sabemos qué vendrá ni cuándo lo hará. Sin embargo, la historia nos dice que la imaginación humana espontáneamente puede convertir eventos discretos en crisis que muevan al mundo con una fuerza inesperada.

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