jueves, 14 de diciembre de 2017
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Redacción

Bankia y Europa, el rescate

BANKIA Y EUROPA

Javier Castro.- La sombra de Europa,más de lo que a veces suponemos, es alargada.Ángela Merkel en su comparecencia con el recién estrenado presidente de Francia, FrancoisHollande, dijo que cada vez más lo que antes eran cuestiones de ámbito internacional se han convertido en política doméstica. Poco tiene de extraño, en consecuencia, el protagonismo de Europa antes, durante y después del hundimiento de Bankia

No fue, como en su momento se dijo, la negativa de Deloitte a firmar cuentas maquilladas, lo que desencadenó la crisis sino la petición de Draghi a Rajoy de que se hiciera cargo de la mala situación en la banca española que, seguramente se explicitó o formalizó en la cumbre que el Banco Central Europeo celebró la primera semana de mayo en Barcelona. Reunión que generó más titulares en torno al desmesurado despliegue de 8.000 policías que sobre su contenido, especialmente el referido a Bankia.

Allí -mientras el amortizado Fernández Ordóñez parecía pedir disculpas por sus "equivocaciones" y Artur Más chupaba cámara, con aire de autoridad insoslayable-, se puso, en fin, la guinda al pastel de Bankia, cosa de la cual seguramente disponía de información Deloitte y por eso se desmarcó de los "avales" que hasta entonces venía prestando a la gestión de Rato. Así las cosas, de Guindos -de acuerdo con Fainé y González- convocó una reunión de urgencia a la que debería asistir Botín, en la que se decidió quitar a Rato, poner a Gorigolzarri al frente de la entidad y, a renglón seguido, pedir al Gobierno un rescate de 19.000 millones. Rescate que, en palabras del nuevo presidente, no tendría que estar sujeto a devolución, "porque cuando una sociedad recibe dinero no tiene que devolverlo sino generar con él valor".

A la pregunta de ¿Quién y cómo se va a pagar el rescate de Bankia? se fue respondiendo de muy variopinta manera. El Gobierno y su Presidente, muy en su papel, perjuraron que España no necesitaba de nada ni de nadie para salir de agujero financiero, aunque resultaba evidente que el país disponía de los fondos necesarios para afrontar el asunto. Hollande, en un gesto de comprensión -seguramente con información sobrada y de primera mano-aconsejó a Rajoy que solicitara ayuda deEuropa y la respuesta, desde el entorno del Gobierno y su partido, en un ejercicio nacionalista de campanario, fue que se metiera en sus asuntos y que de nuestros bancos sabíamos más nosotros que él. Cosa que pone de manifestó que el entorno del poder, de nuestro poder, no ha captado, como decía Merkel, que en economía y otros muchos temas, Europa y España son la misma cosa.

Corroborando ésta realidad, Draghi, la más alta autoridad monetaria europea, dijo alto y claro que "en el asunto de Bankia se han hecho las cosas del peor modo posible", y que "al final se acaba haciendo lo correcto pero al coste más alto posible". La desconfianza en las finanzas españolas que, desde hace años, anida en Europa eclosionó justamente el día en que el Parlamento aprobaba la enésima y descafeinada, reforma financiera.

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