viernes, 20 de octubre de 2017
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BANKAO

De la noche a la mañana, Rodrigo Rato dejó de presidir Bankia. Según la aireada versión oficial del Ejecutivo y el partido que lo sustenta, "por decisión propia", al igual que lo hizo en el FMI. Para otros, más bien por la del Gobierno y, en concreto, la de Mariano Rajoy, "cansado de mediar entre él y Luis de Guindos". Cosa que algunos también cuestionan, haciendo valer el pretendido buen rollo que ambos compartían. En el entorno del PP, se dice que la noche anterior a su salida Rato había estado cenando en casa de Guindos y otros sostienen que no se dirigen ni la palabra. En cualquier caso, en Rato debió de funcionar eso de que "antes de que me echen, me voy".

Se llegó a decir que el detonante de la espantada de Rato fue la negativa de Deloitte a firmar las cuentas de cierre del 2011, que arrojaba unas pérdidas consolidadas de 3.318 millones de euros. Unas semanas antes, la auditora había presentado otras cuentas, que "con salvedades", arrojaban un beneficio de 40,9 millones. Deloitte también había participado activamente en el plan de saneamiento que BFA-Bankia entregó "con algunas salvedades" -como, por ejemplo, sin membrete oficial-, al Banco de España y que este aprobó.

En realidad, la cosa detonó en la cumbre que el Banco Central Europeo celebró en Barcelona. Allí, al parecer con información seguramente sobrada, Draghi exigió a Rajoy que su Gobierno se hiciera cargo de la gran patata caliente de las finanzas españolas o, de lo contrario, Bruselas tomaría cartas en el asunto. Europa no daba más tiempo. En paralelo, González y Fainé, se vieron con de Guindos y decidieron convocar una reunión de urgencia a la que se unirían Botín y Rato, para tomar alguna medida que permitiera calmar a unos inversores que estaban metiendo en el mismo saco a todos los bancos españoles.

Dicho y hecho, los tres grandes de la Banca y el ministro de turno se reúnen el viernes 4 de mayo y acuerdan la intervención de Bankia. De la reunión, se dice, Guindos finalmente sale convencido de que si se da el mensaje de que se interviene la entidad, las dudas sobre el sector cederían. Y Rato también creyó que su plan gustaba y de que, a pesar de que terminaría recibiendo ayudas públicas, él seguiría al frente de Bankia. No sabía, que alguien o todos los reunidos, como en las conspiraciones de los Borgia, ya habían decidido echarle y colocar al frente de la entidad a otro conspicuo referente del sector, José Ignacio Goirigolzarri, vicepresidente prejubilado del BBVA.

"No entiendo que no me entiendan", se lamentó Rato que, al parecer, tenía previsto anunciar precisamente ese fatídico viernes 4 de mayo su plan de salvamento de Bankia. "El partido me ha abandonado", recalcaba, quizá pensando que su cabeza había sido puesta en la picota por la alianza entre algunos de sus más próximos compañeros y lo más florido de la competencia.

Pero no todo parece haber sido amargo para Rato en este trance. Con su estilo estilodejávu, el diputado popular Vicente Martínez-Pujalte fue de los primeros en saltar a la palestra para tratar de salvar los muebles. "Heredó una situación envenenada", afirmaba al tiempo que acusaba al Banco de España "por obligar al ex-presidente a hacerse cargo de Bancaja con una información que a lo mejor no era acertada". Alberto NuñezFeijóo, Presidente de Galicia, dijo que no le constaba que existiera malestar en el PP por cómo había salido Rodrigo Rato, "un activo como gestor y como político" y de refilón también añadió que el Banco de España y Fernández Ordoñez "habían fallado de forma estrepitosa". Francisco Álvarez Cascos, compañero de fatiga de Rato durante tanto tiempo, ha dicho estar "perplejo" por el asunto. "Hace años -afirma- Mariano Rajoy le llamó para que asumiera Caja Madrid y ahora el PP le pide que abandone el cargo por ser miembro del partido". "Me parece bien la salida de Rato mientras no provoque la mía", se dice que dijo Rajoy a Guindos.

Jesús Posada, Presidente de Las Cortes dice que "ha habido otros que han sido mucho más cautos que Rato", dando a entender que en su partido, en el PP, hay gente que ha optado por nadar y guardar la ropa. Y no faltan entre los populares quienes se preguntan por qué se le ha dado a manos llenas a Gorigolzarri lo que se le negó a Rato. Las maniobras por el poder, que en este caso, desde y en el seno del PP, se remontan a la etapa final de Cajamadrid y al propio origen de Bankia, no parece que vayan a concluir con la salida de Rato sino que, quizás, solo anuncian nuevas batallas de una lucha interminable.

Recordemos que por entonces el alcalde de MadridAlberto Ruiz Gallardón no estaba dispuesto a perder posiciones en la entidad, a favor de la presidenta de la Comunidad. Entonces Mariano Rajoy postuló a Rodrigo Rato para la presidencia de Caja Madrid y Luis de Guindos, ahora ministro de Economía, también apareció en algunas quinielas como candidato de consenso, propiciado por el Gobierno Zapatero. Esperanza Aguirre cambió la ley autonómica reguladora de las cajas, que permitió desalojar a Blesa de su silla. Y Rodrigo Rato acabó ocupando la presidencia de Caja Madrid, lo que coincidió con los primeros síntomas de serios problemas en la entidad.

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