sábado, 21 de octubre de 2017
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Redacción

 La corrupción en el banquillo

 
 Perfecto Andrés

Magistrado del Tribunal Supremo . Es miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos (Fondazione Internazionale Lelio Basso, Roma). Miembro de Jueces Para la Democracia y es Director de la revista Jueces para la Democracia. Participa en el Comité científico de la revista Questione Giustizia (Italia).


Cada época tiene sus formas de corrupción. La nuestra, por tanto, las suyas, que ahora -es una ventaja- por razones diversas, adquieren a veces notable visibilidad. Aunque, no cabe engañarse, porque en estos asuntos la "cifra oscura" es siempre muy alta, de manera que, por grande que sea lo que se percibe, será solo la punta del iceberg.

La transformación del estado operada a mediados del pasado siglo, con su conversión en gestor o promotor (directo o indirecto) de un gran volumen de negocios, ha servido para atribuir a buen número de sujetos públicos la competencia para tomar decisiones de enorme contenido o impacto económico. Esto es, para situarlos, con esa capacidad, en el delicado punto de intersección de la política y los negocios, en un régimen de alta, a veces muy alta, discrecionalidad. Y, sabemos, o deberíamos saber, que en tales casos se produce la acumulación de importantísimos factores de riesgo, que conforman una suerte de profecía fatalmente destinada a autocumplirse.
Nos consta, asimismo por experiencia, que la lacra de la corrupción no es privilegio de ninguna mayoría política. Pero también debería constarnos que, con todo, hay programas que llevan su germen inscrito en el mismísimo código genético. Así, cuando lo público, no se contamina accidental y patológicamente del morbo de los intereses privados, sino que resulta fisiológicamente penetrado por éstos, desde dentro. Porque, en tales casos, la ley del mercado -que librada a su propia dinámica es la del más fuerte y se parece muchísimo a la de la selva- rige de un modo implacable la gestión de lo común, que, así, deja enseguida de serlo. Es lo que sucede cuando de forma sistemática se privatizan esos trozos de Estado a que se refería El Roto, antes denostados como no rentables, pero de altísimo rendimiento en manos empresariales. Con demasiada frecuencia las del empresario amigo de quien gestiona alguna parcela de poder y no tardará en optar por vivir una apasionante y enriquecedora experiencia en el sector privado...

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Inscrita en el Registro Mercantil de Barcelona al tomo 39.480,
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