martes, 21 de noviembre de 2017
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Redacción

 Escuela-criba y estructura de clases

escuela criba

 Carlos Lerena Aleson. Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y autor de Escuela, ideología y clases sociales en España
 
Cuando de enseñanza se trata, ya se sabe, el tono más adecuado es el de dignidad ofendida. Empezando por esa especie de tic que mecánicamente se nos dispara: igualdad de oportunidades ante la enseñanza. 
 

Puede que resulte algo fuerte, pero es cierto: doscientos años después de la Revolución Francesa no se nos ocurre defender otros principios que los más o menos explícitos en la concepción jacobina de la Escuela ¿Y el socialismo? ¿Dónde están los socialistas? Porque, que se sepa, tampoco la izquierda -al menos la de campanillas- ha inventado nada: igualdad de acceso, a cada cual según sus capacidades, y como adobo, esa cosa tan inefable y cándida, y sobre todo confusa, de la Escuela liberadora. O sea la vertiente escolar del principio de la sociedad de iguales, y de la democratización y todo eso. Justo -en la letra y en la música- los ideales de la pequeña burguesía jacobina.

La única nota desafinada en este coro, mezcla de votos piadosos y de grandes gestos, resulta ser la de esa versión neo-romántica y antiintelectualista que nos viene servida desde el underground, esto es, desde las cavernas, y que es (perdón, así lo creo yo) expresión de fascismos inconfesables: "La cultura, esa mierd", "¡Abajo los intelectuales! ", "Destruyamos la universidad", y, en fin, otros parejos terrorismos. Como decía, de la misma madera del fascismo.
Contrastando con la incoherencia de nuestra izquierda, la pequeña burguesía jacobina sabía lo que quería decir. Combatía las jerarquías artificiales del nacimiento y del dinero, y defendía el establecimiento de la jerarquía tenida por natural y verdadera, a saber, la jerarquía del mérito escolar, del talento, del grado de instrucción. Que todos seamos iguales ante un sistema de enseñanza erigido en juez de la desigualdad entre los hombres. Sistema de enseñanza cuyo cometido sea el de dar a cada uno su merecido, escolar y socialmente. O sea como en el teatro de Calderón, pero ahora con un repartidor de papeles más inteligente, y eficaz: el aparato escolar.
Sin embargo, las sociedades divididas en clases encuentran las garantías ideológicas de su supervivencia precisamente en estos principios. Estos principios no son otros que la versión escolar y dulcificada de la práctica del capitán de empresa manchesteriano. Una escuela abierta para que cada cual pueda probar sus dotes intelectuales es el equivalente de un mercado abierto para que cada cual pueda probar su capacidad depredadora. Es precisamente a través de la puesta en práctica de la versión escolar de la lógica capitalista que las sociedades divididas en clases -o sea todas las que conocemos- se legitiman, se mantienen y se reproducen.

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